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Minas que minan

Actualizado el 06 de enero de 2013 a las 12:00 am

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Minas que minan - 1
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En el mundo literario costarricense, junto a las narrativas urbanas, experimentos de ciencia ficción y literatura fantástica, se han presentado varias obras que se interesan por el pasado y recurren a él para enmarcar una ficción.

Entre esos trabajos destacan Asalto al Paraíso , de Tatiana Lobo; El pasado es un extraño país y Los días que fueron , de Daniel Gallegos; Pagos de polaco , de Jacobo Schifter; Limón Blues y Limón Reggae , de Anacristina Rossi; Te llevaré en mis ojos , de Rodolfo Arias Formoso, y Hasta encontrarnos de nuevo , de Sergio Muñoz Chacón.

En esas novelas hay una desafiante construcción narrativa del pasado distante o reciente, que se interesa por un marco histórico que sus autores construyen con tino y con conocimiento, aunque su objetivo fundamental siempre es la ficción.

A esos experimentos de novela histórica se agrega ahora la recién publicada Avancari , de Santiago Porras Jiménez. Es un relato que se enmarca en el mundo de las minas de Abangares en 1911 (aunque va antes y después de ese tiempo), justamente en el momento en que ese espacio viviría un evento social tremendamente conflictivo.

Porras es conocedor como pocos del espacio en el que ocurrieron esos eventos, y se interna seriamente a recrear el mundo de las minas de oro, a través de cuatro voces: la del oro mismo, la de una estadounidense que envía cartas a una amiga en su país natal, la de un viejo minero y la del narrador.

Las fuentes de su narrativa provienen de un tesonero trabajo de archivo, de testimonios de gente del lugar y de las obras históricas sobre las minas de Abangares escritas por José Gamboa, Antonio Castillo y Guillermo García.

El resultado de este intento de ficcionar ese espacio es interesante y rico, pero limitado. El mejor momento de la narrativa de Porras es su descripción del espacio, de la naturaleza, de la infraestructura y en general del mundo de las minas. Allí se admira bien su destreza narrativa y su dedicación al detalle descriptivo. Las voces que se entrecruzan son más llamativas cuando advierten ese espacio y lo inspeccionan.

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La limitación de la narración es de dos tipos y deviene justamente de su riqueza y del experimento narrativo de Porras. La primera es de estructura: al texto le hicieron falta pausas por capítulos o secciones para que el lector pudiera descansar y afrontar lo leído.

La segunda limitación es más del carácter de la construcción de la ficción en ese marco histórico. La voz que triunfa es la del minero pues con su argumento se cierra toda la novela, pero las otras voces quizás también tenían “derecho” a cerrar sus propios argumentos.

Luego, la voz de la estadounidense, construida a través de sus cartas, precisó de un trabajo más profundo en dos vías: la cultural y la del idioma. Esta extranjera, que describe mucho el espacio y las costumbres de la gente en las minas, tiene pocos problemas culturales para manejarse en ese mundo. ¿Por qué? Hizo falta más trabajo también con el estilo en que escribían los viajeros extranjeros de inicios del siglo XX.

Por otro lado, el viaje que realiza esa extranjera al San José de la década de 1910 le quedó debiendo mucho al espacio cultural que era la capital en aquel momento. Una lectura del diario de Dana Gardner Munro, quien vivió en San José a mitad de la década de 1910, hubiese bastado para advertir qué podía hacer un estadounidense en ese mundo capitalino y sus posibilidades.

Finalmente, la dedicación y el éxito de Santiago Porras a la construcción del espacio no tuvo un trabajo similar en lo humano. La construcción de los personajes pudo haberse enriquecido más, y parece que el autor tenía toda la posibilidad de hacerlo.

Si el final de la novela era justamente el momento de mayor tensión social, el autor pudo haber explotado más la forma en la que tanto el espacio como los personajes llegaron a ese momento de explosión. Al contrario, la falta de visualización de por qué ocurre la conflictividad (aunque el autor da algunos destellos al respecto) hace que no se resuelva el nudo que llevó a ese final.

Al respecto, Santiago Porras pudo beneficiarse de la literatura existente sobre la interacción histórica habida entre caribeños y trabajadores latinos en esos espacios donde se cruzaban en el mundo del trabajo, para enriquecer su interpretación literaria del choque social final. En muchos sentidos, los caribeños quedaron mudos en esta novela.

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Vale decir que Avancari es un texto agradable que evidencia el poder narrativo de su autor, su destreza y sus virtudes, y que lo invita a seguir explorando las veredas de la novela histórica. Ojalá continúe empecinado con ese camino.

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