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Payá: el último héroe de los derechos humanos

Actualizado el 07 de noviembre de 2012 a las 12:00 am

Payá fue un hombre inspirado, como Solzhenitsyn, en valores cristianos

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El 22 de julio del 2012, funcionarios cubanos anunciaron que Oswaldo Payá murió “en un accidente automovilístico”. Aseguran que “después de perder el control del carro se estrelló contra un árbol”. Nunca se conocerá cuáles fueron las verdaderas circunstancias de su muerte. Es fácil esconder la verdad en un régimen totalitario.

Su hija declaró que su familia no creía la versión oficial. Disidentes cubanos afirmaron que testigos presenciales aseguraron que el carro de Payá fue embestido por detrás por otro vehículo.

Payá fue el último héroe de los derechos humanos del linaje de Saharov y Solzhenitsyn. Alcanzó esa sublime categoría. Su lucha representó el germen del gran proyecto de derechos humanos en su país. Lo inició solo y muchas veces fue abandonado por compatriotas de menos entrega a los principios por los cuales Payá entregó su vida. Jamás dejó sus ideales ni sus metas. Cuando se enteró de la muerte de su padre, Rosa María, de apenas 23 años, resumió su vida: “Solo quería que los cubanos tuvieran sus derechos. Eso fue todo lo que quería”.

El pináculo de su fama lo obtuvo cuando, con una osadía sin precedentes, presentó su Proyecto Varela; una campaña de firmas demandando un referendo legal para garantizar el derecho de expresión, de asamblea y de otros derechos humanos para sus compatriotas.

Cuando inició este proyecto a finales de los 90, no existía una oposición al régimen de Castro dentro de Cuba. La represión del Gobierno comunista se había encargado, por medio de toda clase de instrumentos represivos, de mantener paralizado el pequeño grupo de activistas de los derechos humanos. Los acusaba de ser mercenarios voceros de los cubanos en el exilio.

Inicialmente, su iniciativa, por el terror imperante no fue apoyada por muchos cubanos dentro de Cuba y en público expresaban dudas sobre sus intenciones. Pero en el 2002, la Unión Europea concedió a Payá su máxima distinción: el Premio de Derechos Humanos Andrei Saharov. Philip Peters, un experto en asuntos cubanos del Lexington Institute, opinó que “el Proyecto Varela fue la primera iniciativa que buscó una participación ciudadana a gran escala y nadie intentó esta epopeya antes de Payá ni después de él”.

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Para Damien Cave, del diario New York Times, “su intento por reformar el gobierno de Fidel Castro colocó a Payá entre dos extremos: fue vilipendiado por el Gobierno cubano y visto con recelo por la comunidad cubana de línea dura en el exilio”. Eventualmente, la iniciativa del Proyecto Varela fracasó, y el Gobierno comunista lo enterró declarando que “el sistema comunista cubano es irrevocable”. En 2003 disidentes aliados de Payá fueron detenidos y enviados a prisión, y su Movimiento de Liberación Cristiano comenzó a desvanecerse.

Payá fue un hombre profundamente inspirado, como Solzhenitsyn, en valores religiosos cristianos. Con frecuencia citaba un pensamiento del mártir: “Y si hoy se me pide que formule, en la forma más concisa que yo pueda, cuál fue la causa principal de la ruinosa revolución (soviética) que se tragó a 60 millones de nuestra gente, no lo podría hacer mejor que repetir: ‘los hombres se han olvidado de Dios; esa es la razón por la cual todo esto ha sucedido’”.

“Nos hemos quedado huérfanos”. Esa expresión de dolor y resignación fue lo primero que se le ocurrió decir a la activista de derechos humanos Yoani Sánchez cuando se enteró de la muerte de Payá. La civilización judeo-cristiana también perdió a uno de sus más nobles defensores.

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