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Al menos 47.400 menores laboran en el país, la mayoría en agricultura

Pobreza y maltrato despojan de derechos a niños que trabajan

Actualizado el 22 de marzo de 2013 a las 12:00 am

Familias de menos recursos son más propensas a enviar a sus hijos en busca de un aporte al hogar

Obligaciones limitan posibilidades de estudio y juego, también los expone a situaciones de riesgo

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Pobreza y maltrato despojan de derechos a niños que trabajan

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Si los rincones de la casa de Andrea tuvieran voz, contarían la historia de una niña de 11 años que tuvo que hacer a un lado libros y juegos, a cambio de horas entre la limpieza y la cocina.

Esta vecina de La Carpio, en La Uruca, San José, ahora tiene 19 años y, bajo anonimato, accedió a narrar a La Nación cómo eran aquellos días donde el deber doméstico no hacía diferencia entre mañana y noche.

“Recuerdo que yo lloraba mucho. Si no hacía el aseo de la casa como mi mamá quería, me dejaba moretones en la cara. Había días que yo no comía ni descansaba”, dijo.

Con esa angustia acudió a clases, de la que recuerda especialmente la de Matemática. Los números se cruzaban en la pizarra sin entenderlos y por eso terminó con nota roja.

“Era muy difícil concentrarme, porque pasaba pensando en todo lo que tenía que llegar a hacer a mi casa. Fue así como fui perdiendo el interés, hasta que en noveno me salí del colegio”, narró.

En Costa Rica, 47.400 menores de edad trabajan.

Según el Ministerio de Trabajo, la mayoría, un 36%, está vinculado a actividades agrícolas y un 25% al comercio. El resto se reparte entre trabajo doméstico, industria y empleos informales.

Para la presidenta ejecutiva de Defensa de Niños Internacional (DNI), Virginia Murillo, cualquier estimación se queda corta pues, normalmente, la realidad del trabajo infantil se esconde.

“Los números y las encuestas invisibilizan a un grupo de menores de edad, principalmente mujeres, que son víctimas del maltrato”, explicó Murillo.

El trabajo infantil violenta el derecho al estudio, a la salud y la recreación, al tiempo que sume a los menores en silencio y miedo.

“Es muy difícil contarle a la gente. Te sentís completamente abandonada y sin interés en nada”, recordó Andrea.

Las huellas. De acuerdo con los especialistas, en algunos casos los padres someten a sus hijos a trabajos obligados por la situación económica, lo que puede exponerlos a situaciones de peligro o explotación.

“Es diferente colaborar con las tareas del hogar a convertir el trabajo en un riesgo para el desarrollo integral”, expresó Elizabeth Ballestero, psicóloga del Patronato Nacional de la Infancia (PANI).

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Según el Código de la Niñez y la Adolescencia, es prohibido que los menores de edad trabajen en lugares insalubres, de noche o en jornadas que superen las 6 horas; menos aún si no llegan a los 15 años.

Sin embargo, si un empleador incumple con esta normativa, solo estaría expuesto a multas de carácter económico con base en el salario base de un oficinista 1 (¢379.400). Las leyes no establecen amonestación para los padres.

“El PANI no busca retirar al niño de su casa, esa no es la solución, sino construir redes institucionales que eviten que el menor tenga que ser sometido a este tipo de actividades”, explicó Ballestero.

No obstante, la funcionaria reconoce que en muchos hogares el maltrato deja huellas psicológicas y físicas que afectarán su vida.

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