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Primero de mayo y clases trabajadoras

Actualizado el 08 de mayo de 2012 a las 12:00 am

Desde 1910 en Costa Rica, el 1.º de mayo se denuncian formas de injusticia y explotación

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En dos artículos recientes publicados en este periódico, los historiadores Juan Rafael Quesada (Áncora, 29/04/12) y Raúl Arias Sánchez (Foro, 01/05/12) exaltan el 1.º de mayo como conmemoración de la rendición, en 1857, de las fuerzas filibusteras encabezadas por William Walker.

Según Quesada, el derrocamiento (1859) y ejecución (1860) del presidente Juan Rafael Mora impidieron que el 1.° de mayo se consolidara como una efeméride principal, pese a que desde 1857 se dispuso su celebración. En las décadas siguientes, los políticos e intelectuales liberales optaron por conmemorar la lucha contra los filibusteros en el marco de la fiesta de la independencia (15 de septiembre) y del aniversario de la batalla de Rivas (11 de abril). De esta manera, el 1.º de mayo, como conmemoración de la capitulación de Walker, quedó en el olvido.

Con un propósito similar, pero desde una perspectiva diferente, Arias Sánchez, después de reseñar el proceso que condujo a la rendición de Walker, plantea que lo que los costarricenses deben celebrar el 1.º de mayo no es a los “mártires de Chicago”, sino “la capitulación del Destino Manifiesto”.

Rendición controversial. Al considerar por qué el 1.º de mayo no logró consolidarse como una efeméride fundamental, Quesada no menciona las condiciones en las cuales Walker capituló. Arias Sánchez sí las consigna, al señalar que el jefe filibustero se rindió ante el capitán estadounidense Charles Henry Davis y no ante los centroamericanos. Por aceptar un acuerdo en estos términos, José Joaquín Mora, jefe supremo de las fuerzas de Centroamérica y hermano del presidente Mora, fue “duramente criticado por los demás jefes militares”.

Más que críticas, la decisión de José Joaquín Mora originó un profundo conflicto, todavía poco investigado, que llevó al presidente de El Salvador, Gerardo Barrios, a expresar el 14 de mayo de 1857: “esa capitulación es un documento de oprobio y humillación para Centroamérica... Al entregar la plaza, tenían más orgullo los vencidos que los vencedores”.

Quesada, al dejar de lado esta importante información, perdió la oportunidad de ofrecer una explicación mejor documentada de por qué el 1.º de mayo no podía ser fácilmente convertido en una celebración “gloriosa”.

A su vez, Arias Sánchez, en su afán por exaltar la capitulación de Walker, minimizó el conflicto provocado por la decisión de José Joaquín Mora.

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Lejos de ser una conmemoración simplemente asociada con “los mártires de Chicago”, el 1.º de mayo, desde la década de 1910, empezó a ser celebrado en Costa Rica como una efeméride internacionalista de los trabajadores, en la que se denunciaban las formas locales de injusticia y explotación. Pronto la celebración adquirió también un carácter antiimperialista, que se acentuó en el decenio de 1930, bajo el liderazgo del Partido Comunista (1931).

Contrario a lo que afirma Quesada y a lo que sugiere Arias Sánchez, trabajadores e intelectuales costarricenses, desde una etapa muy temprana, comenzaron a conmemorar, en el marco del 1º. de mayo, la capitulación de Walker, pero no como el fin del “Destino Manifiesto”, sino como parte de un proceso de permanente lucha antiimperialista.

Precisamente por no quedar en el olvido, y por ser recuperado por sectores sociales contestatarios, fue que el 1.º de mayo, como conmemoración de la rendición de Walker, fue de escaso interés para las autoridades.

Al proponer que los costarricenses concentren la celebración del 1.º de mayo en la capitulación de Walker, Arias Sánchez procura, mediante la exaltación nacionalista de esta rendición, disociarla de la tradición contestataria ya referida.

El trasfondo esencialmente conservador de tal propuesta, evidente en la afirmación de Arias Sánchez de que el Destino Manifiesto capituló “el 1.° de mayo de 1857 ”, está acorde, sin duda, con la reciente proclamación de Juan Rafael Mora – el “empresario y amigo de Estados Unidos”– como héroe nacional y libertador.

De esta manera, lo que Quesada y Arias Sánchez propugnan no es la conmemoración de una efeméride olvidada, sino su celebración en un marco nacionalista en el que no tienen cabida las reivindicaciones populares, ni la lucha antiimperialista.

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