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Actualizado el 27 de enero de 2013 a las 12:00 am

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Si se guardaran todos los discursos de los gobernantes del mundo, generarían la biblioteca más voluminosa e inútil de cuantas se han visto; pero por dicha, con la rápida desaparición del papel como sustrato del texto escrito, a lo sumo existirá algún día como un archivo electrónico destinado al complacer a los pocos masoquistas alfabetizados que dis-frutan de la retórica política y olvidan que el grueso de lo que se se supone dicho o escrito por los estadistas contemporáneos es tan solo una especie de bótox intelectual producido, no en laboratorios industriales sino en los escritorios de ghost writers (si se habla en inglés) o “negros” (si se dice en español). Por ejemplo, la identidad del autor de los discursos más importantes de John F. Kennedy es conocida. Preguntar quién es el ghost writer (o el “negro”) del Presidente Obama no significa en absoluto andar en busca de un juego de palabras de mal gusto.

Un periodista norteamericano comentaba hace algunas semanas que, en su primer discurso inaugural (enero de 2009), el señor Obama no mencionó al líder afroamericano Martin Luther King Jr., sin cuyo paso por la historia habría sido impensable la llegada a la presidencia de EEUU de un afroamericano. El periodista no tuvo en mente a un posible ghost writer, por lo que tampoco consideró la posibilidad de que la inexplicable omisión de Obama se debiera a que el texto fue redactado por alguien que no es afrodescendiente.

Observó, eso sí, que en el discurso de aceptación del Premio Nobel de la Paz, el Presidente Obama mencionó el nombre del mártir norteamericano de los derechos civiles en varias oportunidades, y en una de ellas citó el siguiente fragmento del discurso pronunciado por King cuando recibió el mismo Premio Nobel de la Paz en 1967: "La violencia nunca trae la paz permanente. No resuelve problema social alguno: simplemente crea otros nuevos y más complicados." Algo que, repetido por quien a partir de entonces usaría, en el ejercicio del poder, la violencia militar, debió parecer una broma empeorada por el hecho de que, para justificar el recurso permanente a la guerra, agregó -¿por iniciativa de un nuevo ghost writer?- lo siguiente: “Yo soy un testimonio vivo de la fuerza moral de la no-violencia. Yo sé que no hay nada débil, nada pasivo, nada ingenuo en las creencias ni en las vidas de Gandhi y King”.

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Curiosamente, el segundo discurso inaugural de Obama fue pronunciado el lunes 21 de enero de este año, justo el día “Feriado nacional Martin Luther King Jr.”, y en él figura solamente una oscura mención de King (así, sin el Martin y sin el Luther).

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Fernando Durán Ayanegui

Doctor en Química de la Universidad de Lovaina. Realizó otros estudios en Holanda en la universidad de Lovaina, Bélgica y Harvard. En Costa Rica se dedicó a trabajar en la política académica y llegó a ocupar el cargo de rector (1981).

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