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Poder y Rectoría en la UCR

Actualizado el 18 de abril de 2012 a las 12:00 am

La gestión de Jensen iniciará la renovación de autoridades universitarias

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Establecida en la década de 1940, la Universidad de Costa Rica (UCR) estuvo gobernada en sus primeros años por académicos pertenecientes o cercanos al Partido Republicano Nacional. El liderazgo de estas autoridades, sin embargo, pronto fue desafiado por un sector de jóvenes profesores, vinculados con la oposición a las administraciones de Rafael Ángel Calderón Guardia (1940-1944) y de Teodoro Picado (1944-1948). Las dos figuras más destacadas de este grupo fueron, sin duda, Rodrigo Facio y Carlos Monge, cofundadores en 1940 del Centro para el Estudio de los Problemas Nacionales (CEPN).

Desde antes de la guerra civil de 1948, Facio y Monge empezaron a ocupar posiciones de poder en la UCR y, luego de ese conflicto, las consolidaron, al ocupar la Rectoría y la Secretaría General entre 1952 y1970. Su militancia en el Partido Liberación Nacional (1951), que dominó la política nacional en ese período, explica en mucho el apoyo con que contaron para expandir, en todos sentidos, la UCR en los decenios referidos.

Primeras renovaciones. En la elección de 1970 por la Rectoría, Monge fue derrotado por Eugenio Rodríguez, otro miembro del CEPN. Este cambio coincidió con un período de transición en la UCR, que tuvo por contexto un crecimiento sin precedente de la matrícula, la radicalización política de un sector del profesorado y el estudiantado, y la fundación de nuevas instituciones de educación superior en el país: el Instituto Tecnológico (1971), la Universidad Nacional (1973) y, más tarde, la Universidad Estatal a Distancia (1977). Además, a partir del Tercer Congreso Universitario (1973), la estructura de gobierno de la UCR fue significativamente transformada, al desaparecer la Secretaría General, crearse vicerrectorías especializadas y modificarse la integración del Consejo Universitario.

En este conflictivo contexto, algunas figuras “rectorables” optaron por desplazarse a otras universidades o a otras instituciones públicas, lo que favoreció que el filósofo Claudio Gutiérrez, nombrado como vicerrector de Docencia, ganara la elección por la Rectoría en 1974 y ocupara el cargo hasta 1981. Con Gutiérrez, se inició una renovación en los cuadros de la administración universitaria, que fue profundizada por su vicerrector de Docencia y sucesor, Fernando Durán Ayanegui (1981-1988).

Luego de una ajustada elección realizada en 1988, Janina Del Vecchio, vicerrectora de Docencia durante el período de Durán Ayanegui, perdió la Rectoría frente a Luis Garita (1988-1996). Con esta derrota, el grupo de autoridades conformado desde mediados de la década de 1970 fue desplazado por el que se articuló en torno al nuevo rector. Garita había sido antes vicerrector de Administración (1978-1980) y miembro del Consejo Universitario (1980-1984), órgano que presidió entre 1981 y 1983.

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Nuevos cambios. Doctorado en Ciencias en 1976, Gabriel Macaya asumió la Vicerrectoría de Investigación de la UCR en 1981 y se mantuvo en el puesto hasta 1988. Al finalizar la segunda administración de Garita, Macaya se postuló para la Rectoría y ganó la elección de 1996. Con su ascenso, se inició un nuevo proceso de renovación de cuadros, entre los cuales destacó Yamileth González, primero vicerrectora de Investigación (1996-2004) y luego rectora (2004-2012). La influencia de este grupo de autoridades se ha extendido por 16 años, un período casi tan extenso como el que dominaron Facio y Monge entre 1952 y 1970.

El significativo desarrollo de la investigación en la UCR, a partir del decenio de 1980, convirtió a la Vicerrectoría respectiva –y ya no a la de Docencia– en un puesto clave desde el cual aspirar, posteriormente, a la Rectoría. Así lo confirma el reciente triunfo de Henning Jensen. Aunque en un inicio no formó parte de los cuadros articulados en torno a Macaya, después de un fallido intento por aspirar a la Rectoría, Jensen se incorporó a ese grupo en el 2004, cuando González lo nombró vicerrector de Investigación.

Sin embargo, a diferencia de González, que desarrolló su estrategia electoral con base en el respaldo del grupo al que la integró Macaya en 1996, Jensen, desde antes que González lo destituyera (octubre, 2011), empezó a distanciarse de sus compañeros de gestión. Tal proceder, explicable en buena medida por el desgaste que la larga y difícil negociación del FESS supuso para la administración de González, se profundizó después de su destitución, la cual Jensen logró capitalizar en términos electorales.

Desafío. Apoyado por cuatro de cada diez personas que votaron en la elección del 13 de abril, Jensen llega a la Rectoría con demandas muy diversas, entre las cuales destacan las de los sectores identificados con el mensaje de excelencia académica del nuevo rector y las de los que comparten sus puntos de vista acerca del préstamo con el Banco Mundial.

En razón de su ruptura con la administración de González, todo indica que la gestión de Jensen será la base de un nuevo proceso de renovación de autoridades universitarias, cuya influencia –a juzgar por las experiencias previas– podría extenderse más allá del año 2020. Desde esta perspectiva, el primer desafío que enfrenta Jensen es mantener el apoyo que ahora tiene después de dar a conocer a sus vicerrectores.

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De tales nombramientos, dos son claramente estratégicos: la persona que ocupará la Vicerrectoría de Investigación, por la condición “rectorable” que ha asumido esta designación, y la que asumirá la Vicerrectoría de Docencia, que deberá lidiar con el conflicto en torno al proyecto para reestructurar las carreras que preparan profesores de enseñanza secundaria.

En varios sentidos, las próximas semanas serán fundamentales para el buen inicio de la gestión de Jensen que, en lo inmediato, deberá liderar la transición entre la administración de la que fue destituido y la que él se apresta a inaugurar.

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