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Actualizado el 04 de febrero de 2013 a las 12:00 am

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La palabra ‘diálogo’ se dice fácil. A menudo para salir del paso, o porque la democracia necesita que sus actores, nosotros, opinemos, tratemos de salir de un conflicto' No voy a dar un recetario, pero sí a criticar el silencio del periodismo globalizado ante el discurso del expremier italiano Silvio Berlusconi, quien afirmó el 28 de enero (las cámaras registraron sus dichos) que Hitler hizo cosas buenas. No dice cuáles.

Tamañas declaraciones son oscuramente agresivas, y el diálogo en democracia no las redime. Más bien abren camino a la discordia.

Esopo ya explicó la dinámica de este mal uso del diálogo; y el dramaturgo Friedrich Durrenmatt (1921-90) la puso en escena.

“Proceso por la sombra de un burro” se llama la pieza. Resulta que en Abdera, antigua Grecia, un asnero alquila su burro a un personaje que cura a sus pacientes a domicilio. El asnero vigila al cliente y descubre que, a lo largo de su travesía, este aprovecha la sombra del burro para aliviarse del calor, por lo que reclama un pago adicional. La ciudad “dialoga”, toma partido: jueces, políticos, laicos, religiosos, defensores de los animales'

El corregidor, máxima autoridad, propone la paz, desesperado por la polarización. Las palabras están cargadas, imposible evitar que disparen. ¿Y el burro? ¿Y la ciudad? El incendio se los lleva.

Saque usted la moraleja.

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