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Leonora Jiménez: el cuarto elemento en el kitesurfing

Actualizado el 22 de febrero de 2013 a las 12:00 am

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Leonora Jiménez: el cuarto elemento en el kitesurfing

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Aventura. Esa es una de las palabras favoritas de la modelo y empresaria tica Leonora Jiménez; de hecho, la trata de poner en práctica en cualquier faceta de su vida. Para esta mujer, aventurarse significa arriesgarse a ser sorprendido por emociones nuevas, de esas que siempre son bienvenidas en cualquier momento del día.

Coordinar su agenda no resultó tan fácil. Entre tantas cosas por hacer, entendió que esta propuesta la llevaría a practicar windsurfing , pero al acercarse la fecha y al tomar la decisión de investigar sobre este deporte, se topó con una enorme sorpresa: su espíritu aventurero sería puesto a prueba, pero en el kitesurfing .

También conocido como kiteboarding , este deporte permite deslizarse sobre las aguas, impulsado por una cometa, conocido como kite , y con una tabla estilo wakeboard , que ha sido diseñada para ese propósito. Lo que pasó por la cabeza de Jiménez fue: “Y eso, ¿cómo se logra?”.

Por si el aprender un deporte, que hasta hace unos treinta años era desconocido no fuera lo suficientemente intimidante, la modelo tuvo que hacerlo en tan solo día y medio, cuando en promedio es necesaria una semana para dar esos “primeros pasos” sobre el agua. Sin dudarlo, Leonora no lo tenía nada fácil.

“No sé si lo lograré, pero pueden estar seguros de que, al menos, lo intentaré. Creo que escogieron a la persona ideal para hacer algo como esto, porque soy tan testaruda, que no me daré por vencida tan rápido”, dijo mientras comenzaba el viaje a la cuna del kitesurfing en el país: bahía Salinas, en La Cruz de Guanacaste.

Una vez que las aguas de playa Copal le dieron la bienvenida, Jiménez empezó a ser conquistada por este deporte. Allí, de la mano de Nicola Bertoldi, su instructor y quien tiene casi 20 años de experiencia, aprendió todos los detalles que se requerían para poder volar entre el cielo y el mar.

Tierra. Las primeras tres horas de entrenamiento sirvieron para familiarizarse con el equipo. Por ejemplo, el kite es fabricado con un material impermeable y que puede medir desde 2 hasta 16 metros. Como lo importante es aprender a maniobrar la cometa y no dejarse vencer por el viento, Jiménez comenzó su práctica con un kite de dos metros.

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Según Bertoldi, esta es una disciplina que genera mucho desgaste físico, pero que sí exige concentración al maniobrar la cometa y lograr la estabilidad sobre la tabla y el agua.

“Ese deporte puede ser practicado por cualquier persona, desde niños de 10 años hasta adultos de 80 años. El único requisito es saber nadar y asistir a clases con un profesional”, dijo.

Durante este tiempo, Jiménez supo que un kite tiene una barra que dirige cuatro o cinco líneas (cuerdas) y existe una ventana de viento, que es un espacio donde la cometa puede volar y permite levantarla y bajarla para surfear y hacer acrobacias.

Viento. La seguridad es requisito indispensable para quienes apuestan por la adrenalina del kitesurfing . Por ello, conocer la dirección del viento resulta fundamental para poder salir a practicar esta disciplina; de lo contrario, se podría sufrir un accidente.

“El viento tiene que ir en dirección del mar a tierra, porque, sino, la cometa puede ser arrastrada a mar adentro. Además, esto ayuda a que el kite pueda ser maniobrado mejor”, aseguró Bertoldi.

El especialista afirmó que bahía Salinas es considerado por muchos como el lugar ideal para este deporte, debido a lo constante de los vientos, los cuales pueden llegar a alcanzar hasta los 90 kilómetros por hora.

Para Jiménez, el conocer el comportamiento del viento resultó clave para desarrollar sus destrezas en el manejo de las líneas de potencia y de dirección. Cada una de estas líneas pueden llegar a medir hasta 27 metros, y cuanto más largas sean, mayor será el impulso al navegar.

“Las ráfagas de viento son muy fuertes y sabiendo aprovecharlas, es posible disfrutar al máximo de este deporte. Contrario a lo que creí, no se requiere tanta fuerza en los brazos, porque los movimientos de la barra deben ser sutiles, porque sino la cometa cae”, dijo Jiménez.

Agua. Una vez que tenía un poco más claro el panorama, llegó el momento de tirarse al agua. Esta parte es conocida como body drag , que consiste en maniobrar la cometa dentro del mar, pero sin el uso de la tabla.

La modelo comentaba, entre explicación y explicación, que la parte técnica era más complicada de lo que esperaba, pero que lo importante era tener la capacidad de manejar y aplicar todos esos conocimientos.

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Junto a Bertoldi, bromeaban acerca de cómo se mantendría en pie en el agua, ya que ella insistía en que sus 1,80 metros de estatura la llevarían pronto a caer al mar.

En un casi abrir y cerrar de ojos, el momento de la verdad llegó para Jiménez a la mañana siguiente: tenía que demostrar que el viaje a bahía Salinas no había sido en vano, así que era ahora o nunca.

Tras ponerse un traje de neopreono y repasar algunos de los detalles de la clase anterior, la modelo tomó su tabla y entró al mar para poner en práctica todo lo aprendido. Luego de unos cuatro intentos, finalmente logró mantener el equilibrio por unos cuantos segundos.

Fuego. Fue un día y medio de lección, pero Leonora Jiménez supo sacarle provecho a esta experiencia. Su espíritu aventurero representó el fuego necesario para acercarse al kitesurf , al punto de quedar convencida de que regresaría por más.

Durante casi tres horas insistió en navegar aunque fuera por unos segundos. Sin embargo, no se dio por vencida, a pesar de que en algún momento su cometa fue arrastrada y lo frío del agua la hizo dudar de si seguir o no.

“Desconocía por completo este deporte, pero esta invitación para aventurarme me permitió descubrir un mundo nuevo y eso hay que agradecerlo. Costa Rica es un país maravilloso, que esconde actividades como estas y que nos acerca a su espectacular biodiversidad”, dijo Jiménez.

Precisamente, el practicar este deporte hizo que se reencontrara cara a cara con el Pacífico costarricense después de tres años. La empresaria expresó que el kitesurf la ayudó a considerar atreverse a hacer cosas nuevas y salir de la zona de confort.

Al igual que Bertoldi, ella coincide en que el kitesurfing es un deporte que se debe probar, al menos una vez en la vida. Estar en contacto con la tierra, el viento y el agua, el ser humano como cuarto elemento, lo convierte en una disciplina completa y que saca el fuego interior de cada persona al probar que puede lograrlo.

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Lysalex Hernández A.

lysalex.hernandez@nacion.com

Periodista de Entretenimiento y cultura

Coordinadora editorial en la Revista Teleguía de La Nación. Licenciada en Periodismo Social por la Universidad Internacional de las Américas. Escribe sobre documentales, series de TV y streaming y todo lo relacionado al mundo del entretenimiento.

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