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Mitt Romney y los cuatro déficits estadounidenses

Actualizado el 29 de septiembre de 2012 a las 12:00 am

Dirección de su propuesta: más recortes impositivos con beneficio de quienes más tienen

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Mitt Romney y los cuatro déficits estadounidenses

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BERKELEY – Estados Unidos sufre cuatro déficits: uno fiscal, uno de empleo, uno de inversión pública, y un déficit de oportunidades. Las propuestas presupuestarias presentadas por Mitt Romney y su compañero de fórmula, Paul Ryan, podrían reducir el déficit fiscal, pero exacerbarían los tres restantes.

Queda claro que Romney y Ryan no entraron en detalles sobre cómo reducirían el déficit fiscal, simplemente pidieron que “confíen en ellos”. Pero la dirección general de sus propuestas es clara: más recortes impositivos que beneficiarían desproporcionadamente a quienes más tienen, junto con una significativa reducción del gasto discrecional en partidas no relacionadas con la defensa, que golpearía desproporcionadamente a todos los demás y debilitaría las perspectivas de crecimiento de la economía.

Déficit ocupacional. A pesar de los 30 meses de crecimiento experimentados por el sector privado, EE. UU. aún enfrenta un gran déficit ocupacional. La tasa de desempleo se mantiene más de dos puntos por encima de la “normal” (cuando la economía funciona cerca de su máxima capacidad). Además, la población económicamente activa continúa en valores cercanos a sus mínimos históricos.

Son necesarios más de 11 millones de puestos de trabajo adicionales para que EE. UU. regrese a su nivel de empleo previo a la recesión. Al ritmo actual de recuperación, eso requerirá más de ocho años. Mientras tanto, la persistencia del alto desempleo reduce el potencial de crecimiento de la economía, privando a los actuales trabajadores de habilidades y experiencia.

Cuando la demanda agregada es débil y causa que la economía funcione muy por debajo de su potencial, los recortes en el gasto gubernamental profundizan el déficit laboral. De hecho, en su reciente discurso en Jackson Hole, Wyoming, el presidente de la Reserva Federal de EE. UU., Ben Bernanke, previno que ese tipo de recortes inhibe significativamente la creación de empleos.

Sin revelar qué programas reduciría, Romney promete recortar el gasto federal en más de $500 millardos en 2016, limitándolo al 20% del PBI desde ese momento en adelante. También promete, además de los enormes recortes ya programados, otro inmediato del 5% en el gasto discrecional no relacionado con la defensa para 2013. Y ha descartado las medidas fiscales temporales adicionales orientadas a la creación de empleos del presidente Barack Obama, como sus propuestas de subsidios adicionales para los estados y gastos en infraestructura.

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Romney reconoce que los grandes recortes del gasto, junto con la finalización programada para fines de este año de las reducciones impositivas, podrían enviar nuevamente a la economía a una recesión en 2013. Pero promete conducir la economía lejos del abismo fiscal extendiendo los recortes impositivos implementados por George W. Bush, redoblándolos con un recorte adicional transversal del 20% en los impuestos a las ganancias y reduciendo la tasa impositiva para las empresas del 35% al 25%.

Con la posible excepción de la extensión de los recortes de la era Bush, implementar estos cambios requeriría un tiempo considerable. Incluso si se aprueban, sus efectos de corto plazo sobre la creación de empleos serían mínimos. Una reducción global de las tasas impositivas es poco eficaz en términos presupuestarios (la cantidad de puestos creados por cada dólar de ingresos resignado). La ayuda a través de menores cargas sociales y el gasto en programas como cupones para alimentos y compensaciones por desempleo son mucho más eficaces.

Romney también exagera los efectos de sus propuestas impositivas sobre el crecimiento en el largo plazo. Reducir las tasas impositivas personales y de los impuestos sobre el ahorro y la inversión, en el mejor de los casos, genera modestos aumentos en el empleo, el esfuerzo laboral y el ingreso. A pesar de los recortes impositivos de la era Bush, la expansión de 2001-2007 fue lo peor del período de posguerra en términos de crecimiento de la inversión, el empleo, los salarios y el PBI. La creación y el crecimiento del empleo fueron mucho mayores luego de los aumentos impositivos instaurados por el presidente Bill Clinton en la década de 1990.

Por otra parte, si todos los recortes fiscales adicionales de Romney fuesen financiados en forma neutral respecto de los ingresos, como él promete, solo cambiaría su composición y no la participación general de los impuestos en el PBI. No hay evidencia que indique que esto impulsaría significativamente el crecimiento, como afirma Romney.

Déficit de la inversión pública. Según lo dicho por Romney, podemos concluir que su plan exacerbará también el déficit de la inversión pública. La promesa de Romney de limitar el gasto federal al 20% del PBI para 2016, manteniendo las partidas de defensa en el 4% del PBI y dejando sin cambios tanto la seguridad social como Medicare para quienes tengan 55 años o más, implica exceptuar a más del 50% de los gastos gubernamentales de los recortes durante la próxima década. Por lo tanto, para alcanzar el límite del 20%, el gasto en todo lo demás debería reducirse en promedio el 40% para 2016, y el 57% para 2022.

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“Todo lo demás” incluye las inversiones gubernamentales en tres grandes áreas de las cuales dependen el crecimiento y los empleos de alta remuneración: educación, infraestructura e investigación. Estas áreas constituyen menos del 8% del gasto federal, y su participación ha disminuido ininterrumpidamente. Con Romney, se desplomaría a nuevos mínimos.

“Todo lo demás” también incluye el gasto en programas que ayudan a las familias con menores ingresos, como los cupones para alimentos, las becas estudiantiles, y Medicaid . Según el Centro para Prioridades Presupuestarias y de Políticas, casi dos tercios de los recortes presupuestarios de Ryan provendrían de esos programas. Romney ofrece pocos detalles, pero la aritmética sencilla muestra que su plan requeriría recortes aún más profundos en estos programas que la propuesta de Ryan.

Por otra parte, el plan de Romney en realidad aumentaría los impuestos sobre las familias de clase media. Su plan compensaría las menores tasas fiscales eliminando deducciones, como las de donaciones e hipotecas, mientras que mantendría las preferencias impositivas para el ahorro y la inversión. Pero no existen suficientes desgravaciones fiscales para que los ricos cubran otra reducción del 20% en sus impuestos a las ganancias. Por ello, el Centro de Políticas Fiscales , una organización apolítica, descubrió que el plan de Romney reduciría los impuestos generales para hogares con ingresos por encima de los $200.000, pero requeriría un aumento promedio anual en los impuestos de al menos $2.000 para los hogares con ingresos entre $100.000 y $200.000.

Déficit de oportunidades. El plan presupuestario de Romney también reduciría considerablemente en la progresividad del sistema federal de impuestos y transferencias, empeorando así la brecha en el ingreso, que ya se encuentra en su nivel máximo desde la Gran Depresión. El aumento de la desigualdad del ingreso impulsa un creciente déficit de oportunidades para los niños nacidos en familias de clase media y baja, que se refleja en las disparidades en los logros educativos según el origen familiar, y una reducción en la movilidad intergeneracional. Con Romney, el déficit de oportunidades se ampliaría y privaría al país de futuro talento y productividad.

Romney ha compartido pocos detalles sobre su plan para reducir el déficit.

Pero, según lo que ha revelado, sabemos que ampliaría el déficit ocupacional, el déficit de inversiones y el déficit de oportunidades, con consecuencias negativas para la prosperidad y el crecimiento futuros.

Laura Tyson. Profesora en la Haas School of Business de la Universidad de California, Berkeley

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