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EDITORIAL

Programación macroeconómica del Banco Central

Actualizado el 04 de febrero de 2013 a las 12:00 am

Restringir la expansión crediticia para mantener el tipo de cambio traslada una buena parte del costo del ajuste del sector exportador al sector bancario

Una acción de fondo en el campo fiscal, incluyendo mayores ingresos tributarios y una reestructuración del gasto, sería muy conveniente

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Nuestro titular del viernes pasado puso la noticia en términos muy claros: “Banco Central frena crédito en vez de poner a flotar el dólar”. Aunque técnicamente el que debía flotar es el colón frente al dólar –ya el dólar flota en el mundo ante otras monedas– la idea sí está claramente expresada en el sentido de que, puesto a escoger, el Central se inclinó por rescatar de su arsenal instrumentos financieros del pasado, como los topes de cartera, en vez de avanzar más rápidamente al esquema de inflation targets (metas explícitas de inflación).

¿Hizo la mejor elección? Respetamos su criterio pues sabemos que la escogencia era muy difícil y en cualquiera de las opciones habría repercusiones económicas complicadas. Por eso, nos vamos a limitar a comentar algunos aspectos de las acciones adoptadas y señalar que estamos persuadidos de que estas no serán las últimas medidas que se tomen para enfrentar el problema. La razón principal es que no atacan las causas, sino, más bien, los efectos de los fenómenos que están ocurriendo. El jerarca de la institución, Rodrigo Bolaños, lo acepta y ha tratado de curarse en salud: “Si las medidas no funcionan, en junio, al revisar el programa, podría tomar otras”. Y dejó la puerta abierta para variar el sistema cambiario, agrega nuestro reportaje del viernes anterior.

Las autoridades gubernamentales y monetarias tienen el problema suficientemente claro. No hay ningún misterio. La gran diferencia entre las tasas de interés prevalecientes en el mercado interno frente a las existentes en el mercado internacional hacen muy atractivo traer capitales, convertirlos en moneda nacional e invertir en títulos públicos o privados, que generan una rentabilidad mayor, sin enfrentar ningún riesgo cambiario. Y el exceso de dólares en la coyuntura actual aumenta la liquidez, tanto en esa moneda como en colones, incrementa el crédito y la demanda agregada, y pone en entredicho las metas de inflación. ¿Por qué son tan elevadas las tasas de interés en colones? Ese es el tema de fondo.

En varios editoriales anteriores mencionamos los factores que influyen en las elevadas tasas de interés en colones. El déficit fiscal es uno de ellos, y las autoridades deberían empezar por ahí para reducirlas. No es suficiente reducir tangencialmente la expansión del gasto público ni tratar de controlar un poco el crecimiento de la planilla, pues el déficit seguirá rondando el 5% del PIB y el impacto en las tasas de interés es prácticamente nulo. Una acción de fondo en el campo fiscal, incluyendo mayores ingresos tributarios y una reestructuración del gasto, sería muy conveniente para enfrentar el problema de las tasas de interés. Así se evitaría recurrir al endeudamiento externo que, más bien, deprime el tipo de cambio. El Gobierno no solo estimula entradas de capital con sus elevadas tasas de interés, sino que amplía directamente la oferta de divisas en el país. Es un contrasentido.

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La segunda razón de las elevadas tasas de interés tiene que ver con la presión que han puesto los bancos comerciales, especialmente los estatales, en el sistema financiero. No había razón para elevar tanto las tasas de interés en colones cuando la demanda de crédito estaba orientada a la moneda extranjera. En ese sentido, las medidas adoptadas por la presidenta Laura Chinchilla fueron efectivas. Las tasas bajaron un par de puntos, lo cual contribuyó a reducir la prima por traer dólares e invertir en colones. Es posible que las tasas puedan bajar un poco más en respuesta a la petición de la presidenta para que sean los propios bancos quienes determinen cómo hacerlo. Y, aunque las cotizaciones se han despegado recientemente de la banda inferior – lo cual es un signo positivo–, no podemos descartar que se queden cortos pues una pequeña reducción adicional, comparada con las extremadamente bajas tasas de interés en el mercado internacional, no haría gran diferencia, y el problema podría persistir.

De ahí que el Banco Central decidiera limitar la expansión del crédito en moneda nacional y extranjera. El propósito es claro: desincentivar el endeudamiento de los bancos costarricenses en el exterior para disminuir la oferta de dólares y no presionar el mercado de divisas ni las tasas de interés internas para financiar el crédito en colones, así como desalentar el financiamiento de una mayor demanda agregada para no presionar el índice de precios al consumidor. Es una forma directa de controlar tanto el tipo de cambio como las tasas de interés, y la consecuente expansión crediticia que afecta la inflación. El problema es que todas estas restricciones están dirigidas a atacar los efectos y no las causas del problema. Tampoco podrán influir, obviamente, en las bajas tasas internacionales de interés, que es parte esencial del problema. Restringir la expansión crediticia para mantener el tipo de cambio traslada una buena parte del costo del ajuste del sector exportador al sector bancario. Pero no resuelve el problema.

Sí nos parecen apropiadas, sin embargo, algunas medidas esbozadas lacónicamente en el Programa Macroeconómico, pero que no serían competencia directa del Banco Central, como las limitaciones dirigidas a no prestar a los deudores que no son generadores de divisas, y otras que podrían adoptar entidades como el Conassif, Sugeff, Sugeval, Supén y Sugese. Contribuirían a paliar el problema de la gran demanda de crédito en dólares y desincentivarían el endeudamiento externo de los bancos con esos propósitos, y tenderían a fortalecer el sistema financiero en caso de que los capitales extranjeros mermen o decidan abandonar el país. Esperamos que pronto se den a conocer.

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