Archivo

Jesús de Nazaret: dogma y paradigmas

Actualizado el 25 de junio de 2012 a las 12:00 am

El libro El otro Jesús no consiste en dogmas, sino en hipótesis para comprender hechos

Archivo

Jesús de Nazaret: dogma y paradigmas

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Ha sido una costumbre generalizada tender a armonizar todos los datos que se tiene sobre la diversidad de lo real. En el caso de Jesús, el Cristo de la fe, esto ha deparado gran cantidad de discusiones –también de cristologías, en el marco de las teologías–, dependiendo de la fuente neotestamentaria (Pablo, Juan, etc.).

Dogma cristológico. La ‘confesión de fe” (ortopistis) ha configurado los cuatro estratos de la dogmática cristológica (sobre Cristo): ‘perfecto Dios’ (el ‘consustancial’ de Nicea –325 d.C.–; ‘perfecto hombre’ en san Dámaso y el primer Constantinopolitano; una hypóstasis en Éfeso) y dos naturalezas (Calcedonia en 451 d.C.). La lectura de estos estadios como ‘recta doctrina’ (ortodoxia del Magisterio), y no como ortopistis de fe’, sitúa la lectura oficial católica contra la argumentación ‘racional’ –aunque para la fe la contradicción no sea un problema–. Veamos.

Si lo que se quiere es que la doctrina sea racional, entonces habrá que seguir la pista a lo racionalmente se trató de zanjar contra los cuatro concilios referidos anteriormente. Arrio es convincente repecto de que un Absoluto que sufre no puede serlo, pues tendría límites y no sería dios. Nicea le dice que Jesús sufriente –finito– es el Absoluto –infinito–. Apolinar sostiene que el ‘perfecto Dios’ no puede ser uno con un “hombre acabado”, por el insalvable abismo ontológico entre ambos. A partir de Nicea, la Iglesia afirma que aquello de nosotros que no haya sido asumido no ha sido sanado. Nestorio asume que no se puede predicar contrarios de un mismo sujeto (principio de no-contradicción): no se puede ser dios y hombre simultáneamente, uno u otro, porque ambas naturalezas son irreductibles. Y Cirilo contestó que, si se ha de dividir sujetos (!), entonces, según las predicaciones, no podemos creer que “nuestra realidad no es ajena a Dios”.

Por último, el monofisismo insistirá (parece ser lo menos que puede esperar el hombre religioso de Dios) en que la infinitud divina debe absorber a lo finito. Réplica de Calcedonia: “Si divinidad y humanidad no son distintamente ‘dos’, nuestro ser perece en lugar de verse salvado”. En Calcedonia se confundió hypóstasis (persona) y physis (naturaleza) convirtiendo la cristología en una especie de ontología –propia de los sabios atenienses– [y en una “pastilla catequética” (González Faus)] en lugar de ser una soteriología; del Jesús Palabra al Jesús “una persona y dos naturalezas”. Calcedonia no habla de la resurrección: o Calcedonia no es toda la cristología o la resurrección es accidental; invisibiliza lo pneumático, es decir, desatiende la dimensión histórica del cristianismo; al nivelar al Jesús prepascual y al resucitado, cierra las puertas a una teología de la cruz, que lleve a la jerarquía a ser esencialmente ‘doularquía’ (‘servidora’ y no dominadora); la fórmula carece de dimensión colectiva o, como dice santa Teresa de Jesús, no hay “entre Dios y yo”, esto es, desatiende la relación entre Dios y la creación entera... Fe o razón, pero no las dos.

PUBLICIDAD

La Escritura. Dado el volumen de información, me limito a indicar algunas ideas (desarrolladas en luisdiegocascante.wordpress.com ). Se ha pretendido hacer coincidir las profecías del AT con los sucesos acaecidos en el NT sobre Jesús, insinuando de manera críptica todo lo que sucedería en el NT. Es más, Pablo de Tarso –ni conoció a Jesús ni fue apóstol–, el ideólogo del cristianismo, asegura que Jesús resucitó “según las Escrituras”, pero no se atreve a citar ninguna. El mesianismo judío es triunfante porque es político; en cambio, se propuso un mesianismo sufriente, inaudito y novísimo, teológico, es decir, para expiar las culpas de la humanidad. De esto surge la grave confusión entre Reino e Iglesia, que no son lo mismo, aunque la Iglesia haya pretendido salvar las distancias.

Dada la inminencia del Reino mesiánico de Dios –de lo que se sigue la pobreza material y el sin sentido de acumular– iniciada por el mismo Jesús, este no fundó iglesia alguna, ni instituyó sacramento alguno. El Reino no tiene que ver con ninguna institución, ni con un reinado del corazón, sino que es un Reino esperado, constituido en poder (la teocracia del pueblo elegido, Israel). La tensión entre lo esperado y lo sucedido (Mc 13,36; Lc 21,34) por el Jesús judío, hijo de su época y de las categorías de pensamiento que conoció y en las que creció, se resuelve ineludiblemente.

Los elementos históricos y linguísticos, al ser explorados, dejan la duda de que Jesús aspirara a ser el Mesías, tampoco fue fariseo, ni esenio, ni zelote, ni gnóstico, pero sí un taumaturgo de Galilea. Jesús tiene una incomparable superioridad. Fue un original intérprete de la ley mosaica, hizo una sugerente propuesta ética, tuvo un profundo celo por su Dios –su judaísmo es requisito para seguirle– y un gran amor, a los suyos, los judíos. Sus compañeros de mesa eran los pecadores, y los despreciados recaudadores de impuestos y las prostitutas, sus amigos. Fue condenado a muerte agravada en cruz por sedición, como reza punzantemente la inscripción (INRI) en el madero y en el entendido de que Roma no condenaba a judíos desarmados. Hay mucho más...

PUBLICIDAD

Límites y alcances del conocimiento. Mis resultados no tienen valor de Verdad (dogma), sino que consisten en una hipótesis que trata los hechos –me parece– mejor que otras hipótesis (paradigmas, en sentido kuhniano). Mantengo el valor hipotético de mis conclusiones –¿también los creyentes hacen lo mismo con sus verdades?–. Pero si todos, incluidos el presbítero Víctor Hugo Munguía y el franciscano Víctor Manuel Mora, estamos hablando de paradigmas científicos, entonces los resultados sobre Jesús son ‘falseables’, ‘refutables’ siempre, para que el conocimiento progrese.

Para la investigación histórica, Jesús fue un ser humano, nada más. Este es el otro Jesús.

  • Comparta este artículo
Archivo

Jesús de Nazaret: dogma y paradigmas

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Ver comentarios
Regresar a la nota