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Personas, estructurasy comportamiento

Actualizado el 27 de julio de 2012 a las 12:00 am

Cuando hay visión y compromiso, las estructuras de poder pueden dinamizarse

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El reconocimiento que hizo el Dr. Róger Churnside, economista, en su artículo aquí del lunes 16 de julio sobre mi prédica de décadas, me motiva a seguir al menos poniendo el grito en el cielo hasta que “alguien” con un altísimo liderazgo público logre que se actúe de acuerdo con el ordenamiento normativo superior –entiéndase, superior– que nos rige y dispone actuar con “ritmo” de Primer Mundo.

Desconocerlo sigue llevando a diagnósticos simplistas y errados, muchos inspirados en fuentes foráneas, y a propuestas colaterales aun más inviables. ¿Círculo vicioso? He afirmado que se trata de un incumplimiento mayúsculo que, sin duda, constituye la madre, ¿o el crisol?, de todas las corrupciones.

De las ideas a la acción. Y aquí yace una faceta de nuestro enfoque que amerita clarificación: la búsqueda intelectual que Róger se plantea de cómo las ideas deben dar paso a la acción vía un cambio de comportamiento de las personas, ya encuentra respuesta en el componente sociopolítico de esa “legalidad para el desarrollo” que impulsamos desde la entonces Ofiplán, hoy Mideplán. Allí hallé desde setiembre de 1974, cuando ingresé, importantes esfuerzos aislados en materia de organización de dos sectores (agricultura e industria) con visión economicista –no sociopolítica, noción que economistas y otros profesionales siguen sin comprender–, y otro en regionalización geográfica.

De aquí partimos en la búsqueda de un enfoqueque generara una funcionalidad propia de, o apropiada para, Costa Rica que ninguna fuente foránea nos proporcionaba. Una primera lectura de la Ley n.° 5525 de planificación de mayo de ese mismo año, me permitió descubrir en ella extraordinarios factores jurídicos y estructurales que, debidamente sustentados en una teoría propia sobre direccióndeldesarrollo, permitirían una efectiva transformación real de actitudes y prácticas gubernativas y civiles, tal y como Róger enuncia que debe ser.

En 1977 publiqué Planificación socioeconómica en Costa Rica, Serie Estudios Técnicos No. 10, OFIPLAN, con los conceptos sociopolíticos que contribuyeron desde 1976 a una movilización de instituciones y sociedad civil sin precedentes en el país, ordenada en el ámbito de sectores de actividad y regiones. Aquello alcanzó una época de oro durante la siguiente Administración cuando, ya con sustento en cinco “articulitos” sobre direccióngubernativa de la LGAP de mayo 1978, logramos apoyo del nuevo ministro Wilburg Jiménez a este novedoso proceso. Ello se mantuvo en la Administración siguiente hasta que, a mitad de camino –en 1984– hubo cambio de jerarca, y el nuevo, un economista, dio la espalda a esa iniciativa movilizadora liderada por Mideplán y sus contrapartes sectoriales y regionales del Sistema Nacional de Planificación, en el mejor espíritu y letra de la Ley 5525.

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Se trató de un sistema de planificación por sectores y regiones que la Cepal calificó, en 1993, como el “más novedoso en América Latina”. Desde 1984, el proceso se volvió errático y caprichoso según el talante del presidente de turno y de los ministros de planificación que han sido.

Mi experiencia en esta y otras actividades laborales me ha enseñado que, cuando hay visión, estrategia, voluntad y compromiso por quienes ejercen liderazgo superior tanto político como tecnocrático, las “leyes”, las personas públicas y civiles –no importa cuán jerarquizadas sean las estructuras, especialmente en un régimen presidencialista–, sí pueden dinamizarse hacia un mucho mayor y más integral desarrollo del país.

Hay, por supuesto, ese pequeño gran factor de que si el grado de compromiso y liderazgo por parte del presidente de turno no es congruente, sino aleatorio o arbitrario, el “sistema” y sus “procesos” pierden impacto. De aquí la necesidad de un verdadero “líder superior” o de contrapesos vigorosos y firmes para hacer funcionar el sistemacomo Constitución y leyes superiores ordenan, ya que sabemos que, por desgracia para Costa Rica, ni Dios ni la patria tienen “músculo” para hacerlas cumplir.

Enfoques incorrectos. Hoy, sigo leyendo a jóvenes y no tan jóvenes analistas que plantean estrategias y políticas con una audacia y superficialidad propias de opinadores no informados de estos procesos. Ello impide enriquecer, rechazar o superar lo que en los mismos campos ya está analizado, documentado, lúcidamente contextualizado además de experimentado, en fuentes nacionales... desde hace casi cuatro décadas.

Esto lo constato en tantos análisis sobre “modelos de desarrollo para el futuro”, o sobre dirección y planificación (¿gobernanza?, ¡por Dios!), sobre control y evaluación; sobre participación ciudadana, reforma del Estado o instituciones particulares (¿MOPT?); o sobre tramitología y corrupción; o, más particularmente, sobre ambiente y ordenamiento territorial como si la excelente Ley Orgánica del Ambiente y otras no existieran, e ignorando lo que las leyes sobre dirección y planificación disponen para un “éxito total” en la materia; mas también en otros campos como seguridad social, agricultura, etc.

El secreto para bajar a tierra toda esta normatividad que ha sido en parte inspirada en corrientes unilaterales de pensamiento occidental está en contextualizarla con la visión sociopolítica apropiada para Costa Rica, lo cual exige gran coherencia, integralidad de visión y estudio sistémico y riguroso de nuestras realidades y, paralelamente, de las causas de nuestra proverbial erraticidad sociopolítica.

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Tuve muchos alumnos, inclusive abogados, por ejemplo, a nivel de maestrías, que no conocían los conceptos legales básicos del ordenamiento que refiero, menos de manera integral; ¡imagínese el lector a los no abogados! Por ello digo que, siesto no se cultiva desde la academia, en los partidos políticos y en los mismísimos medios de comunicación (sí, señores), seguirá el festival de irreverencias, disfuncionalidades y corrupción que carcomen a Costa Rica sin que se vislumbre ningún “factor espontáneo” que nos obligue a cambiar. ¿Mi opinión? Un presidente que gobierne como tiene que hacerlo puede cambiarlo todo. O si la Contraloría de la República en particular, y la Defensoría colateralmente, exigieran como tienen que hacerlo, también. O si la prensa internalizara “estas cosillas”, contribuiría más aún. Pero en “el país más feliz del mundo”, es en estos menesteres donde la chancha precisamente más tuerce el rabo. O sea, donde todos los obligados a actuar y vigilar se hacen integral y continuamente los majes con respecto a estas pautas de primer mundo que refiero... ¿O no?

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