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Letras de cambio

Actualizado el 09 de febrero de 2013 a las 12:00 am

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Apenas se escogió el diseño del nuevo edificio de la Asamblea Legislativa, se empezaron a oír las voces de oposición al proyecto. Que si va a costar mucho, que no me gusta, que no respeta los edificios que son patrimonio histórico. ¡Cómo cuesta en este país hacer algo nuevo! Los ticos tendemos a oponernos, por naturaleza, a todo lo nuevo, a lo que se salga de la norma, a lo que nos saque de nuestra zona de confort.

En cuanto a la parte económica, el proyecto se financia mediante un fideicomiso con el Banco de Costa Rica. Entiendo que la obra se pagaría a través del tiempo, con los ahorros en los alquileres que hoy en día paga la Asamblea Legislativa. Además, al ser un edificio moderno, que utilice técnicas que permitan un uso más eficiente de los recursos naturales para la iluminación y el agua, por ejemplo, el costo de operación sería menor que el actual. Y la verdad es que las condiciones de trabajo que existen en los actuales edificios de la Asamblea están muy lejos de ser las adecuadas. Uno esperaría que, con el nuevo edificio, la eficiencia de los trabajadores aumente. Y quién sabe, a lo mejor hasta sobre personal, o mejore sustancialmente la calidad de las leyes que salgan de la Asamblea. Aunque 77 millones de dólares suenan a muchísimo dinero para este pequeño pueblo, la verdad es que a veces hay que invertir un poco para recoger los frutos más adelante.

En cuanto a si el edificio es bonito o no, en eso nunca nos pondremos de acuerdo. Sobre gustos no hay nada escrito. Me imagino que cuando se iba a construir el Empire State Building en Nueva York, o el Museo Guggenheim en Bilbao, igualmente aparecieron opositores. Pero, con el tiempo, esos edificios se convirtieron en íconos de sus ciudades. Por eso, no suena mal que San José por fin vaya a tener un edificio que se salga de la norma, que resalte.

El concepto general del proyecto escogido, además, me parece que le agregaría a la ciudad un atractivo adicional. El conjunto formado entre la antigua Fanal, el Tribunal de Elecciones, el Parque Nacional, el Museo Nacional y la plaza de la Democracia, quedarían unidos por el nuevo edificio de la Asamblea y las plazas que lo acompañarían. Todo esto, sin destruir los edificios que están ahí y que son patrimonio histórico. Sería una parte de la ciudad que invitaría a ser visitada, a ser caminada. Algo que prácticamente no sucede en ninguna otra área de San José.

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Con la construcción de este proyecto se da la oportunidad para que el Estado genere una externalidad positiva: un edificio emblemático con espacios abiertos, que le cambiaria significativamente la cara a una ciudad apagada, y mejoraría la calidad de vida de sus ciudadanos.

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Luis Mesalles

Obtuvo su doctorado y maestría de Economía en The Ohio State University y su bachillerato en Economía en la Universidad de Costa Rica. Actualmente, es socio-consultor de Ecoanálisis y gerente de La Yema Dorada.

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