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MarioSotela

Actualizado el 02 de diciembre de 2012 a las 12:00 am

“El jugador tiene que sufrir”

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Personajes 2012

Un hombre que se define como “más cercano al socialismo que al capitalismo” me habla del hambre.

Es flaco y alto. Tiene 57 años y lleva el pelo muy largo, recogido en una apretada cola. Al verlo, me parece uno de esos roqueros viejos que se oxidan en los bares de Nashville. Se llama Mario Sotela Blen y con esta entrevista rompe el hermético silencio mediático que se impuso meses atrás, cuando las finanzas del Club Sport Herediano se incendiaron las finanzas del Club Sport Herediano se incendiaron . Cuando los acreedores asediaban , la afición pedía a gritos su cabeza y los jugadores denunciaban que, en el mejor momento de su historia deportiva, les habían dejado de pagar el salario.

Son las 11 de la mañana y Sotela habla fluidamente. Sin reparos defiende la idea del hambre. La desarrolla con diferentes argumentos. Me dice que el hambre es necesaria. Me asegura que eso fue lo que unió a un grupo de futbolistas y les proporcionó el temple que necesitaban para ganar el campeonato después de 19 años de frustraciones.

No me habla de angustias familiares, desazón, ni tristeza. En sus labios el hambre es una ventaja competitiva. El hambre es, apenas, un recurso estratégico. Una aséptica herramienta metodológica para cristalizar la moral del grupo.

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Él habla; yo escucho. Él habla, yo sospecho que apaga la feroz hoguera que consume al Club Sport Herediano arrojándole, metódicamente, una molotov detrás de la otra.

“El hambre unió a los jugadores. Como me dijo Michel Hidalgo : ‘Si no hay hambre, no hay triunfo’, y esa es la realidad. Uno tiene que tener hambre para ganar. (') El jugador tiene que sufrir si no gana. Porque, si no sufre, nunca va a tener esa hambre de ganar. Ellos tienen que sacrificarse, ganar a como sea y eso lo logré en Heredia. ¿Cómo se logró? No importa, pero se logró (...) Dentro de 20 años, todo el mundo se va a acordar del Heredia que fue campeón y nadie se va a acordar que se le debía a los jugadores. ¿O preferís un Cartago que paga todo al día y está casi de penúltimo? (') Cuando yo hablo con los franceses, ellos no entienden cómo un jugador pierde un partido y se sube al bus cantando y bailando, cuando tendría que estar llorando. Esto no puede pasar, pero esto es Costa Rica, todo es pura vida, ¿verdad?”

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–¿Usted cree que existe una relación entre no cobrar el salario y tener un buen rendimiento deportivo?

“El peor enemigo del Herediano son los dirigentes de la Asociación (Deportiva del Club Sport Herediano) que tienen intereses personales. Yo le garantizo que ninguno de esos dirigentes va a hipotecar la casa, ni va a sacrificar su salario, ni va a arriesgar nada personal, como lo está haciendo mi mamá y como lo hice yo. Hipotecamos propiedades para salvar al equipo, de verdad hemos sufrido financieramente para salvar al equipo y nos ha costado muchísimo, pero la vida es así y, como dicen, ‘la mentira corre muy rápido, pero la verdad siempre la alcanza’ ”.

–En Heredia hay un plantel de jugadores y de familias que pasaron meses de muchas necesidades, de mucha angustia económica. ¿Qué les diría?

“Bueno, en primer lugar, no fueron meses, eso es falso. En Costa Rica hay un problema, cualquiera dice: ‘ se deben tres meses ’ y uno no puede llegar a demandarlo por daños y perjuicios. Aquí cualquiera puede decir algo y luego dice: es que me contaron, pero no hay una realidad. Te digo, sí hemos tenido atrasos de un mes, mes y medio, pero se han puesto al día. Se han pagado premios, pero son cosas que no se han dicho. Nadie dice nada. También se ha recolectado mucha plata de la afición y si esa plata hubiera entrado por el club no habría atraso salarial. Todo es muy polémico, porque los jugadores no han estado recibiendo un salario, sino salario y medio, a ellos siempre se les paga (') Y esta hambre de los jugadores no existiría si la Asociación se pusiera la mano en el corazón y se quitara la ambición de agarrar el equipo a costa de lo que sea”.

“Esa es la realidad, la culpa no es nuestra, la culpa es de la Asociación y eso se lo puedo probar con cartas y con hechos; lo que pasa es que nosotros nos hemos mantenido callados. Usted no se imagina lo que sufre y lo que mamá ha llorado porque no se le puede pagar a los jugadores. Yo sufro mucho, tengo jugadores a los que quiero como hijos. Usted no sabe lo que sufro, pero yo no puedo ayudarlos porque ya no tengo el dinero para hacerlo. Por eso, yo quiero salirme del fútbol y empezar a hacer otros negocios míos que me dejen la plata que yo he estado acostumbrado a gastar”.

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¿Creador de sueños?

Sotela habla y yo escucho. Sotela es en realidad una fabulosa máquina de hablar. Dispara una anécdota detrás de la otra; las hilvana con gracia, con humor. Parece haber estado en todas partes y haber conocido a todos. Habla de su vida en Hollywood, de su amistad con Margaux Hemingway, de su adolescencia en el San Francisco alucinado y hippie de los años 60, de cuando produjo una película con Sharon Stone y aplacó un desplante de la diva regalándole unos escarpines de Chanel o de cuando declinó financiar uno de los cien discos más vendidos en toda la historia de la música.

“Chris Blackwell, el dueño de Island Records, una de las mayores disqueras del mundo, que tenía a Bob Marley y que es mitad tico, es de apellido Lindo, de los Lindo de Costa Rica. Él me invitó a cenar y me sentó a la par de unos irlandeses, uno era Bono y el otro era The Edge, de U2. En un momento, Chris me dice: ‘Pucha, me falta medio millón de dólares para sacar este disco’. Y yo le contesté que no sabía nada de música, que me faltaba criterio. Y él me respondió que, si invertía, me daba el 10%. Y yo le dije que mejor pasaba, que no sabía nada de música. El disco era The Joshua Tree, de U2' ¡Y yo no me metí! Me hubiera ganado, no sé, $200 millones...”

Así es el mundo a través de la memoria de Mario Sotela, vertiginoso, sorprendente, glamoroso. Un mundo a lo James Bond, repleto de actrices, jirafas, helicópteros, aviones privados y negocios de millones de dólares. Un mundo que coexiste con el del Club Sport Herediano, pero es muy diferente.

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Sotela habla y me dice: “Un amigo me dijo que yo soy un creador de sueños, y es cierto: a mí me gusta darle sueños a la gente”. Yo repaso mentalmente los titulares del último año y no puedo evitar mencionar que muchos aficionados al fútbol lo ven más como un creador de pesadillas que de sueños. Y él, sin agitarse demasiado, me responde: “Bueno, pero tal vez no deberían vivirlo como pesadilla, porque se logró el objetivo, que era ganar. Y eso era todo, se les dio el campeonato y no lo agradecieron. Cuando usted le regala algo a alguien y no lo agradece, ¿cómo queda esa persona?”

“Vea, Heredia es un mundo en otro mundo. Yo nunca he conocido un pueblo más cizañoso que Heredia. Entre los mismos directores se cortan la cabeza. Es un pueblo complicado, es un pueblo donde todo el mundo se serrucha el piso, así es Heredia. A mí no me preocupa, porque esa es la idiosincrasia de ellos”.

Y, nuevamente, no puedo evitar mencionarle que, con este discurso, no va a incrementar su popularidad en Heredia.

“Pero es así; es muy difícil. Mi abuelo fue fundador de Heredia. Nicolás Ulloa. Yo desciendo de Juan Vázquez de Coronado, más tico que yo no puede haber. Tengo 19 generaciones costarricenses. Yo amo Costa Rica y yo di todo por el Herediano. Si la gente no quiere agradecerlo... Yo se los regalé, si no me lo quieren agradecer, no importa. Yo logré el objetivo, les di el campeonato y, lo más lindo de todo, es que le di el campeonato a mi mamá y a mi tatarabuelo Nicolás Ulloa”.

Sotela habla de la conquista del campeonato nacional de fútbol en primera persona. Dice: “Yo se los regalé. Yo les di el campeonato. Yo logré el objetivo”. Y uno se siente tentado a imaginarlo sobre la gramilla, con los tacos puestos, multiplicado por once. Un equipo entero con su rostro, disparando cañonazos sobre el arco rival, un gol detrás del otro, con la camiseta rojiamarilla pegada de sudor en el torso.

Sin embargo él admite que no es un apasionado del fútbol y asegura que su deporte es el surf, que se metió a administrar el Herediano solo para cumplir el sueño de su madre, doña Roxie Blen . “Yo no soy futbolista. La gente no lo cree pero, muchas veces, está jugando Heredia y yo me voy al cine o a jugar tenis porque no soy fanático (') Yo, más que nada, me metí en el Herediano porque me lo pidió mi mamá y mi meta era hacer campeón al Herediano, para mi mamá, no para mí. Yo ya cumplí, le dejé el equipo campeón, ese era mi sueño y lo único que valía para mí era hacerle realidad el sueño a mi mamá. Ya me puedo morir tranquilo; le hice el sueño a mi mamá y me voy feliz por eso”.

Futbol: un negocio horroroso

La pila de años que vivió entre París, San Francisco y Lausana, no han hecho mella en su acento. Mario Sotela habla como si nunca se hubiera movido de las montañas de Escazú, su voz tiene un sabor bien costarricense. Finaliza las frases con el clásico “¿verdad”? Aspira las erres hasta borrar el último rastro y pronuncia ‘futból’ en lugar de ‘fútbol’.

Y, por encima de todas las cosas, Sotela repite, una y otra vez, que ese “futból” fue el peor negocio de toda su vida. “El futból es el negocio más horrible en que yo he estado en mi vida ('). Es un negocio horroroso, es el peor negocio en que yo he estado en mi vida. Ahí la humanidad no sirve. Tenés que ser frío como hielo para tener resultados (') El problema en el futból es que todos los aficionados, aunque no sean dueños del equipo, se creen dueños del equipo (') Es un negocio complicado, porque si vos sos dueño de la Coca Cola, podes decidir y hacer, y nadie se mete, pero el problema de un equipo es que todo el mundo cree ser el dueño y todo el mundo opina y todo el mundo todo...”

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Asegura que la explicación para el fracaso comercial del Herediano, justo cuando el equipo atravesaba su mejor rendimiento deportivo, no es su culpa. Se sacude y alega que ese fracaso no lleva su nombre y que, por el contrario, él como empresario deportivo, representa el cambio. Y que ese espíritu de cambio desafió a un status quo que tiene intereses creados para que todo siga como hasta ahora y que se aferra a una zona de confort aunque el futbol salga perjudicado.

“Yo represento el cambio. Yo sé que para que el futból en Costa Rica salga adelante, hay que hacer muchos cambios. Pero hay muchos intereses creados que no quieren que pasen esos cambios. Por ejemplo, las televisoras o la misma gente. Si usted va a Europa, todos los equipos de futbol reciben muchísimo dinero; todos los estadios están llenos porque hay pay per view. Vos pagás por ver un equipo de futból. De esa forma, los equipos ganan muchísimo más dinero y, al tener que pagar por ver en televisión a un equipo, otra gente prefiere ir al estadio. Pero eso requiere el sacrificio del aficionado y fregarle el negocio a las televisoras. Hay muchos intereses creados y el ataque contra mí sobreviene cuando, en Liberia, yo le prohibí la entrada a las televisoras, porque no pagaron el derecho de autor. Ahí es donde se viene el ataque contra mí y, desde entonces, no dejaron de atacarme. Esa es la verdad”.

“Han pasado cosas cochinas”

Además del hambre, los otros temas que atraviesan la charla son el fanatismo y la pasión futbolera. Fanatismo y pasión son términos que Sotela no comparte, de los que desconfía en términos comerciales y teme físicamente. “En Costa Rica, hay mucho fanatismo, y el fanatismo es como apostar, no pensás con la razón, sino con el corazón y eso es terrible, ¿verdad?”

“A mí nunca me han amenazado más de muerte que cuando quedamos campeones. Es más, antes de quedar campeones, ya me habían amenazado muchas veces y eso me parece una locura porque eso ya es fanatismo. ¡Por supuesto que me he sentido inseguro! Cuando te dicen que te van a matar, o que te van a mandar a cinco personas a leñatearte, ¿cómo no te vas a sentir inseguro, verdad?”

Sotela habla y habla. Sotela es una formidable máquina de hablar que, por momentos, incursiona en territorios inflamables, como el de la corrupción en el fútbol costarricense.

“Cómo es posible que miembros de la Asociación llamaran a nuestros jugadores en la final para que no jugaran o para que perdieran... Pero después andaban celebrando el campeonato... hay una hipocresía y una corrupción en nuestro futból que no me gusta, por eso quiero salirme del futból (...) Es un desastre, es una cochinada y es una cosa que no depende de un equipo, porque un equipo puede jugar muy bien, pero un árbitro puede destruirte toda una temporada... Y no pasó nada, fue un error arbitral y nada pasó, pero se te fue el campeonato. Y así nos pasó en dos campeonatos (') Yo sé que aquí han pasado cosas así o que compran jugadores; han pasado cosas cochinas...

–Usted habla de corrupción en el fútbol, ¿qué significa eso?

“Yo prefiero no hablar, no hablar de corrupción en el futból. Para eso está la Federación , que sabe que existe la corrupción, y para eso está la Unafut, que también sabe que existe. Es una cosa muy delicada, es una cosa que tienen que arreglar, porque' bueno, hasta en Italia pasa, imagínese, con partidos que los arman' Yo sé que aquí han pasado cosas así o que compran jugadores”.

– ¿Comprar jugadores para que pierdan?

“Sí, que los compran para que pierdan' y eso no puede ser (') si yo hablara de lo que hay en el futból y de la corrupción que hay, bueno, aquí hay una bomba atómica en Costa Rica'”

Sotela habla; yo escucho. Y luego, al transcribir sus palabras siento que, a lo largo de las horas que conversamos, él fue, cuidadosamente, palabra a palabra y frase a frase, armando esa bomba atómica. Y que, sin mayores aspavientos, a lo tico, aspirando las erres y sonriendo amablemente, la acaba de detonar.

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