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Orwell redivivo

Actualizado el 13 de junio de 2013 a las 12:00 am

Un superescándalo se destapó en EUA en torno a la invasión oficial de comunicaciones privadas

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¿Se desliza Estados Unidos hacia un sistema político dominado por las megaburocracias? La pregunta no es nueva, pero cobra vigencia a la luz de sucesos que ahora se ventilan en la prensa.

El público estadounidense se ha visto sacudido por la serie de noticias sobre intromisiones del Estado en el ámbito privado de individuos y organizaciones. La escalada informativa comenzó, hace algunos días, con revelaciones sobre las iniciativas del temible servicio de impuestos (IRS) para escarbar la situación impositiva de las entidades del Tea Party. Este movimiento electoral, de corte conservador, ha mostrado gran eficacia al acuerpar a sus candidatos en diversas justas contra postulantes liberales del Partido Demócrata.

Las trepidaciones de la opinión pública en torno a posibles manejos demócratas para desprestigiar a candidatos republicanos no cesan. Y no es para menos. De confirmarse la intromisión de la Casa Blanca o alguna otra rama gubernamental controlada por los demócratas para dictarle conductas al IRS, marcaría un gravísimo retroceso en la vida institucional norteamericana. Lo mismo sería si los republicanos estuvieran en el poder.

Las cabezas ya empezaron a rodar en el IRS pero, entre tanto, un superescándalo se ha destapado en torno a la invasión oficial de comunicaciones privadas por teléfono e Internet. La fuente de esta noticia fue Edward Snowden, un joven –29 años– técnico de una consejería corporativa, “asilado” ahora en un hotel de Hong Kong, quien reveló el vasto programa de espionaje de Estados Unidos al diario británico The Guardian y al Washington Post. A su vez, la señal de urgencia la recogió la prensa internacional con una tormenta constante de noticias y opiniones.

Lo que ha salido a flote es un vastísimo programa de recolección y análisis de datos mediante sistemas de cómputo sin par en el planeta. Las principales rectoras de la seguridad estadounidense, la Agencia Nacional de Seguridad y la CIA, dirigen el conjunto amparadas por legislación y reglamentos surgidos a raíz de la turbulencia terrorista de Setiembre 11.

Sin embargo, el diseño va mucho más allá, pues cuenta con la afiliación de prestigiosas compañías especializadas en tecnología informativa, como Google, Microsoft, Yahoo, Facebook, Apple y otras de alto calibre, por cuyos dominios transita la gran mayoría de las comunicaciones del mundo entero.

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La importancia del programa ha sido subrayada por el presidente Barack Obama, quien públicamente defendió la iniciativa, formulada y mayormente desarrollada en las dos administraciones de George W. Bush.

Según los entendidos, la información es captada para conocer su ruta y destinos y no se abre el texto sin un mandato judicial. Incluso, para este fin, se integró un conjunto de paneles rotativos de jueces que autorizan o rechazan el permiso correspondiente. La importancia del proyecto es reconocida ampliamente por los gobiernos que colaboran y lo consideran esencial para la lucha mundial contra el terrorismo.

Las revelaciones de Snowden, exagente de la CIA, describen un panorama preocupante del espionaje global, que deja indefenso el ámbito de la privacidad. Tampoco es un relato de entretenidas aventuras de superespías. Es la revelación constante de un tedioso proceso técnico que, sobre todo, pone al descubierto los secretos de importantes actores del mundo actual.

Y esto nos conduce a la pregunta inicial sobre el papel de las burocracias. No se trata, por supuesto, de los móviles de los rectores de las unidades gubernamentales. No se ha visto a estos jerarcas con ejemplares de 1984 bajo el brazo. Ninguno se ha nominado para Gran Hermano. Pero estos altos ejecutivos son responsables de un sinnúmero de decisiones que paulatinamente estrechan el ámbito individual de los gobernados y también de las altas autoridades políticas.

Desde luego, el mundo que George Orwell describió subraya el creciente poder de las burocracias. Este es un proceso que ocurre constantemente y cuyo paso deja indefensos, cada vez más, a gobernados y gobernantes.

Snowden afirma que sus revelaciones tenían la intención de liberar a sus conciudadanos del peso abrumador del aparato de inteligencia. Lástima, pero es muy remoto que sus deseos se cumplan.

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