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Pacientes enchufados

Actualizado el 24 de febrero de 2013 a las 12:00 am

Esta era de la información llega con nuevos descubrimientos... y con nuevas enfermedades. El uso de computadoras, videojuegos, iPads y teléfonos inteligentes, entre otros aparatos, puede tener repercusiones en nuestra salud.

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Normalmente, cuando tenemos alguna queja de dolor, nos expresamos así: “¡Ay, me duele un brazo!”. Es lo más común. Será que en el futuro podríamos decir: “¡ay, me duele... ¿el celular?!

Aunque sea exagerado, existen personas que pasan todo el día con su aparato móvil en sus manos como si este fuera una extensión de sus cuerpos. Así, una relación tecnológica puede convertirse en patología.

El año pasado, la firma Intel realizó un estudio con encuestas en varios países. Así determinó que el 40% de los usuarios de teléfono celular pasa “pegado” al aparato las 24 horas del día, los siete días de la semana. Además descubrió que ocho de cada diez personas duermen con su móvil al lado.

La popularidad del teléfono celular ha traído consigo males psicológicos y físicos, como el caso del “síndrome de vibración fantasma”. Este tipo de afección se manifiesta como un engaño al usuario, quien toma el celular pensando que ha vibrado y no lo ha hecho. Es una sensación neurológica que va acostumbrando al cuerpo a cosquilleos periódicos que desencandenan las pseudo-vibraciones.

Otro curioso mal del abuso de los celulares es la llamada nomofobia, un trastorno psicológico cuyo nombre proviene de las palabras en inglés No Mobile Phone Phobia . Se manifiesta en el individuo como un miedo o angustia al sentirse desprotegido por no tener consigo el celular en determinado momento, ya sea porque se le descargó o porque lo olvidó o extravió.

“Me atrevo a decir que no hacemos mal si consideramos estas conductas como un trastorno psicológico que puede llegar a compararse en muchos aspectos con los patrones de adicción emocional más o menos conocidos (a sustancias químicas, a la comida, al trabajo, a las relaciones, etcétera)”, menciona la psicóloga María José Arias.

Contracturas

Mas la adicción tecnológica va más allá del tema de los celulares. Con las nuevas tecnologías, se incrementa el uso de químicos que pueden provocar dermatitis, quemaduras y alteraciones al sistema nervioso central, entre otros. También se habla de problemas osteo-musculares. “Dentro de la oficina, cuando se generan disruptores que contracturan, como el estrés por carga de trabajo, entonces usted digita con estrés y se dan problemas de cansancio y hasta tendinitis”, afirma Sonia Román, de Medicina Laboral e Intensiva del Instituto Nacional de Seguros (INS).

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Sin embargo, de acuerdo con las estadísticas de esta entidad, son pocos los casos atendidos por uso y abuso de nuevas tecnologías. La tendinitis es la patología más frecuente.

El síndrome del túnel carpiano es otra de las condiciones más comunes y se da porque este canal, que se extiende desde el antebrazo hasta la muñeca, es rígido y estrecho. Así, ante cualquier irritación o inflamación de los tejidos y tendones, ocasiona una obstrucción del flujo sanguíneo en la zona. Es común entre quienes usan computadoras a diario, por la repetición de movimientos constantes.

“La informática o uso regular de equipos de cómputo hace posible que las posturas conduzcan a problemas serios a nivel de espalda y de manos (por movimientos repetitivos). Esto causa problemas serios de desviación de columna, hernias y dolores lumbares”, explica Virginia Chavarría, del Consejo de Salud Ocupacional, del Ministerio de Trabajo.

‘Tecnoestrés’

Todas estas patologías pueden resumirse en un solo término: “tecnoestrés”. Esta palabra comenzó a utilizarse en la década de 1970, pero se ha vuelto más popular conforme va creciendo el espectro tecnológico.

“El tema es controversial y relativamente nuevo, lo que se refleja en la conclusión de algunas reseñas científicas relativamente recientes (desde el 2010) sobre la existencia de definiciones universalmente aceptadas para este tipo de comportamientos conocidos con frases como ‘adicción a la tecnología’”, indica la psicóloga Arias.

Según ella, la Asociación Americana de Psiquiatría recomendó que el término Internet addiction fuera incluido en el DSM-V (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders) como un apéndice y no como parte del cuerpo conceptual de los trastornos adictivos, “lo que parece ser un abordaje cauteloso y en espera de resultados más significativos en un área tan controversial”, asevera Arias.

Ponerse ‘ON’

La pregunta que nos puede venir a la mente después de conocer esta gama de afecciones poco gratas es: ¿cómo no morir en el intento por estar ‘ON’?

En cuanto a las oficinas, en nuestro país existe la Ley 6727 sobre Riesgos del Trabajo. Según Chavarría, del Consejo de Salud Ocupacional, esta ley es casi obsoleta, pues data de 1982 y necesita modernizarse.

“Como parte de la responsabilidad del Estado, debe obligatoriamente modernizar la legislación que regula las condiciones de trabajo. El país cuenta con normativa de los años 70, basada en tecnología de la época, que en la actualidad ni tan siquiera se utiliza”.

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Es obvio que la exigencia laboral y el rápido crecimiento tecnológico no nos va a apartar de los aparatos modernos. Por esta razón, los consejos más prácticos que pueden seguirse se ajustan a las normas de la ergonomía.

Que la pantalla esté a la distancia de la vista para que no sea necesario hacer mucho esfuerzo a nivel de las vértebras cervicales. Que los asientos posean descansabrazos y que los teclados sean ergonómicos para que no haya que forzar los dedos. Estos son tres ejemplos de dispositivos que pueden hacer la diferencia.

“El criterio general en la línea de la prevención y educación para el uso de estas tecnologías es tratar de subordinar el uso de tales aparatos a nuestras necesidades humanas de aprendizaje, recreación e interacción, en vez de dejar que sean estas las que creen nuestras necesidades”, reflexiona la psicóloga Arias.

La receta es sencilla, no importa cuántos dispositivos tenga usted enchufados en este momento. No permita que estos lo enchufen a usted.

Busque recrearse de otras formas, interactúe con la naturaleza y disfrute de las relaciones sociales. En fin, ¡conéctese con la vida... con el resto de la vida!

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