Archivo

Literatura

Primer disparo del boom

Actualizado el 28 de octubre de 2012 a las 12:00 am

Cincuentenario En 1962 se publicó ‘La ciudad y los perros’, primera novela del peruano Mario Vargas Llosa

Archivo

Primer disparo del boom

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

En 1962, una novela latinoamericana ganó el premio Biblioteca Breve de España. Publicada en 1963, recibió, un año después, el Premio de la Crítica, también de España. El autor era poco conocido en su país, el Perú, y casi nada en el exterior. Solamente había publicado una colección de cuentos, Los jefes (1959), que había recibido el galardón español Leopoldo Alas. La obra, La ciudad y los perros , tuvo un rápido reconocimiento internacional: fue traducida a más de una docena de idiomas en los meses siguientes.

Publicada por la editorial Seix Barral, la novela logró sortear la censura de la dictadura franquista con la eliminación apenas de términos sensibles a la moral del régimen.

En esa ocasión, uno de los jurados de Biblioteca Breve, José María Valverde, consideró que era “la mejor novela de lengua española desde Don Segundo Sombra ” (1926), del argentino Ricardo Guiraldes.

Con esta obra y su rápido reconocimiento, Mario Vargas Llosa (Arequipa, 1936) se inaugura lo que luego se llamaría el boom de la literatura latinoamericana, un fenómeno cultural y editorial de amplias repercusiones planetarias que vino a renovar las letras en el mundo hispano, aunque novelas anteriores pueden ubicarse en este acontecimiento literario.

La novela relata la vida de los estudiantes y la oficialidad en el Colegio Militar Leoncio Prado, en Lima, donde el autor cursó dos años, de los tres que le correspondían, luego de dejar el Colegio La Salle, de una orden religiosa.

En un prólogo tardío (1997), Vargas Llosa recuerda el origen de la novela, las influencias literarias y cómo está presente en algunos de los personajes, estudiantes, igual que él, en el colegio militar.

“Comencé a escribir La ciudad y los perros en el otoño de 1958, en Madrid, en una tasca de Menéndez Pelayo llamada Jute , que miraba al parque del Retiro, y la terminé en el invierno de 1961 en una buhardilla en París. Para inventar su historia, debí primero ser, de niño, algo de Alberto y del Jaguar, del serrano Cava y del Esclavo, cadete del Colegio Militar Leoncio Prado, miraflorino del Barrio Alegre y vecino de La Perla, en el Callao; y, de adolescente, haber leído muchos libros de aventuras, creído en la tesis de Sartre sobre la literatura comprometida, devorado las novelas de Malraux, y admirado sin límites a los novelistas norteamericanos de la generación perdida, a todos, pero, más que a todos, a Faulkner. Con esas cosas está amasado el barro de mi primera novela, más algo de fantasía, ilusiones juveniles y disciplina flaubertiana”.

PUBLICIDAD

Libro deslumbrante. La novela bien puede ser una metáfora de la vida de Lima o del mismo Perú, o de cualquier otro país latinoamericano: las jerarquías muy bien definidas, los mandos militares incontestables, las diferencias étnicas y las profundas divisiones sociales. “El Leoncio Prado era una de las pocas instituciones –acaso la única– que reproducía en pequeño la diversidad étnica y regional peruana”, dice el autor.

Según la obra, el Colegio Militar era el recurso que tenían los padres para tratar de enderezar a sus hijos problemáticos: que los militares hicieran un trabajo que –se suponía– correspondía a los padres.

El mismo autor lo reafirma en El pez en el agua : “Que yo entrara al Colegio Militar Leoncio Prado daba vueltas a mi padre desde que me llevó a vivir con él. Me lo anunciaba cuando me reñía y cuando lamentaba que los Llosa me hubieran criado como un niño engreído. No sé si estaba bien enterado de cómo funcionaba el Leoncio Prado. Me figuro que no, pues no se habría hecho tantas ilusiones. Su idea era la de muchos papás de clase media con hijos díscolos, rebeles, inhibidos o sospechosos de mariconería: que un colegio militar, con instructores que eran oficiales de carrera, haría de ellos hombrecitos disciplinados, corajudos, respetuosos de la autoridad y con los huevos bien puestos”.

Marco Martos Carrera, director de la Academia Peruana de la Lengua, ha dicho de La ciudad y los perros : “Impactó de inmediato a los lectores iniciales, y las sucesivas reimpresiones y nuevas ediciones a lo largo de cincuenta años no han hecho otra cosa que convertir en clásico un libro deslumbrante”.

El primer título que tenía la obra era Los impostores , por el dual comportamiento de sus personajes, dependiendo de donde se encontrasen: en el colegio bajo la mirada de los oficiales, o en la ciudad en plena libertad. El siguiente título fue La morada del héroe, en alusión a Leoncio Prado, jefe militar peruano fusilado por las tropas chilenas en 1879, durante la Guerra del Pacífico y que le da el nombre a la institución educativa.

Tras leer la obra, un amigo del autor, el crítico literario José Miguel Oviedo, le sugirió La ciudad y la niebla y su variante : La ciudad y los perros , título este último que de inmediato escogió Vargas Llosa.

PUBLICIDAD

Obras maestras. La ciudad de Lima está muy presente en la obra, con sus barrios, sus plazas, sus calles, sus bares y sus prostíbulos, y sus ritos de iniciación sexual. ‘Perros’ se llamaba a los recién ingresados en el colegio militar, víctimas de los abusos y chantajes de los cadetes de grados superiores y de la oficialidad regente.

Pocos narradores latinoamericanos pueden mostrar una vastísima producción novelística como Vargas Llosa, con, al menos, media docena de obras maestras, como La casa verde (1966), Conversación en la catedral (1969), La tía Julia y el escribidor (1977), La guerra del fin del mundo (1981) y La fiesta del Chivo (2000). La ciudad y los perros se suma a esta lista, dentro de cerca de una veintena de novelas .

Así lo apreció la Academia Sueca al otorgarle el Premio Nobel de Literatura del 2010. En su fallo argumentó que el galardón lo obtenía “por su cartografía de las estructuras del poder y sus afiladas imágenes de la resistencia, rebelión y la derrota del individuo”, presentes en su narrativa.

Junto a su extensa producción ficcional, Vargas Llosa ha publicado agudos estudios sobre Los Miserables , de Victor Hugo, y Madame Bovary, de Gustave Flaubert, entre otros, y libros de ensayos como La verdad de las mentiras (2002) y La cultura del espectáculo (2012), un punzante –y discutible– estudio sobre la banalización de la cultura.

Constelación. La ciudad y los perros fue una más de un buen número de ingeniosas novelas de autores latinoamericanos, publicadas a partir de la década de 1950, pero sobre todo en la década de 1960, que causaron una notable renovación a las letras hispanas, empalidecidas en España por la severa censura de la dictadura de Francisco Franco.

Parece que la historia se repitió con lo sucedido con la lírica española, aquejada de un letargo a finales del siglo XIX y comienzos del XX. El modernismo y particularmente Rubén Darío la renovaron, aunque a regañadientes de la crítica española por provenir de sus excolonias del otro lado del Atlántico y por su carácter afrancesado, según lo recuerda Margarita Rojas en su libro El último baluarte del imperio (1995).

El mismo año que salió al mercado La ciudad y los perros , vieron la luz Rayuela , de Cortázar y El siglo de las luces , de Carpentier. Vinieron después otras obras magistrales como Cien años de soledad (1967), de García Márquez, y Tres tristes tigres (1967), de Cabrera Infante.

Esas obras admirables tienen también como antecedente novelas como Pedro Páramo (1953), de Juan Rulfo, y La región más transparente (1958), de Carlos Fuentes.

Simplificadamente, algunos han querido ver en el boom solo un fenómeno comercial, pero es mucho más que eso: fue una época de esplendor para las letras latinoamericanas, con magníficas obras, que puso la narrativa de Hispanoamérica en el mapa mundial. Por eso se habla de preboom y postboom . Es un punto de referencia inevitable para la literatura universal.

El autor es periodista y escritor costarricense. Su libro más reciente es ‘Este gris laberinto’ (cuentos; Uruk, Editores, 2011).

  • Comparta este artículo
Archivo

Primer disparo del boom

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Ver comentarios
Regresar a la nota