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José León Sánchezy el debido proceso

Actualizado el 31 de agosto de 2012 a las 12:00 am

Una necesaria aclaración sobre Hugo Porter Murillo, por respeto a su recuerdo

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La vida de José León Sánchez es la historia de un espíritu inquebrantable que desde la adversidad más profunda, condenado por el “crimen de la basílica de Los Ángeles” en 1950, logró en condiciones carcelarias infrahumanas sobreponerse a su sino y convertirse en el célebre escritor que es hoy. A sus setenta años logró también revertir aquella condena injusta, pues la Sala Tercera en 1999 le dio la razón y anuló su sentencia por violaciones al debido proceso.

Victoria también para todos los ciudadanos y para la justicia costarricense, pues el respeto absoluto al debido proceso y a las garantías constitucionales es la única ruta para combatir la delincuencia. La superioridad ética del Estado frente a la criminalidad, precisamente radica en no usar métodos ilegales para su represión.

Don José León publicó un artículo en la página 30-A de La Nación el 9 de agosto del 2012 titulado “Un juicio histórico”, donde narra su tragedia respecto de la cual nos solidarizamos con él. Sin embargo, menciona a nuestro padre y abuelo Hugo Porter Murillo, como el juez que intervino en su caso, sobre lo que se impone la necesaria aclaración por respeto a su recuerdo, a su trayectoria como servidor judicial y a lo afirmado por el propio escritor en su obra literaria.

En primer lugar, ni la resolución N° 1278-1999 de la Sala Tercera que declaró con lugar el recurso de revisión de don José León, ni en el pronunciamiento de la Sala Constitucional N° 5347-1998 donde se conoció la consulta judicial de la Sala Tercera respecto a este asunto, se establece que la violación al debido proceso detectada fuera atribuible a Hugo Porter Murillo, entonces Juez Penal de San José, ni que este debió haber anulado el interrogatorio y liberar a José León Sánchez.

La violación al debido proceso detectada por la Sala Tercera en este asunto se circunscribe a la violación al derecho de defensa que existió al impedírsele al acusado tener acceso al expediente judicial y así poder defenderse, lo que aconteció en la jurisdicción de Cartago, donde nada tenía que ver el Juez Porter Murillo. Tampoco fue él quien le sentenció.

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En segundo término, don José León Sánchez en su libro: “Tortura: el crimen de Colima” de 1993 –cuando aún vivía don Hugo– al menos en dos fragmentos habla de nuestro padre y abuelo como un juez impregnado de rectitud, que le trató con justicia y respeto. En esta obra el autor indica que no podía acoger el consejo del juez Porter Murillo de cambiar su declaración y decir la verdad por cuanto tenía razones de orden personal para no hacerlo: “...Lo que don Hugo Porter no tomaba en cuenta es que mis compañeros por el delito de la Basílica estaban también en la Penitenciaría y eso me impedía cambiar mi declaración. Si la cambiaba me mataban, y para un joven de 20 años no siempre es posible encontrar el valor para enfrentar a los cómplices más viejos...” (página 19).

De igual manera, el autor narra cómo en 1955, mientras estuvo evadido, se le endilgó la violación y muerte de una niña en San Carlos; nuevamente fue nuestro ancestro quien le tomó declaración en “La Peni” y pese a que la opinión pública le había condenado por este hecho, fue el juez Porter Murillo quien le persuadió de ejercer su defensa para finalmente resultar exonerado del hecho (véanse páginas 174 y 175).

En esa época las declaraciones se tomaban por escrito y usualmente en sede policial, de manera que existía la posibilidad –si no es que la regla– de coaccionar a los acusados para que confesasen delitos y esto luego se ponía en conocimiento de los jueces. Ahora bien, lejos de cohonestar irregularidades, nuestro padre y abuelo según lo escribió don José León en su libro, le brindó la posibilidad de cambiar esa declaración que afirma que se hizo bajo tortura, no obstante por las razones ya expuestas no pudo hacerlo. Probablemente los tres agentes que don José León alude en su artículo como los que lo habían torturado negaron la existencia de la irregularidad frente al juez. Por eso, pese a que el hecho se pudo haber dado como don José León lo relata, no se logró demostrar en sede judicial.

Don Hugo Porter Murillo perteneció a la generación de juristas patrios que impulsaron la reforma al Código Penal –1970–, la promulgación del Código de Procedimientos Penales de 1973, la creación del Organismo de Investigación Judicial, el Ministerio Público –como hoy lo conocemos–, la Defensa Pública y la reforma del Sistema Penitenciario de los años sesenta y setenta, que colocó a nuestro país a la vanguardia en la protección de los derechos humanos y en digna sede de la Corte Interamericana.

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Sin duda, pese a que el influjo de ese pensamiento ha alcanzado para proscribir el valor probatorio de las declaraciones de los acusados sin las debidas garantías y derecho de defensa, aún no existe la legislación que declare imprescriptible la indemnización de las víctimas de los errores judiciales, lo que en justicia es una deuda pendiente.

Hugo Porter Laitano. Abogado, exservidor público

Hugo A. Porter Aguilar. Juez penal

Raymond Porter Aguilar . Juez penal

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