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Nostalgia, bendita nostalgia

Actualizado el 09 de diciembre de 2012 a las 12:00 am

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Nostalgia, bendita nostalgia

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El 24 de noviembre del 2012 quedará registrado en la historia de la televisión costarricense como el día en que Teletica logró lo que alguna vez fue impensable: sentar a los costarricenses durante dos horas, única y exclusivamente para ver comerciales.

Con Anuncios para siempre –selección de los mejores spots de las últimas tres décadas del siglo pasado– los del 7 se anotaron un jonrón.

El inédito recuento histórico contó con varios aciertos. Entre ellos la selección de las piezas publicitarias, que en buena parte se obtuvo tras la activa participación del público por medio de las redes sociales.

Se elaboró un guion, bien presentado y conducido por los periodistas Luis Ortiz y Natalia Suárez. Además, la inclusión de una serie de entrevistas con productores, publicistas y protagonistas de los anuncios puso en perspectiva la evolución de la industria, aportó datos interesantes y divertidas anécdotas.

Es curioso, pero a la larga y estos mismos comerciales fueron vistos en su época con algún grado de molestia por interrumpir el disfrute de la programación habitual. Máxime cuando no había un control remoto para recurrir al zapping , ni tampoco un botón para silenciarlos.

Causalmente fue para contrarrestar el cambio de canal, tras el advenimiento del control remoto, que la publicidad evolucionó hasta convertirse en un espectáculo por sí misma.

Por supuesto aquí no tenemos los presupuestos ni el grado de sofisticación de las cinematográficas realizaciones que se exhiben durante la transmisión del Super Bowl, pero sí tenemos un ingrediente esencial: nostalgia.

Por eso la colección de producciones vistas, desde aquel artesanal anuncio de queso Dos Pinos hasta los más elaborados comerciales de cerveza Bavaria, se vio de pronto convertida en un show de entretenimiento que atrajo el mismo nivel de audiencia de un clásico Saprissa-Alajuela.

Recordemos que algo vital en la publicidad es poder establecer un vínculo emocional entre la marca y el consumidor. Y mejor aún cuando este enlace es capaz de derribar la inexorable barrera del tiempo.

Los comerciales mostrados tuvieron ese mérito. Verlos de nuevo equivalió a revivir momentos placenteros ocurridos en distintas etapas de la vida de los televidentes. La identificación fue total.

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Ya fuera “la cascada de chocolate” con que gozamos en la “fiesta de la alegría”, el ansiado Cruchy Crips del domingo después de misa, la birra con los compas y por qué no, el Olympo Crown de aquella primera vez.

Visto como sea, el efecto fue impresionante. Muchas de las marcas ya ni siquiera existen (En cuenta el jabón Diva, elegido por votación popular como el mejor).

Otras más eran de golosinas y como grandes ausentes hay que mencionar los comerciales de cigarrillos, inhabilitados de la pantalla por restricciones impuestas a la publicidad del tabaco.

Sí, muchas cosas han cambiado. En cuenta un giro hacia una vida quizás más caótica, tal vez con menos gratificaciones emocionales, y de ahí la motivación para emprender el viaje en esta especie de máquina del tiempo.

En Teletica lo saben y por eso, una vez constatada la respuesta abrumadora del público, no tardaron en anunciar la producción de una segunda entrega y nuevos espacios que apelen a la nostalgia de los espectadores. 1

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