Presión y orgullo en el camerino

Llevan las riendas de los clubes más populares y ganadores, y esto, aunque parece una ventaja, es una condena de presión y zozobra. La derrota no está permitida. Saprissa, Alajuelense y Herediano estrenan técnico este torneo y todos son “de la casa”. Se trata de tres apasionados de los colores del equipo que dirigen.

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Un profe de la U con  disciplina   de soldado

Si el futbol fuera una guerra y Liga Deportiva Alajuelense, un pelotón, Luis Roberto Sibaja sería el Juan Santamaría de la historia, aquel que estaría dispuesto a sacrificarse por derrotar al enemigo y mantener encendida la mecha rojinegra. Esa es la imagen que quiere proyectar el recién nombrado técnico manudo, quien se califica como un soldado de la institución, dispuesto a sacar pecho para recibir balas. A sus 54 años, quien fuera el gerente deportivo del Campeón Nacional, fue enviado al banquillo como apagaincendios ante la abrupta salida de Óscar Machillo Ramírez. La directiva del club no le pide el título, mas en la conferencia de prensa donde fue presentado oficialmente, Sibaja proclamó que él mismo se lo exigía. “El orgullo no es parte fundamental de mi personalidad. Yo soy liguista y, como cualquier otro liguista, quiero que la Liga sea campeón. Me lo he puesto como tarea”, afirma Sibaja Quesada ante los periodistas, muchos de los cuales lo perciben como un hombre de escasa paciencia y poco “colaborador”. Sin embargo, lo que más lo distingue bien podría ser su  porte de profe universitario.  Habla siempre de forma reflexiva, argumentando sus posiciones y haciendo referencia a autores u otros entrenadores y, cada tres oraciones, recalca la importancia de la disciplina y el orden: “El arte es disciplina” dice citando a Schubert, compositor austríaco. Estudioso Sibaja es docente de la Universidad de Costa Rica y obtuvo una especialidad en Ciencias del Deporte en Estados Unidos. Prueba de lo que disfruta la docencia es que asegura que seguirá dando clases hasta la muerte. Se declara un enamorado del estudio, al que considera  una herramienta casi indispensable para el desarrollo. De hecho, una de sus misiones dentro de Alajuelense es que a los jugadores de las escuadras infantiles y juveniles se les exija estudiar como requisito indispensable para poder estar en el equipo. Esa pasión por los libros se la inculcaron su padre –un sastre– y su madre –una educadora–; y dice que siempre la tiene presente, incluso cuando fue futbolista profesional. Vecino del barrio Arroyo, en el centro de la ciudad de los mangos, Sibaja, todo un alajuelense de cepa, hizo las divisiones menores con el cuadro rojinegro. Pero –explica– a la hora de dar el salto al equipo mayor, las posibilidades fueron limitadas. Dado el panorama, buscó nuevos rumbos y, tras un par de temporadas en Alajuelense, se marchó al equipo de El Carmen, ahora Carmelita. Allí jugó alrededor de siete años y fue campeón de Segunda División. Recuerda con cariño sus días con los tacos puestos y está convencido de que ese tiempo le ha sido de gran utilidad para ejercer como director técnico. Con el tiempo, fue entrenador del conjunto verdolaga, y más adelante, dirigió a la selección juvenil de Costa Rica en los mundiales de Qatar 1995 y Malasia 1997, entre otros éxitos. ¿Éxitos? ¿Considera exitosa su carrera Luis Roberto Sibaja? Él reflexiona y cataloga al éxito como un impostor. “Todos tenemos momentos buenos y momentos malos”, opina. Uno de esos, un trago amargo, lo saboreó cuando dirigió a los erizos por vez primera, en el torneo de verano del 2010. En esa ocasión, Alajuelense fue descalificada en semifinales por el débil San Carlos, lo que resultó una bofetada en la cara para la afición. “Son cosas del futbol, nos hicieron un gol extrañísimo. Nosotros tuvimos tres opciones  frente al marco y no las metimos... eso pasa”, recuerda con resaca de tormento, aunque asegura que esa historia no le quita el sueño y que está preparado para escribir una nueva novela al frente de la Liga.

La ilusión morada se viste de  prudencia

“A mí no me gusta hablar de mi familia”, aclara de primera entrada Ronald González Brenes cuando se le pidió esta entrevista. Lo dice con una voz apagada, neutra, muestra de su personalidad reservada y prudente. Estas son características que –reconoce– adquirió con el paso del tiempo, con las canas que aún no tiene. No solo no le gusta hablar de su vida privada, sino que, del todo, no le gusta atender a la prensa más allá de lo estrictamente futbolístico. No quiere “mediatizar” su imagen, pero entiende que hablarle a los micrófonos es uno de los males colaterales de ser el nuevo  técnico del equipo más popular de Costa Rica. Arribó de Guatemala en diciembre pasado, y se convirtió  en la esperanza de una dolida afición que lleva dos años y medio sin saborear un título.  Él –insiste destilando prudencia– lo único que puede prometer es trabajo, mucho trabajo... González, quien acaba de campeonizar con el Comunicaciones del futbol chapín, es un morado de corazón. Fue capitán y referente de la oncena tibaseña. Asistió al Mundial de Italia 90 siendo  jugador y, como estratega de la Selección Juvenil de Egipto 2009, la llevó al cuarto lugar.  “También he tenido momentos malos, de hecho, mi carrera ha sido una combinación de momentos muy buenos y muy difíciles, de los dos se aprende”, recalca. En Guatemala tenía todas las condiciones deportivas para continuar, pero la oferta de Horizonte Morado incluía un componente que ni el Real Madrid podría igualar: la posibilidad de estar con su familia.   “Fue un año muy duro en Guatemala, lejos de mi familia. No podía llevármelos conmigo por los estudios de mis hijos y el trabajo de mi esposa; por eso volví, cuando se sopesa lo familiar y el futbol, gana la familia”, confiesa. A Guatemala le guarda cariño;niega que esa imagen de inseguridad desmedida que tenemos de ese país en Tiquicia sea verdadera e insiste en  que se puede vivir bien teniendo precaución. “Yo siempre he sido muy tranquilo; no andaba por lugares raros y casi no salía de noche. Tenía un círculo de amigos muy cerrado”, comenta, y hace así más solida su imagen de tipo sobrio. Precisamente, una de las cosas que menos le gusta del futbol costarricense es que la “farándula” se ha infiltrado  en los camerinos, convirtiendo a futbolistas en figuras públicas, no por su desempeño deportivo sino por su imagen; algunos hasta han entablado relaciones pasajeras con modelos. “Les digo a los jugadores que debemos proyectar otra cosa: entrega y compromiso”, dice, al tiempo que pide paciencia a la afición. “No quiero que me vean como un mesías; soy solo un tipo honesto que quiere hacer las cosas bien”.

Desde el banquillo del Team, Solís orquesta su  revancha

Fue el fracaso más doloroso de su carrera. Ocurrió una noche de miércoles en su querido Rosabal Cordero. Anhelaba alcanzar su sueño, retirarse como campeón nacional, levantar la Copa y colgar los tacos como los grandes en la cúspide. Pero tres petardos del rival volvieron todo una gran pesadilla. Aquella final contra Liberia Mía en el torneo de Verano del 2009, en que el Herediano cayó sorpresivamente tres goles contra cero, aún angustia a Mauricio Solís Mora, en aquel momento jugador y, ahora, nuevo timonel del Team. Solís debió postergar su despedida del futbol pues no quería irse sin el título. Quería acariciar la gloria con el equipo de sus amores, el que le dio la oportunidad de debutar con tan solo 17 años, mas nunca logró su cometido. Al final, se fue en silencio, sin vuelta olímpica. Pero, tal y como dicen los locutores deportivos cada vez que pueden: “El futbol siempre da revanchas”. Ahora, con el cargo de director técnico, tiene una nueva oportunidad para cerrar ese pendiente y devolverle la gloria a los florenses. A diferencia de los otros dos entrenadores entrevistados para este trabajo, quienes nos atendieron de prisa y en el estadio, Solís nos recibió en su casa. Allí nos abrió las puertas y bajó la guardia, para mostrarse humilde y sencillo. Se confesó ansioso y hasta nervioso de debutar como director técnico en un equipo del que se espera tanto como el rojiamarillo, pero a la vez, dijo estar convencido de su trabajo y su capacidad. Metas concretas A este oriundo de Los Ángeles de Santo Domingo de Heredia, egresado del Colegio Claretiano, lo respalda su pasado como futbolista, en en que cosechó gran cantidad de éxitos:  fue campeón en 1993 con el Team;  en otras tres ocasiones con Liga Deportiva Alajuelense y participó en los mundiales mayores de Japón y Corea 2002, y Alemania 2006. Fue un trotamundos de la pelota, desfiló por las ligas de Inglaterra, Grecia, México, Estados Unidos y Guatemala. Hasta es considerado por muchos como el mejor volante de contención de los últimos años. Hablar de su currículo hace que ponga cara de apenado y sonría de forma sincera. “Cuando usted me menciona eso, me pongo a recordar. Fue una época muy bonita, creo que hicimos las cosas bien, por eso recuerdan el trabajo de uno”, dice. Su éxito, según explica, consistió en ponerse metas cortas y concretas y aferrarse a sus sueños con mucha disciplina, sin despegar los pies del suelo. Por ejemplo, cuenta, siempre se mantuvo alejado de las fiestas y el licor, pese a que su padre toda la vida ha sido dueño y administrador de un bar. Mauricio siguió la tradición familiar y él mismo puso un bar, pero después lo vendió, ya que el ambiente y las trasnochadas le resultaron insoportables. “Soy un hombre de familia. Lo que me gusta es estar en la casa, con mis hijos, jugando con ellos, viendo televisión”, asegura el padre de unos gemelos de 12 años y de una niña de 10. Recién acaba de cumplir sus 40 años, pero asegura que no sufrió ninguna crisis frente a su queque con cuatro decenas de velas. “Yo soy una persona joven, me siento joven y me veo joven. Eso es una cuestión de actitud”, recalca. Y tal parece que es esa juventud que posee la que lo impulsa a soñar y a alcanzar nuevas metas. Quiere ser campeón con el Herediano, dirigir en el extranjero, y  ser entrenador de la Selección Nacional en un Mundial de Futbol. Le pregunto si le teme a algún  tropiezo, o a perder el cariño de la afición... Él responde que sabe en lo que se está metiendo  y sabe también lo ingrato  que es el futbol, mas –y parece convencido al decirlo– afirma que no tiene miedo, que la historia apenas está empezando.

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Noticia La Nación: Presión y orgullo en el camerino