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Mandato del cuerpo

Actualizado el 19 de agosto de 2012 a las 12:00 am

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                         interpreta Dido abandonada (1950). WIKICOMMONS.Alicia Alonso
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interpreta Dido abandonada (1950). WIKICOMMONS.Alicia Alonso

La historia del ballet cubano parece ordenarse según la biografía de Alicia Alonso. Como la más destacada bailarina de la isla y luego como una coreógrafa incansable, la prima ballerina assoluta (la única latinoamericana) se aferra a su arte a sus 92 años.

Nació como Alicia Ernestina de la Caridad del Cobre Martínez del Hoyo el 21 de diciembre de 1920 en La Habana. Se entrenó desde pequeña y destacó como Alicia Martínez, pero, a los 15 años, una pasión la llevó en direcciones insospechadas: se enamoró de Fernando Alonso, con quien se casó y fue a bailar a Nueva York; allí, se incorporó al American Ballet Theater. En 1943 se apoderó del personaje de Giselle, la campesina grácil y misteriosa del ballet de Adolphe Adam.

Repasó los grandes ballets clásicos. Su Carmen adquirió fama, así como las coreografías de George Balanchine, en las que deslumbró con perfección técnica. Un daño en la retina significó la pérdida progresiva de su vista. En el escenario, utilizó luces dirigidas y marcas para guiar a sus acompañantes, de modo que pudiera bailar con precisión y soltura. Durante el reposo por su enfermedad, como ella ha relatado, “aprendió a bailar Giselle con la mente”. El movimiento inscrito en su cuerpo no requería práctica. Retomaba los escenarios con facilidad y bailó La bella durmiente , El lago de los cisnes , La Fille Mal Gardée y otros célebres ballets en París, Milán y Praga. Fue la primera bailarina occidental en ofrecer un espectáculo en la capital soviética. En 1948 fundó el Ballet Alicia Alonso, convertido luego en el primer Ballet Nacional de Cuba. Lo mantuvo con escasos fondos hasta que recibió el apoyo de la revolución cubana y se aseguró un presupuesto. Alonso apoyó al gobierno comunista, lo cual le costó la difusión en los Estados Unidos pero la introdujo en los reconocidos escenarios soviéticos. Allí perfeccionó su técnica, sorteando los ojos nublados, el paso de los años y el intenso trabajo en su compañía.

Alicia Alonso dirige aún el Ballet Nacional de Cuba, con el cual ha proseguido, en sus bailarines, el movimiento que la impulsa. Reitera su negativa a retirarse del ambiente artístico, convencida de que la danza es una misión.

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Fernando Chaves Espinach

fche626@gmail.com

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