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Libros que curan

Actualizado el 24 de abril de 2013 a las 12:00 am

La lectura tiene poderes terapéuticos

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Los pacientes hospitalizados sufren no solo por la enfermedad, sino por sentimientos de soledad, de aislamiento, de temor y de desasosiego, propios de la estancia en el hospital, alejados de su medio familiar, laboral y social. Estos, sumados al exceso de horas vacías que viven durante su internamiento, afectan su estado de ánimo y pueden provocar depresión; peor aún, pueden dificultar y hasta impedir la recuperación.

Desde fines del s. XVIII se ha reconocido el beneficio terapéutico de las actividades de distracción para los enfermos, y a partir de la I Guerra Mundial se difundió la creación de bibliotecas permanentes para ayudar a la recuperación de los heridos; la idea se puso en práctica también en cientos de hospitales militares europeos y norteamericanos. En la actualidad cada vez son más los hospitales que han establecido este tipo de bibliotecas. El manifiesto de la Unesco sobre la biblioteca pública de 1972 declara el valor de la biblioteca pública para aliviar “problemas de soledad y deficiencias mentales y físicas de todas clases”.

En 1999, para la inauguración de la biblioteca en el importante hospital madrileño Gregorio Marañón, el catedrático Rafael Quijano González dijo: “La biblioterapia es una técnica auxiliar de la práctica psiquiátrica, psicológica y clínica, que trata de ayudar al paciente en el desarrollo de sus potenciales, de sus habilidades, de su autoestima. (') en procesos postoperatorios, generalmente depresivos, y en general en toda la sintomatología susceptible de tratamiento psicológico, la literatura ejerce una influencia beneficiosa en el paciente. (...) El enfermo necesita de un material de recreo que le haga más agradable su estancia en el hospital y sirva de puente con su entorno habitual. La misión de este tipo de lectura, será distraer al paciente, y mitigar su preocupación y ansiedad, actuando como un agente terapéutico que ayudará en su proceso de rehabilitación...”.

Los centros hospitalarios de avanzada integran las bibliotecas como parte de sus servicios, con participación activa de los diferentes departamentos (administrativo, médico, enfermería, trabajo social, etc.) para garantizar la eficiencia y calidad del servicio, así como la aplicación de las medidas necesarias para prevenir los riesgos de contagio. Algunas han incorporado material de lectura no solo recreativa, sino también informativa y educativa, así como material audiovisual, computadoras, juegos de mesa, sesiones musicales, de oración y meditación, tertulias, charlas, etc., todo lo cual contribuye al bienestar y a la pronta recuperación del hospitalizado.

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En julio de 2010, con motivo del 165 aniversario del Hospital San Juan de Dios, se inauguró la Biblioteca para Pacientes. Pocos meses antes, mi querida amiga Silvia Blandino y quien escribe, habíamos recorrido varias veces los salones de internamiento regalando libros, y al apreciar la alegría con que los recibían los pacientes y hasta las enfermeras, le propusimos a la entonces directora del Hospital, la Dra. Ileana Balmaceda, abrir una biblioteca sin más costo para la institución que el de asignar el espacio físico. Con el decidido apoyo de la Dra. Balmaceda, de las directoras de Educación en Servicio y de Enfermería, y de las Damas Voluntarias, el proyecto arrancó. Se asignó un área perfecta, en el corazón del nuevo Edificio de Medicina Interna, de acceso viable para los pacientes con capacidad de movilización, y se destinaron carritos para que las voluntarias repartieran libros en los diversos salones a quienes no podían moverse de sus camas.

Obtuvimos la donación de todo lo necesario para equiparla gracias al entusiasmo que despertó el proyecto. Solo en mobiliario y pintura, la donación fue de cerca de ¢800.000; asimismo, unas 50 familias donaron decenas de revistas y libros usados (novelas, Biblias y libros de espiritualidad y autoayuda, cuentos, ensayos, libros de historia, etc.), y La Nación entregó un gran lote de la Colección Leer para Disfrutar. La biblioteca era “circulante”, un concepto parecido al del Book Crossing o Liberación de Libros que se ha puesto de moda en el mundo. La idea era que los pacientes se sintieran libres de pasarle el libro a un compañero de salón o de llevárselo si no lo habían terminado de leer cuando les daban de alta; y promover entre ellos, sus familiares y el personal hospitalario, la constante donación de textos. “Somos más de 2000 funcionarios, si cada uno dona un libro, ¡imagínese la cantidad que tendremos!”, me dijo ilusionada la coordinadora, Shirley Ramírez.

Difícil acceso. Sin embargo, en septiembre del mismo año, la nueva Dirección del Hospital decidió usar para otros fines el área en que funcionaba la Biblioteca. Los libreros fueron desterrados a una oficina alejada e inaccesible para los pacientes y que dificultó mucho la distribución por parte de las voluntarias. Es sólo gracias a la perseverancia de estas insignes damas, que el proyecto sigue vivo, pero lastimosamente su impacto es mil veces menor que el que prometía.

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Hace unos meses, el Centro Nacional de Control del Dolor y Cuidados Paliativos del Hospital Calderón Guardia acogió nuestra propuesta, y ya tiene una modesta biblioteca para los pacientes y sus acompañantes, tan necesitados de distracción como aquellos. Esperamos que algún día haya una en cada uno de los centros de la red de cuidado paliativo y se lleven libros a los pacientes que se atienden a domicilio. La rotación de libros ahí es altísima, por lo que a menudo hay que estarlos reponiendo. Esto confirma el poder terapéutico y la sed que aún existe por la lectura. ¡Ojalá se contagien los demás hospitales del país!

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