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Papas, santos y competencia religiosa

Actualizado el 17 de abril de 2013 a las 12:00 am

La creación de santos se está convirtiendo en una manera importante de retener a los fieles

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Cambridge. – La elección del primer papa no europeo era una asignatura pendiente desde hacía mucho tiempo. Después de todo, la región de donde proviene el papa Francisco, América Latina, hoy es hogar de casi la mitad de los católicos del mundo (44%). Pero la Iglesia católica cada vez cede más terreno a manos de la competencia protestante allí y en otras partes. Solo hay que echarle un vistazo a las estadísticas. El evangelicalismo es la religión mundial de más rápido crecimiento por conversión –una tendencia que sustenta la fuerte expansión del protestantismo en América Latina, tradicionalmente católica romana–. Los protestantes en América Latina representaban apenas el 2,2% de la población en 1900, pero el 16,4% en 2010, y el crecimiento se produjo principalmente a expensas de los católicos, cuyo porcentaje en la población cayó de 90,4% a 82,3%.

La Iglesia católica entiende esta competencia, pero afronta una escasez crónica de curas. En consecuencia, la creación de santos se está convirtiendo en una manera importante de retener a los fieles.

Por cierto, la elección de un papa latinoamericano es el espejo de un cambio anterior en la distribución geográfica de los nuevos santos. Desde la primera parte del siglo XX –y, más claramente, desde el papado de Juan Pablo II (1978-2005)–, el predominio tradicional de Italia y otros países europeos como lugares de origen de los beatos ha disminuido. Esto se refleja en las dos etapas de la santificación: la beatificación (la primera etapa del proceso y actualmente la condición de Juan Pablo II) y la canonización.

La lógica para este cambio consiste en utilizar a los santos nacionales para inspirar a los católicos –y, así, contrarrestar la competencia de los protestantes, especialmente los evangélicos–. Este fenómeno es más evidente en América Latina, pero también se aplica a Norteamérica, Asia y África. Y pensamos que el nombramiento de un papa latinoamericano tiene la misma motivación subyacente –competir con la creciente amenaza del protestantismo en esta región–.

La idea de utilizar a santos para competir con los evangélicos en América Latina se remonta a mucho tiempo atrás –los frailes que acompañaban a las tropas conquistadoras españolas introdujeron los santos patrones en cada comunidad nucleada–. Sumada a la persistente escasez de curas, la adoración de santos en América Latina penetró más en la cultura de la región que en la de Europa.

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En 1992, Juan Pablo II se refirió a los grupos evangélicos en América Latina como “lobos rapaces” que “alejaban a los católicos latinoamericanos de la Iglesia de Roma” y denunció las “gigantescas sumas de dinero... invertidas en campañas proselitistas de evangelización destinadas específicamente a los católicos”. Sus temores frente a la competencia protestante en América Latina eran –y siguen siendo– entendibles, particularmente en Brasil, Chile y Guatemala, que han visto marcados incrementos en la fidelidad evangélica.

Juan Pablo II cambió drásticamente el proceso de santificación. Él personalmente beatificó a 319 personas (no mártires), comparado con un total de apenas 259 por parte de los 37 papas anteriores desde 1585. También creó 80 santos, comparado con un total anterior de 165. La gran cantidad de santos (44) del papa Benedicto XVI (2005-2013) refleja esencialmente el gran número de gente beatificada que dejó como legado Juan Pablo II.

Como parte de este proceso, Benedicto XVI redujo marcadamente la cantidad de años que los beatos tenían que esperar para pasar de la beatificación a la santidad. Por ejemplo, Juan Pablo II se convirtió en beato apenas seis años después de su muerte.

Con respecto a la competencia con los protestantes, la característica fundamental de los dos últimos papas es que la distribución geográfica de los beatos se alejó del predominio tradicional de Europa. En el papado de Juan Pablo II y Benedicto XVI, el porcentaje de beatificaciones (no mártires) era 10,5% de América Latina, 4,6% de Norteamérica, 3,9% de Asia y 1,9% de África. De la misma manera, América Latina representó el 9,8% de las canonizaciones (no mártires), Norteamérica el 6,6%, Asia el 4,1% y África el 0,8%. Esos porcentajes no tienen nada que ver con los pequeños puñados de beatos provenientes de esas regiones que fueron designados por los papas anteriores.

Francisco visitará Brasil en julio para asistir a la Jornada Mundial de la Juventud. Se ha insinuado que visitará otros países latinoamericanos este año, entre ellos su tierra natal, Argentina.

Según el Pew Forum on Religion and Public Life, Brasil tiene la población católica más grande del mundo.

En conjunto, Brasil, México y Argentina representan el 26% de los católicos del mundo. Sin embargo, la población católica de América Latina parece estar estabilizándose, debido a una caída en las tasas de natalidad y las conversiones de personas que se alejaron del catolicismo.

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La combinación del porcentaje más alto de católicos en el mundo y una caída del porcentaje de fieles religiosos, implica que Francisco afronta un dilema estratégico.

O se concentra en recuperar a América Latina para la Iglesia católica o puede optar por apostar a más largo plazo al África subsahariana, donde la tasa de crecimiento de la población viene superando a la del resto del mundo y donde el catolicismo hoy crece a pasos más acelerados.

¿De dónde vendrán los próximos santos?

Copyright: Project Syndicate, 2013.www.project-syndicate.org

Robert J. Barro es profesor de Economía en la Universidad de Harvard y miembro sénior de la Hoover Institution, perteneciente a la Universidad de Stanford.

Rachel M. McCleary es investigadora sénior de la Escuela de Gobierno Kennedy de la Universidad de Harvard y miembro investigador de la Hoover Institution, perteneciente a la Universidad de Stanford.

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