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Página negra: Bob Marley, El apóstol de los rastas

Actualizado el 16 de septiembre de 2012 a las 12:00 am

Alma rebelde, creció en los arrabales de Kingston, Jamaica. Fue una voz de esperanza para los pobres pero llevó una vida sombría, matizada por sus creencias rastafaris, que al final le ocasionaron la muerte.

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Fuera negros, perros e irlandeses. Así rezaban algunos rótulos en la noble Inglaterra del siglo XX, resabios imperiales del tráfico de esclavos. De los casi 60 millones cazados en África, una parte recaló en Jamaica, colonia ultramarina de la Vieja Albión. Ahí, en medio de la pobreza caribeña, brotó una luz que iluminó la miseria.

Desgarbado, melena leonina y escuálido, fue considerado por el New York Times el artista más influyente del siglo XX y la BBC escogió su canción One Love como el himno del milenio.

Nesta Robert “Bob” Marley era un hombre extraño. Se crió en el barrio de Nine Miles y corría el rumor de que leía las manos y el corazón de las personas. Como su abuelo, Omeriah Malcom, él era un “myalista” capaz de luchar contra los espíritus malignos al servicio de obeah , el vudú jamaiquino.

Su origen fue más prosaico. La madre, Cedella “Ciddy” Malcom, quedó embarazada de Norval Sinclair Marley, un elitista capitán blanco con quien se casó; vivieron muy poco juntos porque los suegros rechazaron esa unión, según la página oficial de Bob Marley.

Bob nació el 6 de febrero de 1945 y lo llamaron Robert por un tío blanco y Nesta, por sus ancestros negros. Esa mezcla racial sería parte de su leyenda; con los años diría que descendía de africanos y algunos lo llamaron profeta y enviado de Jah , el dios rasta.

Muy pocos habrían pensado que ese niño, con el paso de los años, llegaría a vender 25 millones de copias de su álbum Legend ; el retrato de Marley en la portada de ese disco es uno de los íconos más conocidos del siglo pasado.

Más que un artista, llegó a ser el símbolo de Jamaica por su lucha contra la pobreza y la violencia, aves negras que planeaban sobre ese paraíso caribeño.

Bob creció en la pobreza; a los cinco años el padre se lo llevó a Kingston – capital de Jamaica – para educarlo y lo dejó al cuidado de una vieja adinerada; el pequeño “atorranteaba” todo el día.

Por presiones de la madre regresó a Nine Miles y ahí encontró un nuevo interés: cantar. Lo hacía con una guitarra que su primo Nehemiah le hizo con una olla vieja y unas cuerdas amarradas a un pedazo de madera.

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Cedella se fue a Kingston en 1955 a buscar trabajo y dejó a Bob para que ayudara al abuelo en el cuidado de unas cabras. Dos años después lo mandó a traer y ambos se establecieron en un tugurio conocido como Trenchtown.

Ahí las familias vivían en cuartos de cinco metros cuadrados, con patios, baños y cocinas comunes. El hacinamiento y el ambiente malsano eran el caldo de cultivo para epidemias de tifoidea y polio.

Quienes vivían en esas barriadas eran apodados “los sufferahs o israelitas”, porque se identificaban con las tribus desheredadas del Antiguo Testamento, según apuntó Marsha Bronson, en una biografía de Bob Marley.

Tuff gong Los jóvenes como Bob formaron un movimiento llamado los Rude boys ; eran muchachos sin oficio ni beneficio, rebeldes contra la autoridad pero estoicos ante el infortunio, la pobreza y el fracaso.

Un augurio no confirmado, atribuido al predicador jamaiquino Marcus Garvey, anunció: “Mirad a África; un rey negro será coronado, porque la liberación está próxima”. En 1928 parecía que el vaticinio se cumplía cuando – tras un golpe de estado– ascendió al trono de Etiopía Ras Tafari Makonnen, llamado Hailè Selassiè y conocido como el “Señor de Señores, Su Majestad Imperial, León Conquistador de todas las Tribus de Judá y Elegido de Dios”, enfatizó Bronson.

A partir de ahí surgió la creencia en el rastafarismo, que adoptó los colores verde, amarillo y rojo de la bandera etíope, y correría por todo el mundo hasta llegar adonde vivía el joven Marley.

Bob terminó el colegio a los 15 años; “camaroneaba” como soldador y en las tardes se reunía con sus compinches, Bunny Livingstone y Pete Tosh, quienes serían las columnas de The Wailers, el más famoso grupo de reggae de la historia musical, según la Historia del Rock .

“El reggae es la música soul de Jamaica. Es la evolución de muchas influencias, todas unidas y mezcladas en un ritmo distintivo y con una letras cargadas de mensajes rebeldes es una mezcla de rock and roll con ecos de tambores africanos” explicó Bronson en su libro.

La pobreza era tan aplastante que en 1964, cuando Bob comenzó sus primeras presentaciones, le prestaban la ropa para salir al escenario. La primera canción que grabó Judge Not , no la pudo escuchar porque no tenía tocadiscos en la casa.

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Recién casado con Rita Anderson, en 1966, viajó a Delaware – Estados Unidos– para reunirse con su madre; ahí tuvo varios trabajos pero abandonó el país porque el gobierno lo quiso enlistar para la guerra de Vietnam y eso iba contra sus principios rastafari.

Aunque Bob había hecho varias grabaciones a duras penas le pagaban; el reggae era menospreciado y todos los trabajos que emprendió fracasaron, incluso una modesta tienda de discos.

Marley y su esposa regresaron a Nine Miles para dedicarse a la agricultura; en esas estaba cuando lo contactó Lee Perry, un productor disquero que sería el trampolín de The Wailers hacia la fama.

Cansado de la explotación empresarial fundó Tuff Gong , un sello propio que produjo algunos discos de gran éxito: Root Rock Reggae, Smile Jamaica y One Drop.

Los años 70 fueron el clímax de Marley, no solo porque firmó un jugoso contrato con Island Records , la más importante casa discográfica del mundo, sino porque definió su imagen: los largos dreadlocks , la barba, las camisas estilo vaquero, las jackets y un estilo desenfadado, tal como quedó inmortalizado en la estatua erigida en el parque de Montego Bay, donde se realizan los festivales de Reggae Sunsplash . Este período es narrado en el documental Marley , producido por Kevin MacDonald.

En 1976 Jamaica estaba a las puertas de la guerra civil y Bob organizó el concierto “Sonríe Jamaica” en un gesto de concertación entre las facciones políticas de Michael Manley y Edward Seaga, del Partido Nacional del Pueblo y el Partido Laborista, respectivamente.

El activismo pacifista de Marley le granjeó muchos enemigos. El 12 de mayo de 1976, cinco pistoleros irrumpieron en el ensayo previo al concierto y le dispararon a quemarropa, pero solo lo hirieron en un brazo y en el pecho. Ensangrentado subió al escenario, cantó War y gritó a la multitud: “Solo quería tocar por mi amor a las personas”.

Dos años después visitó Á frica. Recorrió Etiopía y apoyó la guerrilla de Robert Mugabe por la independencia de Zimbabwe. La pieza Survival , fue el himno guerrero de los soldados y las mujeren cantaban No woman, no cry . Mugabe tiene ya 32 años en el poder, está sentado sobre una impresionante reserva natural de diamantes y rodeado de uno de los pueblos más miserables del planeta.

Mucho corazón La lista es interminable: una esposa oficial, Rita; cuatro hijos legítimos; una veintena por ahí y por allá; cinco amantes oficiales y tal vez un centenar más, según su amigo Don Taylor.

Al parecer a Rita no le molestaban los amoríos de Bob; según ella esa energía sexual era la manera en que él transmitía su amor a la humanidad, era una fantasía estética.

El gran amor de su vida fue Cindy Breakespeare, una belleza blanca que fue “Miss Universo en bikini”; a ella le dedicó la canción Esperando en vano , tuvieron un hijo –Damián– y la dejó tras seis años de tormentosas relaciones. La lista incluyó a Janet Dunn, una bailarina; Pat Williams, Janet Brown y Lucy Pounders.

Timothy White, quien fuera editor de la revista Billboard , dijo que Bob tenía “un corazón de oro”, pero era un completo caos. Debido a su particular creencia siempre se negó a firmar un testamento y tras su muerte tanto las amantes estables o furtivas como los bastardos quisieron repartirse sus bienes.

Esa creencia también lo llevó a la tumba. El 10 de abril de 1977, en un partido de futbol, se machacó el dedo gordo del pie derecho y los médicos le aconsejaron amputarlo porque tenía un melanoma maligno. Marley se negó en redondo porque los rastafaris no pueden quitarse nada de su cuerpo.

Tres años después, el 20 de setiembre de 1980, mientras hacía “jogging” en Nueva York , cayó desplomado y en el hospital se descubrió que el cáncer había pasado del pie al cerebro, pulmones, hígado y estómago. Le dieron un mes de vida y vivió ocho más, sin dejar de actuar.

Mal paciente, desobedeció todas las órdenes médicas. Buscó a un viejo doctor nazi con la esperanza de un milagro, pero fracasó. Enflaqueció , casi no podía respirar y tenía el deseo de que sus restos descansaran en Jamaica.

Como tenía miedo de viajar en aviones pequeños, su amigo Chris Blackwell pagó los $90 mil para alquilar un 747 de Lufthansa, pero tuvieron que aterrizar de emergencia en Miami y ahí murió el 11 de mayo de 1981, a los 36 años.

El cuerpo de Bob reposa en un mausoleo en su natal Nine Miles; en el féretro llevaba la guitarra, una bola de futbol, unas raíces de marihuana, un anillo y la Biblia de los rasta. Rita recortó unos dreads y los guardó para esparcirlos en Etiopía.

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