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Ojo Crítico

Actualizado el 18 de julio de 2010 a las 12:00 am

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Según informó La Nación (15-7-10), el Gobierno declaró que espera que China le financie desde puentes, carreteras y la Escuela de Policía, hasta las redes de cuido. Aunque estas, ofrecidas en campaña junto con “el tema” de seguridad ciudadana, no han pasado de ser una proclama de buenos deseos, pues proyectos concretos, a estas alturas, no existen y se desconocen sus alcances, medios y sus costos. Si me equivoco y están listos, por favor que me envíen una copia.

Lo raro es que, siendo China una fuente de financiación, el tratamiento que ha recibido desde la llegada de este nuevo Gobierno haya sido de tan escasa pericia diplomática y tan errática orientación política. Sin necesidad y desde lo alto, se alentó el escándalo de las visas y el supuesto impago de impuestos por materiales de construcción reutilizados; de lo cual todo quedó en nada. Parecía irse, si no a un rompimiento, al menos a un agudo enfriamiento de la relación.

Un incidente diplomático como la eventual descortesía de un funcionario de tercer orden en el escalafón diplomático chino, hacia nuestro Embajador, jamás debió tratarse como se le trató, casi al estilo “sucesero” de la prensa diaria. Airear públicamente un incidente de tan pequeño calibre entre Estados y Gobiernos (por un monto de $120), después de bonos, estadio y refinería, es un mal síntoma. Razonablemente, haría pensar que están cuestionadas la solidez de los vínculos y las correctas intenciones políticas de quien así se presta al escándalo y lo alimenta. Porque o bien el Gobierno es falto de seriedad, responsabilidad y tacto, que sería lo de menos; o bien hay cálculos políticos no declarados, de los que el incidente sería solo un pretexto para lograrlos.

Y no se venga con que es muy fina nuestra epidermis y tenemos una sensibilidad a flor de piel. El país ha sabido disimular en el pasado situaciones peores. Bastaría recordar lo sucedido en los gobiernos de don Pepe Figueres, Rodrigo Carazo y Óscar Arias, para saber que la materia diplomática es todo un ballet político.

A mi no me asusta una susceptibilidad patriótica que reclame, aun destempladamente, el honor u orgullo nacional heridos. Por el contrario, me alegraría. Sobre todo hoy, cuando vivimos en una época en que no son pocos los que le dan vida a la frase de Jalil Jibrán: “los animales con columna vertebral más débil, son los que tienen las caparazones más gruesas”.

Pero sí me sorprende que este desatino ocurra justo cuando la Presidenta y su ministro de Exteriores extienden de nuevo la mano pidiendo ayuda a quienes no han sabido tratar con el refinamiento y respeto diplomáticos debidos. Me pregunto: ¿será simple ineptitud, o es que son tan largos los palillos de Taiwán, como para estar revolviendo este arroz con mango?

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