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Juglar de la escultura

Actualizado el 18 de noviembre de 2012 a las 12:00 am

Edgar Zúñiga El notable artista ofrece una exposición de 67 obras que resumen su trayectoria

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Egar es hombre buena familia: la que ha dado creadores –como Paco Zúñiga– de obras notables en la imaginería religiosa y en las esculturas tradicional y moderna. Lo que se hereda no se hurta, y Edgar ha enriquecido el legado que recibió. Hoy podemos ver muestras de su andar de 42 años en el arte gracias a Diálogos con el espacio, exposición que el artista ofrece en la Universidad Véritas.

“Son 67 obras, entre esculturas, pinturas y maquetas”, precisa Edgar Zúñiga Jiménez y va por entre columnas, bosques de metal bajo las luces de las salas. Las obras viajan entre la figuración y la abstracción, entre la madera y la resina, entre la brevedad y el monumento.

“No me ubico en un estilo, sino que me muevo en procesos de pensamiento, y estos pueden derivar en una serie, en una obra figurativa, en un cuadro o en un boceto”, describe Zúñiga a la par de sus horcones, columnas rescatadas de casas viejas para que resuciten hechos madera de artista.

“Los horcones no son superiores ni inferiores a las columnas metálicas. Pasé de los horcones a la las columnas, y luego a la figuración humana entre columnas de metal. En realidad, no abandono una u otra técnica, sino que las alterno”, indica Edgar.

Columnas. En una sala se retuercen, se sublevan, figuras humanas de resina, aplastadas por columnas de metal o a las que levantan en un reto al reto del destino. La huella centenaria de Auguste Rodin habla aquí, desgarrada, y Zúñiga reconoce esta herencia.

Esos hombres-columnas representan dramas: el calentamiento del ambiente, la crisis económica, la desesperación. “ Cargando su destino es una metáfora de que nosotros forjamos nuestro futuro. Esfuerzo mancomunado alude a la lucha compartida. Me pondré de pie ... pese a la dificultad. Todos son planteamientos humanistas”, describe Zúñiga y añade:

“La exageración de las manos y los pies es parte del lenguaje que empleé en los años 80, y sugieren que debe haber más acción y menos divagación”, asegura. Estas obras también insinúan una lucha estética: entre la figuración y la abstracción. “He tratado de integrar estos dos lenguajes”, afirma Zúñiga, y es que, cuando talla y forja, él es un poliglota de las tres dimensiones.

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Ya en el 2008, Zúñiga había ofrecido una exposición en homenaje a Rodin. “Miguel Ángel y Rodin son artistas que han influido mucho en mí, sobre todo entre 1983 y 1987, cuando hice escultura de figuración en bronce”, indica Edgar y se acerca a cinco pinturas abstractas –como Barriada – que completan la diversidad de técnicas que aplica.

Cerca, otras columnas de metal son las más tersamente abstractas. “Aquí me refiero al ser humano a través de la abstracción. Desplazamiento es un desafío a la gravedad. Penetración dual es la unión del hombre y la mujer. Desintegración de lo perfecto señala que no hay perfección absoluta o que se deshace”, manifiesta el artista.

Maquetas. Zúñiga también utiliza herramientas desechadas para crear estructuras más pequeñas. Precisamente, Herramientas es un mensaje ambiental: obsequiar un nuevo uso a lo ya desechado.

Edgar Zúñiga acude también al mármol, en una serie de columnas cortas. “ Contracción económica data del 2088, del inicio de la crisis mundial, y su ‘cintura’ está constreñida hasta sugerir asfixia”, precisa Zúñiga. Otras piezas de esta serie de mármol son son Pasado y futuro y Metamorfosis .

La sala siguiente incluye maquetas de esculturas ejecutadas o que están en proyecto. Este es el caso del monumento que celebrará a Tomás Guardia en una esquina de la ciudad de Alajuela. “En la escultura monumentaria dedicada a personajes, trato de que haya también elementos de arte contemporáneo”, detalla Edgar.

Precisamente, la coincidencia de la escultura y el espacio público es un asunto caro al Edgar Zúñiga: “Cuando uno piensa en una obra monumental, debe conocer cuál es la sociedad que la verá, cómo será su entorno”. Añade que los arquitectos de edificios públicos deberían conversar con escultores para que, juntos, prevean cómo podría ser el la conjunción: el edificio y la escultura.

“Ahora hago la maqueta de un mural sobre la historia de Alajuela, que constará de módulos escultóricos en relieve”, describe el artista. Poco después señala la maqueta de Torbellino social , columna alegórica provista de figuras humanas en relieve, inspirada en la Columna de Trajano y en Las puertas del infierno , de Rodin.

Algunas maquetas aluden a obras que Zúñiga ya ejecutó, como dos levantadas en homenaje a los bomberos; otras creaciones están fuera del país: en México, Estados Unidos, el Vaticano, Holanda, Bélgica (en la sede de la Unión Europea), Israel, Japón, Corea...

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De paseo. La cuarta sala de la exposición brinda una antología de bocetos y esculturas de formato pequeño. Las más tempranas revelan el dominio de la figuración que Zúñiga exhibe. Algunas piezas denotan su tránsito a la abstracción ( Éxtasis ), y otras son ya plenamente abstractas. La mayor parte son obras de bronce modeladas antes en arcilla.

Para Edgar, esos estilos fueron etapas de su creación, pero ahora son formas a las que apela en cualquier momento. “Cuando ejecuto una serie de obras similares, busco otros estímulos: leer, hablar, viajar..., y al fin derivo a otro lenguaje escultórico; trato de no repetirme”, confiesa Zúñiga.

Las columnas que hoy incluyen figuras humanas de resina son una síntesis de las columnas más los seres humanos que Zúñiga esculpía en sus inicios.

Todo artista tiene un amor secreto por algunas de sus obras. Edgar se acerca a una escultura expresionista de bronce: Después de la jornada . En ella, un hombre descansa reclinado; sus piernas y sus pies son enormes, y esto lo dota de una perspectiva monumental. “Creo que es mi obra más lograda en su estilo”, señala. Rodin otra vez: ruptura del equilibrio, y sin esfuerzo.

Edgar Zúñiga es el escultor costarricense vivo de más reconocimiento en el exterior por los premios que ha ganado, por la cantidad de exposiciones en las que ha intervenido y por el número de las ciudades donde se exponen sus obras.

Son 42 años de trabajo: el camino que Edgar Zúñiga ha seguido junto a la solidez de sus criaturas imaginarias Muchas de sus obras pasean quietamente por las calles y las plazas, y este gozo de mezclarse con la gente torna a Edgar en un juglar de la escultura.

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