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Mejor gobernanza mundial

Actualizado el 03 de octubre de 2010 a las 12:00 am

La Presidenta impulsó en la ONU objetivos nacionales y valores universales

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Un verdadero gobierno mundial es imposible. El carácter del sistema internacional, con sus múltiples centros de poder y soberanía, impide establecer estructuras y fuentes de decisión típicas del ejercicio gubernamental.

Pero la gobernanza global, entendida como la adhesión a principios, objetivos, organizaciones y procedimientos comunes por parte de las naciones soberanas y otros actores claves, sí es una aspiración viable; también, necesaria.

Conforme aumenta nuestra interdependencia, más necesario es compartir responsabilidades sin distingo de fronteras. Pensemos en el ambiente, la economía, el terrorismo o el crimen organizado: cada vez exigen más un abordaje conjunto, conforme a reglas mínimas concertadas.

Por esto, Joseph Deiss, expresidente suizo y presidente actual de la Asamblea General de las Naciones Unidas, propuso que su Debate General de este año tuviera como eje el papel de la ONU en la gobernanza global.

Pocos jefes de Estado y Gobierno acogieron su pedido. Pero la presidenta Laura Chinchilla lo abordó ampliamente, y en su discurso ante ese foro, el 23 de setiembre, dio una respuesta asentada en cuatro pilares: las responsabilidades del sistema internacional, nuestros compromisos mundiales como país, los principios de nuestra política exterior, y las prioridades y necesidades nacionales.

Esa perspectiva, global y a la vez local, también guio sus palabras en la sesión previa de la Asamblea, dedicada a revisar el avance de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), y orientó sus contactos bilaterales. Si a lo anterior se añaden dos días (lunes 20 y martes 21) dedicados a la promoción de inversiones, el viaje se muestra aún más coherente.

El eje humano. En su discurso de fondo ante la Asamblea, la Presidenta recordó que las personas, más que los Estados, deben ser los sujetos de la acción política.

Desde esa visión, destacó los aportes de las Naciones Unidas a los derechos humanos, la paz, la seguridad, el desarrollo sostenible y otros ámbitos, y elaboró sobre la interrelación entre el buen gobierno nacional, que debe ser democrático, y la gobernanza global.

Como punto de partida para la acción, llamó a respetar el derecho internacional y los organismos multilaterales, principales instrumentos de nuestra seguridad como país, y requisitos para que podamos “vivir en paz y potenciar el desarrollo”.

Tras preguntarse cómo avanzar a partir de esos principios, respondió con seis ejes:

• Impulsar los conceptos, organismos e instrumentos de derechos humanos. De aquí la candidatura de Costa Rica al Consejo de Derechos Humanos de la ONU para el período 2011-14 y nuestro apoyo a la Corte Penal Internacional.

• Combatir la producción, proliferación y trasiego de armas, desde las nucleares hasta las convencionales, mediante el apoyo a diversos tratados o el impulso a otros en gestación, y hacer que la paz también “se aloje en la mente e imaginación de los seres humanos”.

• Enfrentar con eficacia el narcotráfico, el crimen organizado, el terrorismo, el tráfico de armas y “la aberrante explotación y tráfico de seres humanos”. Recordó, que “la narcoactividad pone en riesgo los avances en desarrollo de los países centroamericanos”, y pidió “coordinación y cooperación global y una revisión profunda de las estrategias seguidas hasta ahora, muchas de ellas fallidas”.

• Insistir en que la ayuda internacional “no debe desconocer la dimensión ética del desarrollo”. Por esto, aunque se dé preferencia a los países más pobres, como corresponde, no se debe olvidar a los que, como Costa Rica, han logrado avanzar “gracias a buenas inversiones y acertadas decisiones”, pero aún tienen serios desafíos de desarrollo, pobreza y equidad.

• Destacar que “la paz debemos establecerla, también, con el ambiente y el desarrollo”, y que la sostenibilidad tiene doble cara: ambiental y humana.

• Pedir que la ONU mejore su gobernanza interna, para ser más eficiente, no caer en la irrelevancia y predicar con el ejemplo.

Con ese guion temático, la Presidenta reiteró las líneas esenciales de nuestra política exterior, pero incorporó en ella un nuevo tema de prioridad nacional (el embate del narcotráfico), y relanzó otro algo marginado (el desarrollo sostenible). Así, elaboró una propuesta integral y balanceada, con visión, valores y fuerza simbólica universal, pero, a la vez, con responsabilidad nacional.

La síntesis estuvo en una de sus últimas frases: “Así como muchos países aún necesitamos la ayuda del mundo, el mundo necesita la ayuda de todos los países”.

Los frentes bilaterales. Sus contactos bilaterales más emblemáticos fueron las reuniones con los presidentes de Israel, Shimon Peres, y Palestina, Mahmoud Abbas. No los animó ningún iluso intento de mediación, sino un razonable testimonio de que es posible ser amigos de ambos pueblos, sobre la base de nuestros principios, la discusión de nuestras diferencias y el reconocimiento de sus derechos.

Con Anthony Lake, director ejecutivo de Unicef (Fondo de la ONU para la infancia), la Presidenta exploró modalidades de colaboración, acompañamiento y evaluación para la “red de cuido” y otros proyectos dirigidos a fortalecer los derechos de nuestros menores de edad.

En sus encuentros con Helen Clark, administradora del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), y Luis Alberto Moreno, presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), los temas fueron inversiones, política social, educación y salud.

Los que tuvo con sus colegas de la República Checa, Croacia y Eslovenia sirvieron para reactivar o impulsar nexos fundados en ideales compartidos.

Y su conversación con el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, destacó la gran cercanía que existe entre lo que somos, hacemos y queremos, y lo que proyectamos al mundo como país.

Por algo, en su informe público sobre el encuentro, la oficina del Secretario General anunció que Ban había felicitado a la Presidenta por su elección y “por el liderazgo de Costa Rica en derechos humanos, desarrollo y cambio climático”, tres aspectos esenciales de nuestra agenda nacional e internacional.

También hablaron de seguridad ciudadana y atención de desastres naturales.

Si algo queda de manifiesto con este viaje, es que, sin ocultar problemas o debilidades, pocos países como Costa Rica pueden revelar con orgullo lo que hacen, evitar los dobles discursos sobre derechos humanos, paz, desarrollo o democracia, y usar la influencia de esa fuerza asentada en conducta y principios (soft power) para promover, en conjunto, principios universales e intereses nacionales.

La Presidenta logró activar esa fórmula con energía, convicción y persuasión. Así, también, reveló la faceta internacional de su liderazgo, hasta ahora poco conocida.

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