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EDITORIAL

Oscuridad en el ICE

Actualizado el 20 de junio de 2012 a las 12:00 am

Los estudios del Ministerio de Hacienda sobre las finanzas del ICE arrojan resultados alarmantes, basados en información parcial

La presidenta Laura Chinchilla prometió ayer que el ICE no sería una reedición de la crisis en la CCSS. Por ahora, es difícil saber si la promesallega tarde

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El Instituto Costarricense de Electricidad oculta a la opinión pública y hasta al Gobierno la información necesaria para valorar su salud financiera. Los estudios del Ministerio de Hacienda sobre las finanzas de la entidad arrojan resultados alarmantes, pero constituyen el panorama parcial, visto desde un resquicio, no una ventana.

La información entregada a Hacienda por el ICE iba encriptada, y eso dificulta el análisis por medios informáticos. Carece, además, de las notas de auditoría requeridas para completar el panorama. La diferencia en las pérdidas entre los datos auditados y un informe no auditado presentado por la institución al Ministerio de Hacienda es de 5.600%.

Según el informe del ICE, las pérdidas del 2011 son ¢389 millones. Según los auditores, ascienden a ¢22.112 millones. La entidad da a la diferencia una explicación contable, pues discrepa del auditor en cuanto al periodo en que se deben asentar los ingresos correspondientes a la compensación del roaming internacional con intervención de otros operadores.

El ICE se ha visto obligado a admitir las dificultades, pero intenta minimizar su importancia. Al resto del país le toca adivinar la verdadera dimensión del problema, porque la información es incompleta. Para hacerlo, es posible partir de algunos datos aislados. Los ingresos van en aumento, pero la utilidad decrece de manera dramática, de ¢84.369 millones en el 2007 a ¢3.947 en el 2011. El endeudamiento aumentó un 184% en solo cuatro años, mientras el capital contable apenas creció un 26%. El sector de Telecomunicaciones perdió ¢15.061 millones en el 2011. El año pasado, el ICE pidió dispensas de pago a ocho acreedores.

Las causas tampoco son fáciles de precisar. El ICE admite un fuerte aumento en sus costos de operación y atribuye buena parte de las pérdidas al rezago en el ajuste de tarifas, pero añade un argumento sospechoso: la apertura de las telecomunicaciones. El análisis de Hacienda abarca el periodo 2007-2011, cuando la ruptura del monopolio apenas estaba anunciada. Sin embargo, el deterioro de las finanzas en esos cuatro años es constante.

Tampoco se entiende la relación entre la excusa de la apertura y la promesa del presidente ejecutivo Teófilo de la Torre de enderezar la situación este año mediante el ahorro de ¢80.000 millones. El problema ¿es producto de la ruptura del monopolio o del gasto excesivo?

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El ahorro prometido al Gobierno no elimina la competencia en telecomunicaciones. Además, como la competencia no existía durante el periodo estudiado, la institución solo podría justificar el impacto del fenómeno en sus finanzas por la necesidad de prepararse para competir.

¿Tanto costó la preparación a la empresa monopolística, con décadas de presencia en el mercado y la ventaja de ser estatal?

La merma en la telefonía internacional tampoco puede ser atribuida a la apertura de las telecomunicaciones, sino a las nuevas tecnologías. La industria mundial y también el ICE reconocieron, hace muchos años, cuando la apertura en Costa Rica estaba lejana, que sería imposible contar con esos ingresos en un futuro dominado por Internet.

Por otra parte, la apertura no guarda relación alguna con el sector eléctrico, donde las finanzas también sufren un serio deterioro. La razón de rentabilidad en ese sector se mantuvo por los suelos durante los cuatro años estudiados. En el 2011, cerró con una pérdida de ¢4.331 millones.

Las explicaciones del ICE no convencen y serán, cuando menos, sospechosas, mientras la institución mantenga su actitud de secretismo aun frente a las autoridades del Gobierno. Con esa actitud, los funcionarios a cargo asumen una importante responsabilidad. La presidenta Laura Chinchilla prometió ayer que el ICE no sería una reedición de la crisis en la Caja Costarricense de Seguro Social. Por ahora, es difícil saber si la promesa llega tarde.

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