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Nicoya: equívocos y anacronismos

Actualizado el 09 de septiembre de 2012 a las 12:00 am

Aunque pertenecea esa tradición, el templo de Nicoyano es colonial

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Nicoya: equívocos y anacronismos - 1
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Nicoya: equívocos y anacronismos - 1

A pesar de lo trágico y lamentable de las pérdidas ocasionadas por el último terremoto al patrimonio material de muchos ciudadanos, al menos no tenemos los costarricenses que lamentar también pérdidas humanas, únicas verdaderamente definitivas en nuestra mortal condición.

Mas entre las pérdidas materiales que, además de lamentable hubiese sido irreversible quizá, está la del viejo y hermoso templo parroquial de San Blas de Nicoya, joya histórico-arquitectónica cuya significación trasciende tanto lo local como lo regional, pues hace mucho tiempo que su relevancia cultural es reconocidamente nacional.

A juzgar al menos por lo visto en las transmisiones televisivas el mismo día del sismo, se trata en mi criterio de daños del todo reversibles. Ahora le corresponde entonces al Centro de Investigación y Conservación del Patrimonio Cultural del Ministerio de Cultura y Juventud, realizar el diagnóstico de su estado y tomar las medidas necesarias para atenuar esos daños y garantizar la conservación de ese bien patrimonial.

Lamentable ignorancia. Muy lamentable, en cambio, fue la ignorancia demostrada casi sin excepción por los periodistas que cubrieron la noticia de la afectada estructura.

Los errores en dicha cobertura, fueron desde el inocente anacronismo de catalogar al templo de “colonial” (véase, por ejemplo, La Nación , 6 de setiembre, página 5A), hasta la equívoca afirmación del señor Ignacio Santos, en Telenoticias (durante la transmisión de los hechos “en tiempo real” como dicen ahora), de atribuirle al inmueble la increíble edad de “casi cuatrocientos años” (¿?).

Puesto que detrás de equívocos y anacronismos como esos, no existe en modo alguno mala fe, cabe entonces hacer algunas aclaraciones al respecto; anotaciones que por demás pueden enriquecer el aprecio que por dicho templo ya tienen los costarricenses con cierto bagaje cultural y ampliar el de otros en ese sentido.

Declarada ‘Reliquia Nacional’ mediante un decreto oficial, el 28 de julio de 1923, la iglesia de Nicoya no tuvo, sin embargo, la merecida atención de parte de nuestros estudiosos hasta los años setenta del siglo XX, cuando el historiador Carlos Meléndez realizó un riguroso trabajo de investigación que lo llevó a determinar la época de edificación de ese templo.

Un templo decimonónico' Publicado en el número 38 de la Revista de la Universidad de Costa Rica, de julio de 1974 –número extraordinario porque dedicado enteramente a Guanacaste en el sesquicentenario de la Anexión del Partido de Nicoya–, el ensayo de Meléndez se titula “Nicoya y sus templos históricos” (páginas 59 a 72).

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En él, valiéndose de un crítico análisis documental, el historiador hace la crónica de los templos nicoyanos, con toda probabilidad humildes y sencillos ranchos pajizos al principio, mas sólidas construcciones luego. Una de estas pudo ser, al menos, la de 1644, primera a la que se le consigna un techo de teja; la misma u otra apenas posterior, la que en 1751 vio el obispo Morel de Santa Cruz, “iglesia de piedra y teja”.

Si era esa la misma construcción que se encontraba muy dañada para cuando se suscitó la anexión a Costa Rica, en 1824, no permite determinarlo la falta de documentos ocasionada por el incendio ocurrido en la casa cural del lugar, en 1783. No obstante, a partir de entonces son irrefutables dos hechos argumentados por Meléndez: el primero es que el mal estado dicho dio ocasión a un esfuerzo de consolidación del templo existente por parte de la comunidad nicoyana; el segundo, es que apenas iniciado ese esfuerzo, el terremoto que destruyó Nicoya el 3 de abril de 1826, dio al traste con él, de todo lo cual dan cuenta los documentos de la época.

' de tradición colonial. Fue a partir de entonces, en pleno régimen federal centroamericano, cuando dio inicio la construcción del templo parroquial de San Blas de Nicoya, tal y como hoy lo conocemos y apreciamos los costarricenses.

Falta de fondos y un nuevo sismo en 1833, atrasaron la edificación que, siempre según Meléndez, no debió concluirse sino hasta 1850, en los albores ya de nuestro régimen republicano. Por todo lo cual, cabe afirmar que dicho templo no es, en estricto sentido histórico, colonial.

Sin embargo, arquitectónicamente hablando, en cambio, son de clara tradición colonial su fachada tipo retablo apenas, donde se conjugan la elegancia y la sencillez de un apocado barroco mestizo; su masiva volumetría que tanto contrasta con la liviandad que aporta a su interior la desnuda y esbelta estructura de madera, que sostiene la techumbre de la nave; así como el famoso “baúl” o bóveda de cañón que techa su capilla mayor.

De tradición colonial son también las técnicas constructivas que evidencia, presentes en una serie de templos de muy diversa escala, que se encuentran en toda Centroamérica, aunque más específicamente en Nicaragua, de donde con toda seguridad vinieron los “prácticos” que edificaron el de Nicoya.

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Vetusta y venerable pues, esa bella iglesia no requiere de blancas mentiras ni de piadosos anacronismos para ser valorada como la joya histórico-arquitectónica que es, testimonio del esfuerzo por la fe del piadoso pueblo nicoyano de ayer.

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