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Labores de limpieza en la economía de EE. UU.

Actualizado el 10 de septiembre de 2012 a las 12:00 am

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El discurso de Bill Clinton en la Convención Nacional del Partido Demócrata fue una extraordinaria combinación de muy seria diligencia –¿Ha existido algún otro discurso en una convención nacional con tanto detalle respecto a las políticas?– y memorables comentarios cáusticos. Tal vez la mejor de esas puyas fue el sarcástico resumen del argumento republicano para negar al presidente Obama la reelección: “Le dejamos un desastre total. No ha hecho la limpieza con suficiente rapidez. Por eso, échenlo y póngannos de nuevo en el puesto”.

Gran comentario. ¿Pero en verdad se está limpiando el desastre?

La respuesta, argumentaría, es sí. Es probable que los próximos cuatro años sean mucho mejores que los últimos cuatro años, salvo que políticas desorientadas creen otro desastre.

Al decir esto, no estoy elaborando excusas para el pasado. El crecimiento en el empleo ha sido muy lento y el desempleo más alto de lo que debería ser, incluso tomando en cuenta el desastre que Obama heredó. De eso hablaremos más adelante. Pero, primero, veamos lo que se ha logrado.

Para el día de la toma de posesión en el 2009, la economía de los Estados Unidos enfrentaba tres problemas principales. Primero, y más urgente, había una crisis en el sistema financiero, con muchos de los canales de crédito cruciales congelados; estábamos, en realidad, sufriendo la versión del siglo XXI de las estampidas bancarias que causaron la Gran Depresión. Segundo, la economía recibía un golpe descomunal debido al colapso de la gigantesca burbuja de la vivienda. Tercero, el gasto de los consumidores era retenido por los altos niveles de deuda de los hogares, buena parte de la cual se acumuló durante la burbuja de la era Bush.

Retorna la calma. El primero de estos problemas se resolvió de manera bastante rápida, gracias tanto a las grandes cantidades de crédito de emergencia de la Reserva Federal y, sí, a los tan vilipendiados rescates bancarios. Para finales del 2009, las mediciones de la tensión financiera estaban más o menos de vuelta a lo normal.

Este retorno a la normalidad financiera no logró, sin embargo, producir una recuperación robusta. A las recuperaciones rápidas las encabeza casi siempre un auge en la vivienda y, dado el exceso de construcción de casas que tuvo lugar durante la burbuja, eso sencillamente no iba a suceder. Mientras tanto, los hogares estaban tratando (o se veían forzados por los acreedores) a pagar deuda, lo que significa una demanda deprimida. De esta forma terminó la caída libre de la economía, pero la recuperación siguió a paso de tortuga.

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Ahora bien, puede que hayan notado que al contar esta historia respecto a la decepcionante recuperación, no he mencionado ninguna de las cosas de las que los republicanos hablaron la semana antepasada en Tampa, Florida: los efectos de los impuestos altos y las regulaciones, la falta de confianza supuestamente creada por la falla de Obama en cuanto a elogiar de manera suficiente a los “creadores de empleo” (lo que yo llamo la teoría “¡Mami, me está viendo feo!” de nuestros problemas económicos.

¿Por qué la omisión? Porque no hay una hebra de evidencia para la teoría del Partido Republicano respecto a lo que aqueja a la economía estadounidense, mientras que hay mucha evidencia sólida respecto a que la falta de demanda, en gran parte debida al exceso de deuda de las familias, es el problema real.

Y aquí viene la buena noticia: las fuerzas que han estado reteniendo a la economía parece probable que se extingan en los años venideros. Los inicios de construcciones han estado a niveles extremadamente bajos durante años, por lo que el excedente en construcción de los años de la burbuja quedó en el pasado ya hace mucho tiempo y parece que la recuperación de la vivienda ya empezó.

La deuda de los hogares todavía es alta de acuerdo con los estándares históricos, pero la proporción de deuda a producto interno bruto (PIB) está muy por debajo de su punto más alto, lo que pone el escenario para una demanda más alta de los consumidores al mirar hacia adelante.

¿Y qué hay de la inversión empresarial? En verdad se ha estado recuperando rápidamente desde finales del 2009 y existe todo tipo de razones para esperar que siga aumentando conforme las empresas vean un incremento en la demanda de sus productos.

Por eso, como dije, las posibilidades son que, salvo por errores mayúsculos, los próximos cuatro años serán mucho mejores que los últimos cuatro años.

Limpiar la casa. ¿Significa esto que la política económica de los Estados Unidos ha sacado adelante una buena tarea? De ninguna manera. Bill Clinton dijo respecto a los problemas que Obama enfrentó cuando asumió la presidencia: “Nadie podía haber reparado de manera completa en solo cuatro año el daño que él encontró”. Si con eso quiere decir el excedente en la deuda, eso tiene mucho sentido.

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Pero debíamos haber puesto en efecto políticas más fuertes para mitigar el dolor mientras las familias trabajaban para rebajar su deuda, así como políticas para ayudar a reducir la deuda; sobre todo, ayuda para los propietarios de casas cuyo valor de mercado es inferior al de la hipoteca.

Las políticas que tuvimos distaban mucho de ser adecuadas. El alivio a la deuda, en particular, ha sido un descalabro y, uno podría argumentar, causado en gran parte porque la administración Obama nunca lo tomó con seriedad.

Pero, dicho eso, Obama sí logró pasar políticas –el rescate a los fabricantes de autos y la Ley de Recuperación– que hicieron de la baja algo menos pavoroso de lo que pudo haber sido. Y, pese al intento de Mitt Romney por reescribir la historia sobre el rescate, el hecho es que los republicanos se opusieron rotundamente a ambas medidas, así como a todo lo demás que el presidente ha propuesto.

Por ese motivo, Bill Clinton estaba en lo cierto: pese a todo el dolor que Estados Unidos ha sufrido mientras él ha estado al timón, Obama puede alegar con justicia que ha ayudado al país a pasar por un aro muy difícil, del cual está empezando a salir. Traducción de Gerardo Chaves para La Nación.

Paul Krugman es profesor de Economía y Asuntos Internacionales en la Universidad de Princeton y Premio Nobel de Economía del 2008.

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