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Licencia para Sofi

Actualizado el 28 de octubre de 2012 a las 12:00 am

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Justo cuando el país albergaba dudas sobre la fortaleza del vínculo entre el Congreso y la realidad nacional, la Comisión de Gobierno y Administración da un paso al frente para lavarle la cara. La respuesta al clamor de la sociedad civil es contundente: el plan para crear la licencia de mascotas recibió dictamen afirmativo.

El proyecto no es perfecto, pero la urgente necesidad social exige hacer las dudas a un lado. La causa convoca a la unidad nacional y no deja espacio para la práctica irresponsable de la oposición por la oposición misma. Mientras exista un chihuahua clandestino, es impensable bajar la guardia.

Si el trámite no fuera expedito, la Presidencia deberá echar mano a la potestad de definir la agenda en sesiones extraordinarias, no importan las presiones de la industria transnacional veterinaria.

Lo digo con espíritu patriótico, pese al temor a salir perjudicado. El examen teórico no me quita el sueño, pero temo enfrentar la prueba práctica. Sofi es una joven bulldog, totalmente inmanejable. Es dócil mientras nadie intente dictarle la forma de comportarse. Domina el arte social de salir al patio para hacer lo de los perros educados, pero invitarla a cruzar la puerta es un desafío formidable. Para no obedecer a la primera, prefiere retener un rato.

Así, la prueba de los conos será insuperable. Tampoco hay quien pueda enseñarla a estacionarse. Está de moda creer que los perros comprenden el inglés. A Sofi le da lo mismo ‘quieta’ que “stay” y en cualquier caso entiende, como Lázaro, “levántate y anda”.

Sofi no es peligrosa, si hacemos a un lado los rodapiés y las plantas. En su caso, bastaría la licencia B1. Sin embargo, el semblante engaña, y los colmillos salidos bajo una catarata de cachetes parecen amenazantes. Razón de más para preocuparme. En la improbable hipótesis de superar el examen práctico, la licencia estaría en peligro constante. Si un inspector nos sorprende en maniobras ilegales, no se atreverá a pedir una mordida' por temor a lograrla. Solo quedaría aplicar la ley, por extraño e insatisfactorio que parezca. La pérdida de puntos sería inevitable.

Se sienta y da la patita, pero solo por interés de ser recompensada. ¿Permitirá el examen el uso de galletas o estarán prohibidas para mejor comprobar la destreza del amo, como no se permite en las cuestas el uso del freno de mano? ¿Cuál de los dos saldrá en la foto? ¿Dónde le pongo el marchamo? Le sobra espacio en el parachoques trasero, pero adelante está arrugada por razones de fábrica. Ninguno de esos detalles debe arredrar el esfuerzo legislativo por dotar al país de la regulación necesaria. Vista la urgencia, se resolverán sobre la marcha.

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Armando González R.

agonzalez@nacion.com

Editor General Grupo Nación

Laboró en la revista Rumbo, La Nación y Al Día, del cual fue director cinco años. Regresó a La Nación en el 2002 para ocupar la jefatura de redacción. En el 2014 asumió la Edición General de GN Medios y la Dirección de La Nación. Abogado de la Universidad ...

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