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Letras de cambio

Actualizado el 09 de marzo de 2013 a las 12:00 am

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Hace un par de semanas escribí sobre los problemas de ineficiencia e ineficacia en el accionar del Estado costarricense. De esa columna recibí varias reacciones de los estimables lectores. La mayoría de ellas apuntaban a que la principal causa de las deficiencias del Estado provienen de la corrupción. La percepción de muchos es que es imposible que el Estado funcione adecuadamente mientras haya gente dentro del Gobierno que se roba la plata. ¿Como va a funcionar bien, si para hacer una carretera se paga mucho más de lo que debería haber costado? ¿Si la plata para programas sociales se la reparten entre unos pocos, dejando por fuera a los verdaderos necesitados? ¿Si hay funcionarios públicos devengando salarios multimillonarios, mientras el resto de los trabajadores tienen que hacer de tripas chorizos para sobrevivir?

El pensamiento de muchos es que los políticos buscan el poder con el único fin de robar. Y como en ese grupo de políticos se incluye a todos los que ocupan cargos públicos de alta jerarquía, la consecuencia lógica de esa línea de pensamiento es que el problema de corrupción se resuelve sacando a los corruptos que están hoy en el Gobierno.

Es obvio que hay un problema de ética, y eso no es aceptable. Los corruptos deben ser destituidos y castigados. Pero para resolver el problema, hay que ir mas allá. El sistema de gobierno de Costa Rica es permisivo de la corrupción. Se da a todo nivel. Desde el empresario que soborna a un funcionario para que le adjudiquen una licitación, obligando a la institución pública a pagar un costo mas alto de lo debido, hasta el alto jerarca que no se preocupa por establecer los controles necesarios para evitar desperdicios e ineficiencias. Desde el funcionario que complica los trámites a propósito para inducir al soborno, hasta el empresario que paga para que le agilicen los trámites. Desde el empleado público que exige beneficios extraordinarios, sin estar dispuesto a mejorar la calidad ni la eficiencia con que hace su trabajo, hasta el jerarca de la institución que cede a las presiones de pagar beneficios extras porque él también se beneficia. Desde el médico que induce a sus pacientes a usar el “biombo”, hasta el empresario que esconde salarios fuera de la planilla para pagar menos cuotas a la Caja. Desde el contrabandista que evade los puestos fronterizos, hasta el aforador aduanero que acepta cambiar una póliza para que el importador pague menos impuestos.

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El sistema de gobierno en Costa Rica funciona con base a los entrabamientos, los portillos abiertos, el toma y dame, la discrecionalidad de los funcionarios y la falta de controles. Por eso, es imposible que, con solo quitar a los corruptos, se arregle el problema. El que venga a sustituir al corrupto, estará igualmente tentado a caer en la trampa del sistema. Como dicen: en arca abierta, hasta el justo peca.

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Luis Mesalles

Obtuvo su doctorado y maestría de Economía en The Ohio State University y su bachillerato en Economía en la Universidad de Costa Rica. Actualmente, es socio-consultor de Ecoanálisis y gerente de La Yema Dorada.

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