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Borrar grafitis cuesta ¢10 millones al año

Muros del Congreso, las páginas de la ira popular

Actualizado el 07 de abril de 2013 a las 12:00 am

Ataques, poesía e insultos les recuerdan a diputados la tarea que asumieron

Tradición de mensajes en paredes públicas viene desde la antigua Roma

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Con mano nerviosa sostiene una lata de pintura negra. Lleva en su mente un mensaje directo para los ocupantes de ese edificio público que, se supone, es la casa de los “padres de la patria”.

Y ahí está, al día siguiente, con el tibio sol de las 7 a. m., en la pared antes pulcra, que cada año recibe una mano de pintura.

Los mensajes son claros y muy directos: “Jueces narcos”, “Seremos libres”, “Kapitalismo de mierda”, “ Fuck police ”, “Diputados hijue...”.

La mayoría de los grafitis escritos en los muros de la Asamblea Legislativa revelan una disconformidad con el poder. Por eso están en el lugar donde el poder opera, o en sitios aledaños.

Así lo explica Carlos Villalobos, director de la Escuela de Filología, Linguística y Literatura, de la Universidad de Costa Rica, a la luz de la semiótica de las imágenes que inundan los edificios de instituciones públicas.

“En un lugar donde ha habido malestar popular es muy coherente que, a la par, se manifiesten los grafitis”, dijo Villalobos.

El impacto es incierto, pues depende de cada contexto, y la reacción suele consistir en borrar mensajes e imágenes. El grafiti político es de confrontación.

Sin embargo, también el Congreso “se ha apuntado” al grafiti. Un convenio con la Embajada de Alemania y la municipalidad josefina, el año pasado, permitió llenar de colores parte de sus muros.

Borrar los grafitis del malestar contra los políticos le cuesta a la Asamblea Legislativa ¢10 millones por año, dijo Antonio Ayales, jerarca administrativo de la entidad.

“Este año que pasó pintamos una parte. En los muros externos gastamos ¢10 millones anuales por los grafitis, y unos ¢25 millones en pintura general en todos los edificios”, agregó Ayales.

Las paredes retumbaron, literalmente, con las protestas del “combo del ICE” en el 2000, las del TLC en el 2007 y por las fotocopias en el 2012. Eso augura que la tradición de poner mensajes en las paredes, vigente ya en la antigua Roma, seguirá viva. La “mano de gato” que cada año se aplica a los muros del Congreso revela que los grafitis no les gustan a los diputados.

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Aarón Sequeira

aaron.sequeira@nacion.com

Periodista de Política

Periodista encargado de la cobertura legislativa en la sección de Política. Bachiller en Filología Clásica de la Universidad de Costa Rica. Investiga y escribe sobre negociaciones políticas, pactos partidarios y proyectos de ley de impacto nacional.

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