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Políticamente incorrecto

Actualizado el 20 de abril de 2012 a las 12:00 am

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El rey Juan Carlos I, de 74 años, quien en ocasiones ha sido algo torpe, o hasta brillante según su opinión política (“¿Por qué no te callas?”), causó una nueva indigestión en España y gran parte del mundo al cazar un elefante en Botsuana. Dicen algunos mal hablados que el anciano elefante lo tenían amarrado para que le volaran bala con mayor facilidad. Otros aún más incorrectos aseguran que otros elefantes cercanos reaccionaron y el Rey, al salir en carrera, se resbaló y se quebró su real cadera.

Sea como fuera la realidad de los hechos, o el camuflaje para impedir la noticia, una persona de este rango e importancia ha causado enojo y malestar entre miles de personas. Pagar treinta mil euros por el derecho de matar un elefante no está a la altura moral y ética del Rey. “Es indecente, repugnante e indigno de una persona de su rango”, le expresó indignada Brigitte Bardot.

¿Por qué las personas en altos cargos no responden a la altura ética que se exige? ¿Por qué será que se olvidan de sus responsabilidades? En este caso, no era ilegal, pero siendo presidente honorario en España de la sociedad de protección animal WWF (Word Wildlife Fund), parece paradójica y contradictoria su actitud.

¿Será parecido a la extraña actitud del anterior ministro de Hacienda, recipiente de exuberantes y deliciosas alcancías llenas por consultorías? ¿O del director de la Tributación Directa, quien amenazaba a los diferentes sectores con investigaciones y estudios tributarios, debiendo él mismo una suma que, por un involuntario olvido, se le olvidó cancelar?

Más inocentes parecen los agentes del Servicio Secreto, asignados a la protección del presidente Obama, que, al prepararle la visita en Cartagena de Indias, se fueron a festejar con prostitutas. No era ilegal, claro que no. Pero no es de la altura que se espera de un inmaculado y perfeccionado agente. Ensombrecieron la faena del presidente, y fue más noticia la mala obra de los agentes que la del mismo presidente.

Los ministros que son nombrados para los altos cargos entran a trabajar con mucho brío y salen con mucho frío. ¿En nuestro país, no será importante que pasen por una capacitación ética de tal manera que no ofusquen la paz social? Los colegios profesionales extienden cursos para capacitar a sus nuevos profesionales. Pero carecen de formación ética, los ministros y directores en la función pública, y suelen ser políticamente incorrectos.

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No se trata de solamente aprender cómo funciona un ministerio, sino trabajar con una mística y un gran empeño para que en el tiempo del nombramiento llene las expectativas de la opinión pública. La ética y la fórmula correcta para trabajar en la función pública van de la mano. Pero quien es políticamente incorrecto y no lo llega a comprender, solo le queda la renuncia inmediata.

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