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Letras y gambetas

Actualizado el 16 de septiembre de 2012 a las 12:00 am

Sebastián Aureliano

Los cuatro lados del futbol NovelaClub de LibrosPedidos: 8890-2378

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El epígrafe de la novela Los cuatro lados del fútbol dice así: “¡El fútbol no es solo del que mete el gol!”. Los epígrafes son textos intermediarios y, como tales, se manifiestan en dos formas: la más directa es la que establecen con el título principal en un afán de esclarecerlo o justificarlo; otra es la que se encarga de adelantar un comentario congruente con la propuesta textual. Este epígrafe da la clave de los contenidos y de la propuesta que encontrará el lector al caminar por la primera obra de quien lleva el pseudónimo de Sebastián Aureliano.

Los cuatro lados del futbol apunta con picardía hacia un rasgo medular de la cultura costarricense: la pasión por el fútbol. Lo anuncia el título, continúa en el epígrafe y lo sustentan los cinco títulos interiores que conforman la estructura de la novela: “Gradería sur”, “Gradería norte”, “Palco de transmisión”, “Gradería oeste” y “Gradería este”.

Los contenidos de cada una de las historias correspondientes a esos subtítulos son independientes entre sí y se dan en secuencia alternativa. Cada una de ellas reelabora las diferentes actitudes, intereses, “pasiones”, dolores y circunstancias que están viviendo los personajes, a quienes, aunque pertenecientes a distintos grupos sociales, los une la pasión común por el fútbol. Todas se “unen” en el desenlace, momento logrado con gran ingenio pues con pocas palabras anuda todas las historias: es un capítulo corto, conciso, actual y sorpresivo.

El “gran personaje” –o el gran dios, si se quiere– que, como sombrilla, cubre todas las aristas de las relaciones de los personajes, es el Deportivo Saprissa: punto de referencia, móvil de sentimientos, emociones, decisiones, amores, dolores, cuna de recuerdos, espacio de éxitos y fracasos.

Dice en un momento el narrador: “Cada persona que trabaja en el estadio, la prensa, de radio y televisión, los de seguridad, los que venden boletos, los vendedores ambulantes de comidas y banderas y, sobre todo, los aficionados, más que nada los aficionados, también son miembros importantísimos de un partido de fútbol”.

Esta exaltada pasión –móvil de la acción– se da en algunos casos bajo un clímax que puede llegar casi hasta el paroxismo. Si bien para algún lector la(s) historia(s) carecen de verosimilitud –por su exageración–, vale recordar ante todo que estamos frente a una reelaboración ficcional. Sin embargo, que no se olvide: ¡cuántas veces no se ha repetido el clisé de que la realidad supera a la ficción!

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Sin embargo, hay algo más si se retoma el postulado de Umberto Eco en relación con la noción de “conjetura”. Este intelectual utiliza esa noción para definir la literatura de ciencia-ficción. Sin embargo, no es abuso pensar que puede ser utilizada con libertad en este caso.

Se trata de lo siguiente: las pasiones, desbordamientos, tragedias, violencia, que tanto en la cultura en su versión local como en la globalizada produce la dinámica del fútbol –y algunos otros deportes– permite conjeturar ( RAE : “Formar juicio de algo por indicios y observaciones”) que situaciones como las narradas podrían llegar a ser, en un futuro no muy lejano, una realidad. ¡Cuántos eventos (in)verosímiles han sucedido alrededor del mundo amparados al tema del fútbol!

Finalmente, la propuesta del escritor –y que lo juzgue cada lector– es que, más allá de fanatismos, hay momentos en los que el fenómeno del fútbol se convierte en un espacio de convivencia y de encuentro identitario.

Dice el texto: “Gente de todas las edades, condiciones sociales, género, aspecto, personas que quizás si se llegaran a conocer se llevarían mal unos con otros, la mayoría quizás no tenían nada en común, pero en ese lugar, en ese momento, eran todos uno solo y tenían un deseo conjunto: que su equipo ganara el partido. ¿Podía la religión convocar y crear esa clase fiel de fanáticos, podía la política, podía hacerlo la música, otro deporte, otra manifestación de arte?”.

Como su primera obra, Sebastián Aureliano logra mantener el interés de los lectores y muestra su conocimiento de las prácticas, avatares y reglas de fútbol.

En última instancia, el propósito del escritor se cumple al reelaborar, a partir del poder de la ficción, con fina ironía y con una actitud crítica “encubierta”, la fuerza y el significado que este deporte tiene en un sector considerable del imaginario nacional.

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