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Letras de cambio

Actualizado el 22 de septiembre de 2012 a las 12:00 am

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La migración de personas es un fenómeno presente en toda la historia mundial. Aunque el movimiento de personas entre países es constante en el tiempo, tiende a acrecentarse cuando hay guerras, dictaduras opresivas o crisis económicas. Está el típico ejemplo de la migración durante el siglo XVII de ingleses y holandeses a Norteamérica, huyendo de la persecución religiosa en Europa. Durante y después de las dos guerras mundiales, la migración de europeos a América también fue masiva. Y está la fuerte migración de nicaraguenses hacia nuestro país, producto de su guerra interna, la opresión de sus Gobiernos y la diferencia económica con Costa Rica.

La migración siempre provoca una transformación en el país que recibe a los migrantes. El intercambio de culturas tiende a enriquecer al país. El aprendizaje que se puede recibir de los migrantes que vienen con nuevas ideas y formas de hacer las cosas también tiende a ser muy favorable. En otros casos, el aporte de mano de obra que hacen los migrantes es vital para hacer algunos trabajos que sin ellos no se harían.

Aun así, la gente siempre tiene temores sobre posibles efectos negativos de la migración. Que el tipo de cultura, las costumbres o el aprendizaje que traen los migrantes no sea del agrado de los locales. O que la mano de obra migrante llegue a quitar puestos de trabajo a los locales. Por eso, la tendencia de la mayoría de los países es a poner regulaciones a la migración, para tratar de seleccionar el tipo de migración que se cree deseable.

En Costa Rica la migración ha sido un fenómeno constante. Somos un país de mezclas. De los indígenas nativos queda muy poco. La mayoría tenemos algo de sangre española, pero también hay mucha influencia del resto de Europa, de África y de Asia. Hoy en día, la migración más fuerte y notoria sigue siendo la nicaraguense. Aunque ya no son expulsados de su país por motivos políticos, el factor económico sigue pesando. Además, aquí son bien recibidos, ya que aportan mano de obra a sectores que de otra manera no tendrían trabajadores para hacer la faena. Hay pocos ticos dispuestos a trabajar en la cosecha de café o de azúcar, en el servicio doméstico, en la construcción, como guarda o como chofer de bus.

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Los tiempos de crisis pueden ser un buen momento para sacarle un mejor provecho a la migración. Con el alto nivel de desempleo en Europa, podría haber una excelente oportunidad para traer profesionales que refuercen la industria tecnológica y de servicios del país, así como la calidad de enseñanza en las universidades. De igual manera, y dada la calidad que se observa últimamente en el futbol tico, parece una buena idea que vengan mas jugadores extranjeros a reforzar los equipos nacionales, en lugar de estar expulsándolos.

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Luis Mesalles

Obtuvo su doctorado y maestría de Economía en The Ohio State University y su bachillerato en Economía en la Universidad de Costa Rica. Actualmente, es socio-consultor de Ecoanálisis y gerente de La Yema Dorada.

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