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Madres primerizas, a un paso de los cuarenta

Actualizado el 31 de marzo de 2013 a las 12:00 am

Es una tendencia creciente: las mujeres postergan la maternidad incluso hasta después de los míticos 35 años. ¿Qué las motiva a hacerlo?, ¿Cómo lo logran?¿Cuáles son los riesgos? Haga números con este reportaje...

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Madres primerizas, a un paso de los cuarenta

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41años de edad, 38 semanas de embarazo. Marcela Hernández Mora pensó como piensan los hombres, dice, para explicar porqué postergó la maternidad hasta las cuatro décadas.

“Quería trabajar, tener un muy buen puesto, estar en una buena empresa, aprovechar mis años productivos, ponerle al estudio, ponerle al trabajo; y luego tener hijos”.

La prioridad de esta máster en Administración de empresas con énfasis en Mercadeo fue su carrera; trabajó en varias compañías hasta llegar a Microsoft.

El matrimonio tampoco era un imperativo de vida. Aprovechó para viajar, disfrutar de las fiestas y hacer deporte; todo esto pese a la desaprobación de algunos familiares, quienes le aconsejaban que pusiera de cabeza alguna imagen de san Antonio , para que le deparara un novio.

No se dejó presionar. Quería casarse bien. Incluso, prefería quedar soltera de por vida antes que contraer nupcias con la persona incorrecta, lo que resultaría, analizaba en sus adentros, en un divorcio o en una vida infeliz.

“Yo soy de las que pienso que es mejor que te deje el tren a que te atropelle”, reflexiona.

Treinta y siete años marcaba su hoja de vida cuando encontró a la pareja indicada y, un año después, comenzó a “pedir” bebé. Tenía 39 años cuando nació María Pía y se multiplicó la felicidad. Trece meses más tarde, “encargó” al hermano y Andrés –así se llama el inquilino de su vientre– arribará al mundo en cualquier momento.

“Estoy muy contenta, me dedico de lleno a mis hijos. Lo importante fue que pude quemar etapas, trabajé y me esforcé mucho, cumplí mis metas profesionales, y ahora disfruto de la maternidad”, sostiene Marcela.

Treinta años tenía Rocío Ugalde Salazar cuando obtuvo una beca para irse a Alemania a estudiar un posgrado en Ecología Acuática en la Universidad de Bremen.

Tal logro la hizo aplazar sus intenciones de ser madre pese a que, desde pequeña, soñaba con tener hijos. Es de una familia grande, la penúltima de nueve hermanos, por lo que muchas veces le tocó ser la niñera de sus sobrinos.

Dos años y medio más tarde, regresó a Tiquicia, a poner en práctica los conocimientos adquiridos en proyectos científicos de la Universidad Nacional .

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Vio deshojarse varios calendarios y la opción de ser madre se veía distante. Rocío hasta pensó en descartarla, pues estaba muy contenta con su estilo de vida y su éxito profesional.

No obstante, un año después de casarse, a los 38 años de edad, volvió sobre el tema y se ilusionó.

Su primogénito, Juan Pablo, lloró por primera vez hace un año y cinco meses. Y a Rocío, la experiencia le gustó tanto, que quiso repetir.

Ahora, con 39 años y siete meses de vida, luce una pancita de 35 semanas. {^SingleDocumentControl|(AliasPath)/2013-03-31/RevistaDominical/Articulos/RD3103-MADRES/RD3103-MADRES-summary|(ClassName)gsi.gn3quote|(Transformation)gsi.gn3quote.RevistaDominicalQuoteConExpandir^} “Todas las etapas de mi vida han sido muy bonitas. No quisiera comparar, pero, si tuviera que elegir una, sería esta”, afirma contenta.

A diferencia de los dos casos anteriores, Gloria Morales Aguilar no postergó la maternidad por voluntad, sino por necesidad.

Ella es una obrera de nacionalidad nicaraguense que se dedicó a trabajar y trabajar, porque, sencillamente, no tenía otra alternativa: operación arroz y frijoles.

Diez años atrás dejó su tierra natal, Matagalpa, junto a su esposo, para buscar mejor vida en Costa Rica.

“Mire... a una mujer embarazada nadie le da trabajo, la ven como un bicho raro, es difícil. Además, Costa Rica era un país extraño para mí, no lo conocía bien”, cuenta.

Fue hasta hasta el año pasado que quedó embarazada. Recuerda que cuando optó por el empleo que ahora tiene, como asistente de cocina, le comentó a su patrona sus intenciones de quedar encinta. “Durante todo mi embarazo, no he faltado ni un día a trabajar”, resalta esta mujer de 39 años, orgullosa de su espíritu trabajador y emocionada por la llegada de su primer retoño, programado para dentro de seis semanas.

Números y cálculos

Así como ellas, muchas mujeres en Costa Rica han decidido aplazar la maternidad hasta andar cerca de los 40 años, rebasando, de tal forma, el mítico límite de los 35 años. Esa edad es el umbral establecido desde las visiones más conservadoras como la frontera que separa un buen embarazo de uno riesgoso o imposible.

Todavía se oye el dicursillo alarmista y prejuicioso: “Después de los 35 añosya no se puede quedar embarazada... el bebé nacerá con síndrome de Down... el cuerpo no tiene fuerzas... Después de los 35, ni lo intente”.

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Tales alertas han hecho que muchas mujeres requieran de una calculadora para planificar su maternidad. La fórmula matemática –que suma años de estudio, años de noviazgo, años laborales, tiempo para viajar y tiempo de ocio– debe dar menos de 35. Si se pasa, no hay retorno: el ferrocarril ya partió de la estación. {^SingleDocumentControl|(AliasPath)/2013-03-31/RevistaDominical/Articulos/RD3103-MADRES/RD3103-MADRES-quote|(ClassName)gsi.gn3quote|(Transformation)gsi.gn3quote.RevistaDominicalQuoteSinExpandir^} Mas tales ideas han ido perdiendo resonancia. Datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos señalan que, en Costa Rica, el 2% de los nacimientos anuales son de madres que superan las cuatro décadas. Lo que significó, para el 2012 –por ejemplo– 1.461 nacimientos. De esos casos, 172 corresponden a mamás primerizas.

Mientras, se registraron 6.966 partos (9% del total de nacimientos) de madres con 35 años o más; de ellas, 1.053 daban a luz a su primer hijo.

El sociólogo y director de proyectos de la Asociación Demográfica Costarricense, Cristian Gómez Ramírez, explicó que se trata de una tendencia que se da en el marco de la reducción de la tasa de fecundidad que experimenta el país. Actualmente, está en 1,8 hijos por mujer.

Tal panorama obedece a una “racionalización” de la maternidad, es decir, que las mujeres analizan nuevas posibilidades , distintas a la tradicional idea de casarse antes de los 30 años y tener hijos; esto, gracias a la conquista de sus derechos.

Las proyecciones de población –efectuadas a partir de censos y encuestas– evidencian que, para el 2070, el grueso de las mujeres tendrán a su primogénito cuando ronden entre los 30 y 34 años (actualmente está entre 20 y 24 años).

“Es una realidad . No hay vuelta atrás. La idea de tener menos hijos, no tener o tenerlos a edades mayores, está en toda la sociedad, en todos los niveles educativos y los estratos sociales”, indicó.

Riesgo, no sentencia

Jenny Kozlow Rodríguez sostiene que la idea de establecer los 35 años como una especie de fecha de vencimiento viene de libros e ideas viejas que no contemplan los cambios sociales recientes, los avances en salud y la mejora del estilo de vida.

Koslow es educadora perinatal (especialista en estrategias de enseñanza para la educación materna) y directora de Previda , un centro que existe desde hace 25 años y prepara a madres y padres para el parto. Ella considera que, independientemente de la edad, se puede tener un buen embarazo y prodigar una buena crianza.

Por ejemplo, Marcela, Rocío y Gloria tuvieron, y tienen, embarazos sin ninguna complicación. No requirieron atención especial ni cuidados extremos.

Al año, Previda recibe unas 200 parejas y una cuarta parte de las alumnas son mayores de 35 años.

“No hay razón para tratar diferente a una mujer encinta por su edad. El haber quedado embarazada demuestra que el cuerpo está en capacidad para afrontar el proceso”, sostuvo Rodríguez.

La edad reproductiva de la mujer va de los 15 años a los 49 y algunas hasta quedan embarazadas antes y después de ese rango. Así lo explica Adam Paer Singer, ginecólogo obstetra que, en su consulta, atiende cada vez a más embarazadas primerizas que rondan los 40 años. {^SingleDocumentControl|(AliasPath)/2013-03-31/RevistaDominical/Articulos/RD3103-MADRES/RD3103-MADRES-pull3|(ClassName)gsi.gn3quote|(Transformation)gsi.gn3quote.RevistaDominicalQuoteSinExpandir^} “¿Una mujer de 40 años puede quedar embarazada? , sí. ¿Tiene riesgo?, pues sí. Hay que valorar cada caso. Pero es muy difícil encontrar a una mujer que, debido a algún padecimiento, haya que aconsejarle que no quede encinta. Son contadas con los dedos de la mano las mujeres a quienes les he dicho eso”, señaló.

Los riesgos a los que se refiere el médico consisten en eventuales complicaciones, tanto en la madre como en el bebé, que se incrementan a medida que aumenta la edad de la madre.

Por ejemplo, la Fetal Medical Foundation señala que la probabilidad de que una madre de 20 años tenga un hijo con síndrome de Down , es de una en 1.100; mientras que la de una mujer de 35 años, es de una en 250.

El síndrome de Down es un trastorno genético, una anomalía cromosómica. No se conocen con exactitud las causas y no se puede prevenir.

Pese al incremento de las probabilidades, el mismo Paer narra que él ha atendido casos de mamás veinteañeras con bebés que presentan esta condición, lo que evidencia que el riesgo y el factor del azar están presentes sin importar la edad.

También crece el peligro de preeclampsia (presión arterial elevada), de hipertensión gestacional, de sangrados, así como la necesidad de realizar una cesárea. Podría ser una lista que asusta a cualquiera; no obstante, el médico enfatiza que son riesgos y no sentencias, y que, para tratar y prevenir estas situaciones, existe el control prenatal.

“Es como pensar que alguien que vive cerca de la autopista tiene más riesgo de ser atropellado que alguien que vive en el campo. Claro que tiene más riesgo, pero eso no implica que lo van a atropellar”, dijo el médico.

Para él, no se puede generalizar, pues cada paciente presenta características muy particulares.

Mujeres dinámicas

Hay factores que ayudan a que una mujer que supere o ronde las cuatro décadas tenga un buen embarazo. Estos están relacionados con su calidad de vida: si hace ejercicios, si se alimenta bien...

No es lo mismo una mujer embarazada de 40 años que padezca de obesidad, sea fumadora e hipertensa, que una que sea deportista.

Rocío Ugalde, por ejemplo, siempre hizo ejercicios, comió de forma saludable y evitó ambientes estresantes. Cuando supo que estaba embarazada, empezó a hacer yoga y acuayoga, y visitó a una nutricionista para que le diseñara una dieta especial.

Jenny Koslow destaca que, al haber más conciencia hoy sobre la importancia de una buena salud, son más llevaderos los embarazos a edades avanzadas. “La mujer de ahora es activa y dinámica. Con el buen cuidado del cuerpo, posterga los efectos de la edad”, agrega.

Madurez

Otro de los cuestionamientos a los embarazos de mujeres en edad avanzada es que estas no poseen la suficiente fuerza para lidiar con esa etapa y todo lo que sigue. Gloria, la obrera nicaraguense, rechaza tal premisa: “El embarazo me hace sentir como de 18 años, feliz y orgullosa”, asevera.

Rocío y Marcela, por su parte, coinciden que el verdadero agotamiento viene cuando nace el niño.

En realidad, tener un hijo es agotador a cualquier edad, razona Jenny Koslow. Sin embargo, añade que a medida que aumenta la edad, crece la madurez de la madre, lo que es una ventaja a la hora de cuidar y formar al pequeño.

“Las madres de más edad están conscientes de los verdaderos riesgos, no se asustan por cualquier cosa, son más estables emocionalmente. Disfrutan más de sus hijos por la calma que les dan los años”, resaltó.

A estos beneficios, se suman las posibilidades que tuvo la mujer de realizarse profesionalmente o de obtener un posgrado –como en los casos de Rocío y Marcela– antes de la maternidad.

El sociólogo Cristian Gómez enfatiza que esto demuestra que las mujeres han roto cadenas impuestas y han logrado conquistar espacios que antes les eran negados: “Ya no se ve la maternidad como un requisito indispensable de ser mujer. Ya se ha quitado esa imagen de que la felicidad y la realización de las mujeres solo se consiguen por medio de la maternidad. La estructura social está cambiando”.

Aunque ha habido grandes triunfos, siguen existiendo grandes pendientes.

El experto reconoce que se requiere hacer muchas transformaciones en la sociedad para que las mujeres puedan compaginar la maternidad con su vida profesional y académica.

Mencionó, como ejemplo, los permisos laborales de maternidad, la reincorporación de la mujer al mercado tras dar a luz, y la equiparación de salarios con los que reciben los hombres.

Otro factor esencial es la crianza compartida de los hijos; es decir, que el trabajo de cuido no recaiga solo en ellas, sino que también participen los padres , y que el Estado brinde alternativas: guarderías y programas para madres trabajadoras.

En los casos registrados en este reportaje, todas las mujeres han recibido el apoyo y acompañamiento de sus esposos, quienes también superan los 40 años. Pese a ello, la llegada de los hijos hizo que las mamás pusieran en pausa proyectos personales.

Marcela renunció a su trabajo cuando tenía seis meses de su primer embarazo y se dedica enteramente al cuido de su hija y al del pequeño que viene en camino. No obstante, quiere regresar al mundo de la administración de empresas.

Su meta es, en un año y medio, volver a la oficina. “Vamos a ver cómo nos va. Es difícil, pero regresar definitivamente está en mis planes”, dice pensativa. Lo difícil que menciona Marcela radica no solo en volver a conseguir el puesto por el cual tanto se esforzó, sino en separarse de sus hijos.

Tal experiencia la vivió Rocío. Ella tuvo que dejar a su primer bebé en una guardería a los cuatro meses de nacido, para ir a trabajar. “Fue desgarrador, me costó mucho, supongo que con este (el bebé que espera), me va a pasar igual”, dice, al tiempo que afirma que cuando sus hijos estén más grandes, optará por hacer un doctorado en Suecia.

Finalmente, Gloria dice que se dedicará en “cuerpo y alma” a su bebé y que no volverá a trabajar de forma remunerada. Junto a su esposo, regresará a Matagalpa. Allí quiere ver crecer a su pequeño. De traer los reales, se encargará su marido.

Verdadero reto

Antes de que la gente se preocupe por hacer números para decidir cuándo va a tener hijos, cómo atender sus prioridades o de qué manera evitar complicaciones en el parto, debería preguntarse si realmente quiere tener hijos: ¿para qué los va a tener? Así reflexiona Jenny Koslow: “El verdadero desafío no es tener a un hijo, sino criarlo”.

La experta enfatizó que nadie debe convertirse en padre o madre por presión, y que se puede ser muy feliz, en pareja o en soltería, sin la necesidad de un descendiente. “Los hijos no son parte de un currículo, no son una extensión de la persona. Si tiene otras prioridades, si no tiene tiempo para estar con ellos, mejor no los tenga”.

Añadió que no hay un momento ideal estandarizado para tener hijos, pues eso depende de cada persona y de su situación.

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