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EDITORIAL

Llamadas de atención a bancos centrales

Actualizado el 15 de abril de 2013 a las 12:00 am

El FMI recomienda que la FED y el Banco Central Europeo, y otros en similar circunstancia, deben programar la venta de sus activos en el mercado financiero

El Banco Central de Costa Rica, aunque no forma parte del conjunto suramericano de bancos centrales, debería unir su voz a la de sus colegas y adherirse al comunicado

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Dos importantes llamadas de atención a los bancos centrales de los países desarrollados se registraron la semana pasada: una del Fondo Monetario Internacional (FMI) y otra de los bancos centrales de los países suramericanos. Ambas van en la misma dirección preventiva y concuerdan con lo que hemos señalado en editoriales anteriores.

El FMI señala los riesgos que podrían surgir si las zonas más desarrolladas, en particular los Estados Unidos y la Unión Europea, insisten en mantener sus bajas tasas pasivas de interés, que son negativas en términos reales, por un tiempo más prolongado. Aparejado a ello va la prevención sobre los efectos de la liquidez generada durante la crisis y, posteriormente, con el inicio de la lenta recuperación, caracterizada por el bajo crecimiento económico y poca generación de empleo.

Los bancos centrales, en especial el Banco Federal de Reserva de los EE. UU. (FED, por sus siglas en inglés), han adquirido sumas nunca vistas en activos públicos y privados, incluyendo bonos del Tesoro y títulos valores emitidos por bancos y empresas comerciales, con la consecuente emisión monetaria, también inusual. Esas operaciones sirvieron para apalancar a muchas entidades en problemas y, desde luego, impulsar el gasto de los consumidores con la esperanza de estimular la inversión, crecimiento y generación de empleos.

Los resultados han sido mixtos: una modesta expansión del PIB, que actualmente ronda el 2% en términos reales; saneamiento de los balances de los bancos comerciales por la adquisición por la FED de activos tóxicos y algo de disminución del desempleo que todavía se mantiene elevado (8,8% de la fuerza laboral), y que fue objeto de ardua discusión durante la pasada campaña electoral. Pero el punto en discusión no es ese, sino los efectos que podría producir la salida de esas políticas expansivas para recoger liquidez y sanear el balance de situación de la FED, también comprometido por ellas.

El riesgo temido es lo que sucedería en el mercado financiero y los balances propios de los bancos cuando se pongan en venta los activos en cartera de la FED. Un incremento de la oferta en el mercado financiero, obviamente se traería hacia abajo los precios de los bonos y demás títulos, con inminente riesgo de pérdidas por parte de los tenedores de activos similares, pues tendrían que valuarlos a los nuevos valores de mercado y registrar las correspondientes pérdidas. Eso podría provocar una nueva inestabilidad financiera que, a la larga, provocaría nuevas intervenciones de la FED.

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Ante esa eventualidad, el FMI formula una recomendación que nos parece importante: La FED y el Banco Central Europeo, y otros en similar circunstancia, deben programar concienzudamente la venta de sus activos en el mercado financiero para recoger liquidez y prevenir mayor inflación, y avisar con suficiente antelación a los demás bancos centrales, incluyendo los de los países en desarrollo que podrían verse afectados por tener sus reservas monetarias internacionales invertidas en títulos de esa nación. Para no sufrir, o minimizar las pérdidas, deberían tomar las previsiones del caso. Para poner el mensaje en términos muy sencillos: en guerra avisada, no muere soldado.

La admonición de los bancos centrales de los países suramericanos a la FED y al Banco Central Europeo va también por esa misma línea de expansión monetaria y bajas tasas de interés, pero aborda una vertiente diferente: el efecto de esas políticas expansivas en los tipos de cambio, crédito y (potencialmente) la inflación, y la posibilidad de crear nuevas burbujas en sectores inmobiliarios en nuestros países por la fuerte y continua afluencia de capitales del exterior. En Costa Rica, por ejemplo, las entradas directas de capital y, más recientemente, las de carácter financiero, han producido el efecto de revaluar el colón, con perjuicio para la rentabilidad de los sectores exportadores, aspecto que hemos comentado en más de una ocasión.

En una reunión celebrada en Río de Janeiro, Brasil, el pasado 12 de abril, los banqueros centrales de los países suramericanos decidieron elevar sus inquietudes a sus colegas de EE. UU. y Europa. En el comunicado conjunto adujeron que “en un cuadro internacional aún incierto y delicado, permanece objeto de especial atención el crecimiento significativo de la liquidez internacional resultante de las medidas de expansión monetaria en economías avanzadas”. Les asiste la razón.

El Banco Central de Costa Rica, aunque no forma parte del conjunto suramericano de bancos centrales, debería unir su voz a la de sus colegas, adherirse al comunicado y manifestar sus propias inquietudes. Después de todo, las vicisitudes de los suramericanos también nos afectan a nosotros.

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