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¿Puede vanagloriarse el país de defender los DD. HH.?

Actualizado el 08 de junio de 2012 a las 12:00 am

¿Qué se espera del país si su presidenta dice que los DD. HH. no son prioridad?

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Ya se sabía y ocurrió: la pomposa Comisión de Derechos Humanos de la Asamblea Legislativa (AL) rechazó sin más el proyecto de Ley de Sociedades de Convivencia. Era un proyecto para reconocer derechos ciudadanos mínimos a una minoría totalmente desprotegida por la ley; y esto en un país que se autopromociona en el extranjero como “modelo” en el respeto a los derechos humanos. Y, ¡horror de los horrores!, que acaba de ser reelegido en la ONU para ocupar un asiento en la comisión del mismo nombre.

Pero ¿qué podía esperarse de un país cuya presidenta públicamente ha declarado que este y otros temas de derechos humanos no son la prioridad de su Gobierno? Y para terminar de convertirnos en el hazmerreír de la opinión pública internacional, ¿qué podía esperarse de una comisión legislativa cuyo presidente es un obcecado enemigo de todo lo que tenga que ver con derechos humanos reñidos con su fundamentalismo religioso, teñido de una moral opresora, sectaria y acomodada a sus propios intereses políticos con visión de campanario?

Y ¿en qué queda un partido que se proclama como “libertario” cuando su representante en esa comisión vota en contra de esa libertad de la que se dicen abanderados? Y ¿qué pensar de un señor (¡) diputado, miembro de esa comisión legislativa por no se sabe qué calidades morales, quien declara,, sin acordarse del rabo que le pueden majar: “Para mí eso es inmoral, para mi persona”? Vaya, como decían los abuelos: “¡El Diablo repartiendo escapularios!”.

La consecuencia de este desmadre político volverá a tener ecos internacionales porque se prepara una nueva denuncia, en ese sentido, ante la Comisión de Derechos Humanos de la ONU. Una más, aparte de la relativa a la fecundación in vitro, prohibida en este país por razones atribuibles a la inveterada intromisión del estamento religioso en asuntos de la vida privada de los ciudadanos.

Resulta alentador que haya diputados como Villalta, como Naranjo, como Venegas, como Monge, etc., que, a pesar de la mediocridad que campea en nuestra Asamblea Legislativa, saben entender su elevada posición política como de servicio a todo el pueblo, sin discriminación de ningún tipo. Incluso, haciendo a un lado sus propias convicciones religiosas al entender que la ley acordada por el conjunto de todos los ciudadanos debe estar siempre por encima de cualquier otra con pretendido origen sobrenatural y que, en todo caso, merece respeto en tanto se quede en el dominio que le corresponde: el privado y personal.

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Y un comentario adicional: los partidos minoritarios de orientación religiosa demuestran, aquí y en todo el mundo, el peligro que encierran para cualquier democracia. Incluyo en esta consideración no solo a los dos presentes en la Asamblea Legislativa actual, sino al rimbombante PASE, un partido contradictorio en su nombre porque se ha mostrado tan excluyente, discriminador y oportunista en lo político como los otros dos.

Ciertamente, los partidos minoritarios son necesarísimos, siempre y cuando, como en el caso del Frente Amplio, tengan una posición ideológica propia, capaz de integrar en sus filas a ciudadanos pensantes, sin importar si son o no son discapacitados, ya que partir de esto mismo para fundar un partido revela la poca educación política de dirigentes y votantes.

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