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Raisambíns

Actualizado el 22 de abril de 2012 a las 12:00 am

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En Cahuita, en Semana Santa, descubrí empíricamente una de las más importantes implicaciones de eso que llaman globalización. Hospedado por invitación en un magnífico sitio llamado “Saudade”, me regodeaba con la perspectiva de disfrutar de un “raisambíns” que nos prepararía doña Maritza, encargada de la cocina. Debidamente advertido, había llevado desde San José algunas latas de leche de coco, pero llegado el momento de confeccionar el platillo doña Maritza informó que haría falta más de ese ingrediente, así que me dirigí a pie al “super” local y compré, además de otras cosillas como siempre ocurre, latas adicionales, asegurándome de que fueran de la misma marca que las llevadas desde la capital del país más feliz del mundo.

En el camino de regreso a “Saudade” atrajo mi atención un enorme racimo de cocos colgado de una elevadísima palmera, y aquella visión me hizo interiorizar que en la ubérrima tierra de Cahuita sobran los cocoteros. Se me ocurrió entonces pensar que solo a alguien endiabladamente corrido del coco se le puede ocurrir importar leche de ídem desde los cafetales del valle central. Abrí entonces la “bolsa del mandado” (plástica por supuesto) y extraje una de las benditas latas para fijarme si había sido fabricada en las cercanías de Cahuita; ya sin asomo de sorpresa, leí en la etiqueta el letrero: “Produce of Indonesia”. Por un momento me sentí guerrillero y experimenté la tentación de utilizar aquellas latas como proyectiles para bajar algunos cocos, pero al instante pensé que con mi puntería peor que la del Rey de España -que, demasiado torpe para las codornices ibéricas, tuvo que viajar a Botsuana en busca de un elefante- podría meterme en problemas con la honorable fuerza pública local, de modo que me limité a hacerme una correcta composición de lugar.

No me hizo falta un globo terráqueo o un planisferio terrestre para vislumbrar lo estrafalario que resultaría ingurgitar frente al Mar Caribe un “raisambíns” limonense elaborado con leche de coco traída desde una lejanísima isla bañada por las aguas del Océano Índico. Pese a todo, la experiencia tuvo el buen efecto de librarme de pagar y ponerme corbata para asistir a la conferencia del político californiano o del economista de la Universidad de Chicago que tarde o temprano disertará, en una de nuestras academias, sobre el tema de la globalización y su impacto sobre la calidad del “raisanbíns” autóctono. Finalmente, deduje que en la costa caribeña de Costa Rica el destino de muchos cocos es caer sobre las cabezas de los turistas que salen a comer rijsttafel, la “mesa de arroz” indonesia.

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Fernando Durán Ayanegui

Doctor en Química de la Universidad de Lovaina. Realizó otros estudios en Holanda en la universidad de Lovaina, Bélgica y Harvard. En Costa Rica se dedicó a trabajar en la política académica y llegó a ocupar el cargo de rector (1981).

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