Manuel "Pilo" Obando y Hernán Morales: Como el agua y el aceite, mezcla perfecta
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Manuel "Pilo" Obando y Hernán Morales: Como el agua y el aceite, mezcla perfecta

Actualizado el 12 de mayo de 2013 a las 12:00 am

Dos personalidades opuestas suman tres décadas en las transmisiones televisivas del futbol

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Manuel "Pilo" Obando y Hernán Morales: Como el agua y el aceite, mezcla perfecta

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“¡No quiero hablar de mi enfermedad!”. Esa fue la condición cortante que Manuel Antonio Obando Calderón puso vía teléfono, cuando le solicité reunirnos con él y con Hernán Morales Martínez, a fin de conversar entorno a las tres

décadas que este dúo tan dispar suma en la televisión futbolística.

Acepté, sin más, la advertencia. “Por supuesto, don Manuel. Será una conversación relacionada con la carrera de ambos, esa que los ha mantenido en el gusto de la teleaudiencia por tanto tiempo”. “Bueno, dale viaje; si Hernán está de acuerdo, por mí encantado”. Y, claro que Hernán Morales Martínez aceptó la invitación de Teleguía .

Jueves, “víspera de Obama”, el día. A media mañana. Santa Rosa de Santo Domingo de Heredia, el sitio. En la entrada de un condominio con cuatro palmeras “que no están borrachas de sol” (así dice Pilo), con puntualidad inglesa llegó Hernán Morales. Alto, espigado, conserva su porte, la figura de aquel interior izquierdo o mediocampista ofensivo, como se dice ahora; el clásico 10 del Saprissa, Cartaginés y la Selección Nacional.

Don Manuel Antonio abrió la puerta de su apartamento. Vestía ropa casual. “Pasen adelante”. Tomé cierta distancia para palpar la atmósfera del encuentro. “Diay, maje, ¿cómo has estado?”, exclamó Pilo. Estrecharon sus manos con la naturalidad de un ritual largamente aprendido. El abrazo. Las sonrisas. La chispa del anfitrión. La serena amabilidad de Hernán.

Son como el agua y el aceite; diametralmente opuestos. Uno es extrovertido; el otro, reservado y tímido. Pilo es espontáneo. Muchas veces se destapa a corazón abierto. Hernán, primero piensa; luego, existe.

Nos sentamos a la mesa en una pequeña terraza interior del apartamento. La entrevista se inició entre café, bocadillos y queque de chocolate, mientras el clic fotográfico de Eyleen Vargas se filtraba reiteradamente por los oídos y el micrófono en rec de mi grabadora.

En un dos por tres, los dos amigos se pusieron al día de los últimos acontecimientos. Luego, en el transcurso de la conversación, por su propia iniciativa, Obando tocó el tema de su salud.

“Estoy a la expectativa de un trasplante de riñón. Desde el momento en que me comuniquen del hospital la posibilidad del trasplante, viviré el tiempo que el Señor disponga. El trasplante podría ser ahora mismo, dentro de una semana, dentro de un mes, quién sabe; es cuestión de esperar una llamada telefónica. Estoy dispuesto a aceptar lo que Dios me tenga reservado”.

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Tópicos del oficio

De sus 71 años de edad, Pilo ha vivido 52 entre la radio y la televisión. La trayectoria de Hernán es más corta. El exfutbolista cuenta con 62 años de edad y 30 en la televisión, justamente las tres décadas que ha compartido con su maestro, su soporte y su compañero de transmisiones; Manuel Antonio, narrador; Hernán, comentarista.

El “artesano del zapatazo” es tan viejo en esto como las transmisiones televisivas del futbol de la Primera División en nuestro país. Precisamente, términos como el “zapatazo” han identificado su estilo por años. Pilo es único, irrepetible.

“Eso del zapatazo surgió en un viaje en tren en Italia, conversando con el ‘Perro’ Bermúdez (famoso narrador mexicano). Comentábamos un golazo que le hicieron a Dino Zoft, arquero italiano. ‘¡Eso fue un zapatazo!’, le dije a Enrique. Al ‘Perro’ le sonó bien el término y desde entonces lo utilizamos él y yo; es nuestro”, comentó.

“A mí me trajo Álvaro Allen a la tele cuando me retiraba del futbol, en 1982. Éramos concuños; yo estaba casado con Ana Gabriela Ross (ya fallecida) y Álvaro con Vicky, hermana de Ana Gabriela. Pilo fue mi primer maestro y quien me sostuvo por mucho tiempo”. Pilo vuelve a sonreír y recuerda: “Al principio, a este carajo lo iban a echar, pero yo me impuse. Hay que darle tiempo”, insistía yo ante los jefes. Y véanlo ahora, ¡qué categoría, qué visión del juego!”

Reír de buena gana es la forma de Hernán de aceptar que así sucedieron las cosas. “No creás, yo también tuve que fajarme muchísimo”, agrega Pilo. Tras las primeras experiencias en la televisión, recuerdo que Moncho Coll me decía: ¡Maje, mové algo. Parecés un muerto frente a la cámara!” De nuevo, tras la mirada cómplice, los amigos sonríen, socarronamente.

Claves del éxito

Desde la perspectiva de sus personalidades, Pilo y Hernán son como el agua y el aceite. Pero se nota a la legua que se llevan de maravilla. La mezcla funciona a la perfección. “Hemos trabajado juntos en la misma empresa, primero en Canal 2, luego en Canal 6 y ahora en Repretel, y la verdad es que nunca hemos tenido más diferencias que las que surgen del oficio. Por ejemplo, en muchas ocasiones sostuvimos criterios y apreciaciones distintas en una transmisión, pero eso más bien ha sido parte de nuestro éxito”, sostiene Morales.

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“Sí, es cierto”, aprueba Obando. Solo hubo un tiempo en que estuvimos “cabreadas”, bromea el veterano narrador. Otra vez las risas y la oportuna aclaración de Hernán. “No es cierto, no hubo tal distanciamiento. Lo que ocurrió fue que Pilo se fue del canal, pero después volvió y continuamos como siempre”.

“Me fui porque me querían imponer las novelas. Habíamos levantado el Canal 2 a puro deporte. De esto se aprovechó Moncho Coll para programar telenovelas. Y un día decidió transmitir la telenovela de turno, en vez de un juego importantísimo entre Costa Rica y El Salvador. ‘Si esto sigue así, yo me voy’, le espeté a Moncho. ‘Bueno, si te querés ir, andate’, fue su respuesta”.

“Así reaccionó Pilo en aquel momento. Yo, más tranquilo, más llevadero en estas cosas, seguí ahí. Luego el Canal 2 quebró y me quedé sin trabajo. Pero el destino nos juntó otra vez en 1991, cuando Pilo me llamó a Repretel y desde entonces hemos vivido muchas cosas en la televisión”.

“Es cierto, hemos sido amigos sobre cualquier situación. Claro, eso no quita que más de una vez hemos salido trompudos, pero pasa la transmisión y seguimos tan amigos como siempre”.

A los que empiezan'

El convivio viró hacia otros tópicos, como la nueva prensa. “Si los que empiezan en esto de la narración deportiva no dejan de imitar a los mexicanos, no van a triunfar en esta actividad. Deberían buscar un estilo propio, no imitar a nadie, ni a este servidor.

“Yo no estudio de previo lo que voy a decir. Me preparo para narrar el partido, pero eso es otra cosa. Por ejemplo, en el Mundial de Italia 90 tenía pensado cantar la Patriótica Costarricense , si Costa Rica anotaba un gol. Y en los momentos en los que anotamos, simplemente hice lo que me nació al instante. De la Patriótica , ni me acordé”.

Hernán Morales coincide con su compañero. “Sí, falta originalidad. Hay muchachos que tienen una buena formación y defienden bastante bien sus ideas. A mí me toca discutir un poco con los compañeros de Repretel y algunos de ellos tienen claros fundamentos. Sin embargo, en general, a los nuevos valores del periodismo deportivo les falta animarse a ser originales, dar ese paso”.

Manuel Antonio Obando y Hernán Morales son dos grandes figuras en la pantalla chica nacional. Siguen adelante, porque, según confiesan, a los dos les quedan aún muchos sueños por cumplir. Por ejemplo, asistir de nuevo a un Campeonato Mundial es uno de los anhelos de Hernán.

Atender una llamada telefónica, la callada ilusión de su amigo.

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