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El otro Jesús

Actualizado el 06 de mayo de 2012 a las 12:00 am

Pontificar conclusiones de estudios bíblicos es asunto muy, pero muy delicado

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El otro Jesús

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Leyendo la obra de Luis Diego Cascante de ese título, publicada en Antanaclasis, Editores, S.A., 2011, dedicada a don Guillermo Coronado Céspedes y prologada por Antonio Piñero me vino a la mente una experiencia muy dura que viví en L´École Biblique de Jerusalén, cuando entregué mi primer esfuerzo de trabajo intelectual en esa prestigiosa institución. Me devolvieron el trabajo (léase me lo pusieron de corbata') con la observación de parte del sapientísimo P. Francois Langlament op “il faut pas se décourager”'( No hay que perder el entusiasmo') y con la observación del todavía más sabio P. Francois Paul Dreyfus op “trop faible”' (demasiado flojo')

Desde entonces supe que pontificar resultados en estudios exegéticos de la Escritura Santa es una aventura que puede costar muy cara en medios que conocen el ser y el quehacer de los estudios bíblicos. Como decía el fundador de L´École Biblique el P. Marie Joseph Lagrange op: “ La critique a vraiment mauvaise grâce á bâtir des histoires d´après des documents don´t elle a ruiné l´autorité; ce ne sont plus alors que des conjectures”. RB 12 (1903)626. (La crítica tiene mala gracia cuando construye historias a partir de documentos cuya autoridad ella misma ha arruinado; entonces no son más que conjeturas).

Observación metodológica: uno de los efectos del uso del método histórico-crítico de estudio del Nuevo Testamento desde tiempos de Bultmann (1884 – 1976), Schmidt (1891 – 1956) y Dibelius (1883 – 1947) fue el negarle carácter histórico a gran parte de las narraciones de la historia de Jesús. Es más se pensó en que más importaba la consecuencia existencial de la relación con Jesús (hermenéutica existencial) que en la historicidad de los acontecimientos olvidando que el acto de fe en Jesucristo tiene como dato constitutivo el fundamento histórico de lo acaecido en tiempos de nuestro Señor Jesucristo. Esto hizo al Card. Prosper Grech osa exclamar “allora ci sarebbe la storia della salvezza ma senza storia”' ( entonces tendríamos la historia de la salvación pero sin historia') e hizo a la “escuela española” de Studia Semitica Novi Testamenti estudiar los aramaísmos que indicarían gran antiguedad de los testimonios del Nuevo Testamento y al P. René Latourelle sj estudiar la historicidad de los milagros (Ediciones Sígueme, Salamanca 1997). Ha corrido mucha tinta desde los tiempos de los pontífices de la Formgeschichte. Por eso es atrevido pensar que la Iglesia le tiene miedo a la historicidad de Jesús (pág. 19) y decir (passim) que la distinción entre el Jesús de la historia y el Cristo de la fe, que hiciera fortuna después de su publicación por parte de Martin Kähler en 1892, es algo así como un postulado indiscutible. No es buen método utilizar las conclusiones de otros, como si fueran verdades libres de polvo y paja.

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Observación lógica: No he podido explicarme la expresión: “ Sin embargo el Lógos no es Jesús. Jesús es el lógos que se hizo carne” (pág. 18). A menos que el principio de no contradicción esté en bancarrota parece afirmarse en la segunda frase lo que se negó en la primera, y no se arregla con la afirmación siguiente: “es el Jesús en su plena humanidad” (ibíd).

Tampoco he podido explicarme las afirmaciones: “los milagros, cada uno individualmente, no son hechos históricos porque no son repetibles ni comprobables” (pág. 23). “La historia sólo trata de hechos repetibles y comprobables” (pág. 51 citando a Piñero).

No puedo imaginarme a un historiador repitiendo las gestas de Napoleón para poder hacer la historia de Francia o a algún estudiante de historia tratando de repetir para comprobar la gesta de Juan Santamaría para salir al fin de la duda sobre su existencia. Más provechosa fue la idea del P. Lagrange que intuyó que juntar “monumento y documento” podría ser una riqueza para la lectura crítica de la S.E.

Observación histórica: No he podido explicarme las expresiones “Se podría sostener otra tesis, tal vez más consistente, que Jesús era un galileo armado” (pág. 24). “Una plausible respuesta a la pregunta arriba propuesta es que las armas del grupo de Jesús formaban parte de las sustraídas por Judas años antes” (pág. 33). Para una obra que intenta ser justa con el “Jesús histórico” estas dos afirmaciones adolecen de desconocimiento de las expectativas mesiánicas en tiempo de Jesús estudiadas hondamente por Pierre Grelot y adolecen de desconocimiento del modus vivendi que habían encontrado las autoridades judías con el poderío romano sobre el que hay mucho escrito.

La descalificación histórica de los acontecimientos de la pasión (págs. 41- 51) basadas en opiniones de Piñero (citado 10 veces) podrían cotejarse con el estudio de un maestro del método histórico-crítico: Raymond Brown quien escribiera un monumental comentario sobre la Pasión del Mesías, igual que había escrito otro sobre el nacimiento del Mesías y respondió que no escribiría uno sobre la Resurrección del Mesías porque esperaba contemplarla cara a cara.

Las 26 verdades sobre Jesús de las págs. 59 – 64 además de ser en algunos puntos discutibles parecen no tener eco de las palabras anteriores que dejaban la historicidad de los documentos del siglo primero que son los Evangelios (por mucho que se discuta su datación) francamente muy mal parada. Parece cumplirse la frase del P. Lagrange que citábamos al principio.

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La frase conclusiva del apartado sobre la tumba de Jesús : “No se deben confundir la conclusiones espectaculares con el delicado proceso que conduce a una verdad hipotética” (pág. 56) nos hace preguntarnos cómo una obra que quiere ser crítica termina con esta conclusión.

La erudición sobre el papiro 7Q5 se quedó corta porque ignora la autorizada crítica a la hipótesis de O´Callaghan que publicaran en la Revue Biblique los PP Boismard, Puech y Grelot, quienes esperaron más de diez años para pronunciarse a fin de no llenar de ideología una discusión académica. El más elemental dato de crítica textual es que los grandes Unciales son del S. IV y los papiros con trozos del Nuevo Testamento son del S. II. No se ha llegado a más, aunque podamos esperar una sorpresa como la de Qumrán que nos dio textos del Antiguo Testamento quizá un milenio más antiguos que el códice de Leningrado que era el texto base de las ediciones de la Biblia hebrea y que renovó (sin revolucionar) las ediciones del texto masorético con abundantes variantes textuales que están en citas de pie de página.

Observación teológica: sin jugar de inquisidor, la descalificación de la historicidad de los acontecimientos de la vida, pasión, muerte y resurrección de nuestro Señor huelen a las herejías marcionita y apolinarista que pensaban que Jesús no era hombre. La afirmación de que Jesús no era Dios porque eso sería una construcción de la Iglesia ahíta de poder imperial y desafiada por el real Jesús que caminaba por Palestina huele a la herejía del arrianismo. Buscar al “otro Jesús” que es más hombre que Dios huele a la herejía de nestorianismo. Es decir, los creyentes no encontramos en la lectura de “El otro Jesús” la simpatía con el autor que es necesaria para una sana discusión.

Sana hermenéutica. Con solo poner juntas frases de las dos partes del Jesús de Nazaret de Benedicto XVI con la obra que comentamos caeríamos en la cuenta de que el “otro Jesús” disminuye en demasía la grandeza del que le ha dado sentido a la vida de muchos humanos y es que le faltó consultar muchas obras que hubieran ayudado (Cristología del NT de Schnackenburg; Cristo en la tradición cristiana de Aloys Grillmeier y Cristología del NT de Oscar Cullmann,para no mencionar más que tres). Además hubiera ayudado en demasía la lectura del documento de la Pontificia Comisión Bíblica sobre la interpretación de la Biblia en la Iglesia, elaborado por los maestros en el uso del método histórico-crítico en la Iglesia católica bajo la presidencia del entonces cardenal Ratzinger. Pontificar, repetimos, conclusiones de estudios bíblicos es asunto muy pero que muy delicado.

En sana hermenéutica no puede prescindirse de los orígenes vitales de los textos del Nuevo Testamento (Sitz im Leben), y el Nuevo Testamento es un documento de gente creyente que fue elaborado en la Iglesia y transmitido por la misma Iglesia, pésele a quien le pese.

Prescindir de esto tan vital es prestarle un flaco servicio a los estudios serios y críticos sobre el Sagrado Texto.

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