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Oro y oropel

Actualizado el 26 de noviembre de 2012 a las 12:00 am

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Oro y oropel

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Trapalanda era el nombre del sueño que soñaban los hispanos cuando el mundo tenía tres continentes: Europa, Asia y África, y mientras Colón preparaba sus naves dispuesto a llegar a nuestras costas. Lo que dijo a su primer regreso a casa el Almirante, y el hecho algo cómico de mostrar algunos vidrios de colores de su viaje inicial (representación comparable a la del famoso “huevo de Colón”) disparó la vieja leyenda.

España parecía a punto de dar con el ideal de un oro abundante, a ras de tierra: todos lo predecían. Solo bastaba localizar, creyeron, las coordenadas de la ciudad legendaria y tomarla. En 1528 sale una expedición bautismal que promete, pero que de forma inexplicable se aleja de Trapalanda. Y del oro, ni noticias. Hasta la semana pasada, cuando Mariano Rajoy, jefe del Gobierno español, durante la Cumbre Iberoamericana, resucita la historia de Trapalanda, al revés y sin nombrarla. “Les abro los brazos”, nos dice Rajoy a nosotros, tataranietos de un mito guionizado por ellos. Claro que hoy América Latina crece y los antiguos conquistadores no pueden con la crisis.

Ironías de la vida (y del lenguaje): los sueños a menudo se caen por una confusión, en este caso fatal: no distinguir entre oro y oropel.

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