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Manteles blancos y sopas calientes

Actualizado el 23 de abril de 2012 a las 12:00 am

En respuesta al artículo del diplomático José Joaquín Chaverri, “No le grite, escúchelo”.

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Manteles blancos y sopas calientes

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¿En los últimos años, cuántos manteles blancos se habrán manchado de sangre? ¿Cuántos platos de sopa habrán terminado en añicos? ¿Cuántos ramos de flores yacerán en las tumbas de las mujeres que han muerto en manos de sus esposos o compañeros? Un agresor no es agresor porque le gritaron o porque no le esperaban con una comida caliente. Así como el fenómeno de la violencia intrafamiliar no se da por desaveniencias, de igual forma la agresión no puede ser ni evitada ni enmendada con flores y chocolates.

La violencia intrafamiliar existe por causas estructurales, por condiciones que se reproducen e imponen estereotipos patriarcales en las mujeres como lo son las funciones de servicio y cuido, y no porque las mujeres no hacemos esfuerzos por dialogar con nuestros esposos, compañeros, padres o hermanos.

La solución a la violencia contra las mujeres, no está en reproducir estos estereotipos al que el diplomático José Joaquín Chaverri hace mención en su artículo ( La Nación , “Página Quince”, 18/04/2012). Está en acciones concretas, sociales y estatales, que busquen precisamente modificar los patrones socioculturales que reproducen los prejuicios basados en esas funciones estereotipadas de hombres y mujeres.

El señor embajador se hace la pregunta: “¿Qué hacemos con la violencia doméstica?”.

La respuesta debe ser contundente: la denunciamos. La sacamos del ámbito privado y la denunciamos, porque la violencia intrafamiliar no pertenece a la intimidad. La violencia contra las mujeres es un problema público que amerita acciones inmediatas.Y luego: la sancionamos. Ya este país tiene una ley que establece que esas conductas son delito.

Al decir el señor Chaverri que es de “inteligentes saber perdonar los errores, sabiendo olvidarlos”, parece obviar que quien olvida su pasado, está condenado (a) a repetirlo. Por eso, yo no sonreiré ante las “majaderías”, como él las llama. Yo las denunciaré porque para eso tengo una normativa que me respalda, aunque no sea de conocimiento de algunos funcionarios públicos. Y plantaré una nueva ilusión cada día, al reclamar cotidianamente al estado y la sociedad un mejor mañana en el cual las mujeres seamos consideradas como lo que somos: sujetas de derecho.

¡Cambiemos la música, que ese bolero de manteles blancos y sopas calientes ya es un disco rayado!

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