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Mariela, operación comando

Actualizado el 13 de junio de 2012 a las 12:00 am

Mariela Castro Espín halló una vía para posicionarse en el futuro de la patria de Martí

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La prensa de habla hispana dedicó amplia atención al reciente periplo de Mariela, segunda de los cuatro hijos del matrimonio de Raúl Castro y Vilma Espín, por San Francisco y Nueva York.

¿Qué buscó la cincuentona dama en territorio oficialmente enemigo de la discutida revolución de tío y papá? Mariela Castro Espín ejerció de rebelde con causa y de simulador clarín del sistema que ni ella acepta.

Mariela ejerce de sexóloga indomable. Dirige un centro (Cenesex) para igualar derechos de gais, lesbianas, bisexuales y transgénero. Lucha por validar los matrimonios del mismo sexo y el VIH-sida, en Cuba. Cabalgando sobre la cresta de la ola de moda, en el mundo, atrajo la atención extra-Isla. Influyente hija de papá y mamá, generó la apertura de los tabúes criollos. Nadie la detuvo.

Para empezar, dividió las noches del malecón habanero, desde el Hotel Nacional a Prado, en acotados espacios para jineteras y LGBT sin sufrir molestia o persecución de la Policía. Quien manda, manda.

El congreso de la Asociación de Estudios Latinoamericanos (LASA) invitó a Mariela para disertar a la sombra del Goldengate. Brillante ocasión para una razia de apología/ideología y desafío/castrista, en el traspatio del Tío Sam, tras observar que el presidente Obama aprobó los esponsales gais.

Ninguna pancarta gohome, ni protesta a viva voz, ni curiosa sorpresa, esperaron a Mariela. Inadvertida en el trajín de la hispánica capital. Eso sí, gente de carácter informativo. Apuntó que no admitiría preguntas, llegaba a trabajar, según dijo. Y agregó, cual explosión de euforia: estoy entusiasmada. No esperaba un recibimiento tan cálido de ustedes.

Doscientas personas la escucharon en San Francisco y cien, restringida entrada, en Nueva York. Lo importante para ella era el eco de su presencia en Estados Unidos fuera del foco típico de las cerradas conferencias.

Hace más de un año, la CNN en español (permitida la versión en inglés) fue cortada en Cuba. Renovada, con acento hispano, dedicó espacio y atención a cubrir/seguir las actividades de la Damas de Blanco, desfiles pacíficos con gladiolos y maltrato con saña de las brigadas de acción rápida. La evidencia en imágenes molestó al poder criollo que suspendió a la multinacional de la noticia.

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Pese a los pesares, Mariela aceptó entrevista por CNN para América, excepto su lugar nativo. La prensa controlada de la Isla desconoció la aventura, por el norte, de la hija mimada, vocero especial, de papá presidente. Increíble.

El repertorio que Mariela repitió en su viaje no se desvió ni un milímetro del libreto de su tío. Agotó adjetivos condenando, sobre todo, a los políticos cubanoamericanos, influyentes en el devenir norteamericano, a los que culpó de las ancha distancia que separa Washington de La Habana. En el fondo, simular, oficio cubano, cubrió las apariencias para no enojar a Fidel, poder de trastienda.

En el camino, aparte improperios, caperucita huyó del lobo para decir que la “democracia” cubana debía ser mejorada, que se considera disidente, palabra tabú en Cuba, y que el embargo estadounidense (bloqueo, semántica oficial) es artificial, entre otras curiosas aseveraciones. Verdades rodeadas por las espinas de la jerga patriotera revolucionaria.

Mariela, madre, casada con un exfotógrafo italiano, ahora agente importador. Les agrada el turismo exterior. Y ella, mucho hablar, sin opción a preguntas. Está escarmentada. Fue a Holanda y, por razones de experiencia para su Cenesex, visitó el famoso barrio de la prostitución permitida en Ámsterdam, donde dejó una perla: en Cuba si una ama de casa necesita al fontanero, para arreglar la cocina y no tiene dinero, pues paga con sexo.

Diagnóstico: Mariela Castro Espín halló una vía para posicionarse en el futuro de la patria de Martí por medio del acomodo controversial de la sexología.

El tío cumple 86 años de edad en agosto, y Raúl recién ingresó a los 81. El club de la gerontocracia cubana se agota. Los viejos soldados no mueren, se difuminan, aseguró MacArthur . No hay relevos cubanos jóvenes a la vista. La única enfermedad incurable es la vejez, que diluye a los hombres y a sus revoluciones.

Atención a Mariela porque el continente de esperanzas, América, da paso al mando de la mujer. Y ella lo sabe.

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