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Letras de cambio

Actualizado el 26 de enero de 2013 a las 12:00 am

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La inflación del 2012 terminó en 4,5%. Ya llevamos 4 años seguidos con aumentos de precios anuales menores al 6%. Eso es bueno, ya que sabemos que la inflación es el impuesto más injusto que hay. Lo pagan en mayor proporción los más pobres de los pobres.

Pero, si revisamos con mayor detalle, nos encontramos con que los precios de los bienes y servicios regulados crecieron en el 2012 a una tasa que es el triple que los precios de los no regulados. Y esto no es algo coyuntural del año pasado. Los precios de los regulados han crecido, en los últimos cuatro años, a una tasa promedio que duplica la del resto de los bienes y servicios.

Aquí puede haber varios factores. Pero hay uno que me parece que está pesando mucho últimamente. Se trata de la metodología de fijación de tarifas de servicios públicos basada en el costo. Yo sé que así está en la ley, y que se basa en el principio de que ningún ente que brinda un servicio público puede tener pérdidas. Pero se está prestando para abusos. Se le está trasladando al consumidor las ineficiencias que existen en los entes que brindan servicios públicos.

Para muestra, dos ejemplos recientes. Uno es el costo para la CNFL de cada kilovatio de electricidad generado en el nuevo proyecto eólico. Resulta que es el doble que lo ofertado por generadores privados al ICE. Por más que se quiera justificar, que el proyecto de la CNFL tiene un diseño superior, o que hay una diferencia entre costo financiero y costo económico, la verdad es que están obligando a los consumidores de hoy a pagar la electricidad más cara. Puede ser que los consumidores se vean favorecidos dentro de 10 años, cuando el sistema de financiamiento le permita a la CNFL tomar posesión de la totalidad del proyecto. Pero, de momento, hacen que los consumidores de hoy paguen por algo que van a disfrutar los consumidores de mañana. No hay ningún incentivo para buscar el costo de inversión más eficiente, ni el mecanismo de financiamiento más adecuado. El consumidor paga lo que sea.

El otro ejemplo es la introducción de tarjetas electrónicas para el pago de buses en algunas rutas. ¡Excelente idea! La innovación tenderá a agilizar el ingreso a los buses y les dará mayor seguridad a los choferes que manejarán menos efectivo. Pero resulta que ahora dicen que el costo de estas tarjetas se le sumará al costo de operación de los autobuseros, para trasladarle así el costo al consumidor. Otra vez, no hay incentivos para buscar mejorar la calidad del servicio, al menos que el consumidor pague más.

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Mientras se siga permitiendo que las tarifas de servicios públicos crezcan sin ningún control de costos y sin ninguna relación con la calidad, los más pobres seguirán pagando los platos rotos de la inflación.

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Luis Mesalles

Obtuvo su doctorado y maestría de Economía en The Ohio State University y su bachillerato en Economía en la Universidad de Costa Rica. Actualmente, es socio-consultor de Ecoanálisis y gerente de La Yema Dorada.

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