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“Mirar el huerto del vecino”

Actualizado el 01 de octubre de 2012 a las 12:00 am

Saber mirar el huerto del vecino, no por chismoso uno, sino por querer aprender

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“Mirar el huerto del vecino”

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En este mes de la patria, antes de la avalancha navideña que se avecina, es bueno pensar en qué y cómo se celebró el 15 de setiembre. Solo vi una parte de los desfiles en unas cuadras centrales en Montes de Oca. Aplaudo ingentes progresos del Colegio Vargas Calvo, pese a que, tanto en culturas occidentales como indígenas, la idea “tambores” se suele asociar con “guerra”. Confío en que no es el caso en esta tierra que proclama pacifismo. Esos, en patineta, demostraron su torrente artísticamente entre las filas: sorprendieron y... agradaron.

Variedad nueva también fue aquello de banderas internacionales. No está la de México, me comentó una espectadora azteca... Nadie espera, supongo que estén representadas todas las Naciones Unidas. A lo mejor, ese conjunto de símbolos patrios lo pusieron en las calles, simplemente por lo colorido. Sin embargo, puede tener un alto potencial, más allá de la forma.

Quisiera verle un intento por salir de la dicotomía con que se suele vivir lo local: pero mostrar apertura e interés hacia lo de fuera no va en desmedro de lo propio, al contrario. Caer en lo exclusivo, en aislarse del resto y pensar que somos una isla, ya lo denunció Isaac Felipe Azofeifa, como también lo veo en una interesante cita de Reinhold Niebuhr, que retoma González Dobles, en “La patria del tico”: “Hay una paradoja en el patriotismo (...). Este transforma el altruismo individual en egoísmo nacional”.

Exploremos esa modalidad, ya no de subrayar una Costa Rica rodeada de fronteras, sino como pequeño país que sabe insertarse en el concierto mundial. Por supuesto, como ya lo señaló Rubén Darío y lo perpetúan billetes bancarios del norte, es perfectamente aplicable a nosotros aquello de “si la patria es pequeña, uno grande la sueña”.

La idea antiaislacionista la subrayó también, hace un tiempo el ministro de Educación: “Entre patria y patria, las fronteras deben ser cada vez más canales de comunicación y enriquecimiento mutuo y cada vez menos barreras o muros de contención que, inevitablemente, empobrecen a quienes se encuentran a cada lado de las paredes, de los alambres... o de las visas”.

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Vivan esas enseñas patrias al lado de la de Costa Rica: varias estudiantes de ese grupo tenían en el pelo una cinta con los colores ticos: que no sea como un amuleto, de miedo primitivo a contagiarse con lo de fuera. Uno no es menos tico por conocer comparativamente otros países más allá de su aeropuerto, por manejar varios idiomas, por contribuir desde el terruño a un planeta más natural, sano, equilibrado y variopinto.

Al fin y al cabo, tenía razón también Julio Cortázar (en “La vuelta al día en ochenta mundos”): “el poncho te lo dejo, folklorista infeliz”. A la larga, junto con excelsos poemas, muy propios al mismo tiempo que cosmopolitas, de Brenes Mesén y Omar Dengo, entre otros, ese era también el significado de la histórica metáfora subrayada por Rodrigo Facio, un economista que, además, sabía de humanismo: saber mirar el huerto del vecino, no por chismoso uno, sino por querer aprender, por atreverse a confrontar lo de fuera con lo propio, y al revés. Sigamos, pues, buscando formas nuevas para celebrar el día nacional. Ah... y para el otro año, les presto más de veinte banderas...

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