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Letras de cambio

Actualizado el 23 de febrero de 2013 a las 12:00 am

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La semana pasada terminé diciendo que el problema de fondo que aqueja nuestra economía es el déficit fiscal, y la ineficiencia del gobierno que lo acompaña. La pregunta que queda es cómo entrarle a resolver el asunto. Me parece que es claro que no se puede pensar que con solo aumentar impuestos se resuelve el problema. Esa vía no soluciona el problema de fondo, y además no es viable políticamente, como ya quedó demostrado con el fallido “Proyecto de Solidaridad Tributaria”.

El sentimiento de mucha gente es que no vale la pena aumentar impuestos mientras haya tantos que no los pagan, ya sea porque los evaden o porque están exentos. A eso se le suma el sentimiento de que el Gobierno malgasta los impuestos que recauda. Hay mucho desperdicio de recursos: ineficiencias en su uso, utilización en actividades que no deberían ser, y otro tanto que se lo roban. Por eso, el intento de solucionar el problema fiscal debe atacar el problema de cómo usa el Estado los recursos que tiene a disposición.

Para ello, vale la pena ver lo que han hecho otros países. En un reciente artículo de la revista The Economist se describe el proceso de cambio que han tenido recientemente los países nórdicos (Noruega, Suecia, Finlandia y Dinamarca). Estos son países con una tradición de Estado grande y solidario. Llegaron a tener un gasto público que representaba más del 40% del PIB, comparado con poco más de 20% para Costa Rica. Pero, a mediados de la década de los noventa, se dieron cuenta de que estaban dejando de crecer, por lo que el financiamiento del “Estado solidario” estaba en peligro. A partir de ahí se abocaron a mejorar el funcionamiento del Estado, a buscar la manera más eficiente de utilizar los recursos. Como ejemplo, en lugar de tener al Estado como operador en todo, pasaron a que este se dedicara a financiar programas, sin necesariamente ser el operador. Un caso es la implementación del sistema de vouchers en educación, donde el Gobierno pone la plata, pero los padres son los que deciden si envían sus hijos a escuelas operadas por el Gobierno o por privados. En consecuencia, el tamaño del Estado se redujo y los países nórdicos retomaron la senda de crecimiento.

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El otro caso que vale la pena evaluar es Singapur. Un país con una carga tributaria muy baja, en el orden del 14%. En 1962 tenía un ingreso per cápita igual al de Costa Rica, y hoy en día es más de cuatro veces el nuestro. Además, los índices de pobreza y de distribución del ingreso son mejores que los nuestros. Singapur ha demostrado que, para crecer y ser solidario, no es necesario tener un Estado grande. Lo que sí se requiere es un Estado que ponga reglas claras y cuya operación sea eficiente y eficaz.

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Luis Mesalles

Obtuvo su doctorado y maestría de Economía en The Ohio State University y su bachillerato en Economía en la Universidad de Costa Rica. Actualmente, es socio-consultor de Ecoanálisis y gerente de La Yema Dorada.

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