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Medioambiente y marinas turísticas

Actualizado el 23 de octubre de 2012 a las 12:00 am

Una marina turísticano implica necesariamente la destrucción ambiental

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Medioambiente y marinas turísticas - 1
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Porque hay un análisis hasta ahora sesgado contra las marinas turísticas, a partir de un par de malas experiencias, es pertinente otro punto de vista. Las marinas turísticas son, en términos generales, pequeños puertos diseñados para la atención de embarcaciones de pequeño calado que requieren servicios para ellas y sus tripulantes. Energía eléctrica, protección, reparación y mantenimiento, tratamiento de aguas servidas, recolección de desechos, abastecimiento de combustible, servicios de migración y aduana, abastecimiento de equipos y otras necesidades, disponibilidad de guías con conocimiento de pesca deportiva, servicios de alojamiento y restaurante.

Se encuentran en países donde el turismo marítimo, los deportes acuáticos y la pesca deportiva en particular, son valorados como actividades de interés para el desarrollo, como sucediera en el contexto del Proyecto Turístico Golfo de Papagayo promovido por el ICT en Guanacaste. Fue precisamente en el marco de la actualización del Plan Maestro de este cuando algunos señalamos la necesidad de contar con los servicios anotados, en vista de que el eventual desarrollo del polo turístico atraería numerosas embarcaciones turísticas hacia bahía Culebra. De esta forma, se emitió en 1998 la legislación correspondiente que permitiera su construcción y administración en el ámbito privado, como parte de un proceso donde la protección ambiental era parte sustancial.

Así, para mitigar eficientemente el impacto ambiental negativo que hubiera tenido la presencia de cientos de embarcaciones turísticas en esa zona marino- costera, que tendrían que abastecerse de combustible, realizar reparaciones y que generarían residuos sólidos y aguas residuales, entre otros, se planteó la urgente necesidad de avanzar en el establecimiento de los mecanismos que permitieran la construcción regulada de marinas –en todo el país– cumpliendo todos los requisitos ambientales necesarios para un adecuado funcionamiento de ellas.

Se sabía, gracias a la clausurada y mal llamada “marina” Flamingo, construida muchos años antes de que se establecieran los controles del Estado para su desarrollo y funcionamiento, que una marina turística mal diseñada y peor construida puede impactar negativamente su área de influencia. Por ello en Costa Rica, excepcionalmente, los proyectos de marinas no solo deben obtener la correspondiente viabilidad ambiental de la Setena, sino también recibir la aprobación previa de una comisión interinstitucional (Cimat) encargada de establecer los términos técnicos obligatorios para su ubicación, construcción y operación.

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Como es de esperar, las condiciones físicas y ambientales del entorno, junto a las características sociales y económicas del área de influencia directa e indirecta, son aspectos sustanciales tomados en cuenta por ambos entes.

Como aclaración a cierta desinformación divulgada, en los Estados Unidos existen unas 12.000 marinas turísticas, algunas de las cuales son capaces de albergar más de 6.000 embarcaciones, y en estados que se precian por su desarrollo en las ciencias marinas, como es el caso del pequeño Rhode Island, funcionan 300 atracaderos y marinas. Verdaderos focos de desarrollo caracterizados por el funcionamiento de hoteles, servicios comerciales y otros que, bajo una adecuada dirección, comparten sus beneficios hacia las comunidades costeras.

No se trata, ¡aclaramos!, de que sean bienvenidos aquellos proyectos que violenten la normativa ambiental y jurídica que los regula, y que conlleven amenazas de destrucción ambiental por su construcción y funcionamiento. Posibilidad que gracias al “control cruzado” al menos de dos organismos del Estado con participación multidisciplinaria, no vislumbramos posible. Pero tampoco afirmar sin fundamento, que el funcionamiento de una marina turística, desarrollada según los estrictos requisitos existentes, traiga consigo la destrucción (!) de 314 km² de los territorios marinos y terrestres a su redonda, y que además, compitan con el resto del país, como centros de contrabando de drogas y promoción de la prostitución. Estos son argumentos antojadizos emitidos a la ligera como parte de una oposición de los que no las quieren en ningún punto de los más de 1400 km de la línea costera de las vertientes Caribe y Pacífico del país. Por supuesto, sin valorar los beneficios ambientales y socioeconómicos inherentes a ellas.

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