Queremos cine, soñemos alto

Tenemos buenas películas a punta de talento, pulmones y heroísmo

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Ser joven y ver el milagro. Me tocó a mí, nos tocó a quienes éramos niños o adolescentes en los 70: este país, pobre, joven y diminuto, formó actores, cantantes, bailarines, fundó una sinfónica con niños, envió sus mejores montajes teatrales adonde nadie había visto nunca teatro, creó festivales, abrió salas de exhibición, museos, escuelas de arte, editoriales, nos enseñó a ser espectadores y nos puso en la mano el sueño de ser creadores. Apostó como poseso por la cultura. Y ganó.

Creó también, en el tiempo de los imposibles, a quijotada pura y por puras ganas, un Centro de Cine. Alguien no pidió permiso para soñar, en el pasado, para que hoy seamos lo que somos. A ellos, una amorosa deuda y mis respetos.

Hoy, cuando la tecnología nos proporciona recursos que nos sobrepasan y un futuro precoz nos da alcance, cuando la producción audiovisual se rajó a volar y tenemos a nuestro haber un buen ramillete de buenas películas forjadas a punta de talento, pulmones y heroísmo, no podemos abandonar el legado que heredamos. Un proyecto de ley espera en el Poder Legislativo su aprobación para crear un Fondo de Fomento Cinematográfico y Audiovisual. La ley establecerá, entre otras cosas, mejorar la recaudación de un impuesto ya existente a los cines –para que el cine financie al cine–, crear un impuesto a la televisión por suscripción –para que, ¿por qué no?, produzcan su propia televisión digital incluso las zonas alejadas– y complementar el financiamiento a creadores y proyectos de cine cabales. Una ley como esta ya vio la luz en Panamá y hace su rato en casi la totalidad de Suramérica. Ha dado frutos comprobados en países como Colombia, Brasil, República Dominicana: el espectador puede mirar cara a cara a su patria entre la inmensa oferta globalizada.

Esta vez estamos rezagados. Ponemos en desventaja a nuestros cineastas, que a falta de esta ley no califican para co-producciones y ven reorientados los recursos hacia otros países; a nuestro país, que pierde inversión extranjera; a todas las actividades económicas que favorece paralelamente la audiovisual: hotelera, alimentaria, de transporte, alquileres, empleo de mano de obra, técnicos, guionistas, escenógrafos, productores. A nuestros artistas.

Ellos harán el retrato de lo que somos, fijarán las imágenes que conformarán nuestra memoria, frotarán acuciosos con la mirada hasta encontrar la palabra identidad.

Por favor, estemos a la altura de nuestros sueños. Costa Rica: hagamos cine. Señores diputados: hagan historia.

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Noticia La Nación: Queremos cine, soñemos alto